Por: Marco Fidel Ramírez
Iván Cepeda resultó, al igual que su amo Gustavo Petro, mal perdedor y aún más fantoche que él. Tomó prestada de Google la definición de “fantoche’’, para justificar el adjetivo que ahora tiene más que merecido el siniestro candidato perdedor de las recientes elecciones presidenciales. “El término fantoche alude principalmente a una persona que por su aspecto estrafalario o sus actos ridículos, resulta grotesca o carece de seriedad, en el lenguaje coloquial también se utiliza como adjetivo despectivo para referirse a alguien presumido, vanidoso y fanfarrón’’.
Justamente esas palabras contundentes le calzan muy bien al presidente saliente y también a su favorito derrotado al que pretendía heredarle el poder. Presumidos porque ambos exhiben una falsa sapiencia, atea e izquierdista con la cual han engañado por años, a punta de discursos falaces, promesas populistas y subsidios irresponsables a la mitad del electorado colombiano. Bien engreído Petro, cínicamente posando de promiscuo playboy tropical, salvador del planeta tierra y creyéndose la mismísima reencarnación de Simón Bolívar en el siglo XXI.
Bien vanidoso autoproclamandose como “irresistible’’, y bien estrafalario luciendo de blanco resplandeciente el día de las elecciones, a manera de mesías comunista, supuestamente limpio y claro, y eso sí con sus enormes lentes oscuros para esconder el rojizo sospechoso de sus ojos y su malvada mirada que para nada disimula la oscuridad de su alma.
Pero Iván Cepeda no se le ha quedado atrás, su acomodaticio criterio democratico lo ha llevado a creerse el genuino jefe de la oposición y a pensar que su votación le ha otorgado el derecho de cogobernar con el presidente De La Espriella, democráticamente elegido por casi 13 millones de colombianos. Olvida el perdedor Cepeda que en democracia se gana o se pierde una elección presidencial, hasta por un solo voto.
Pero lo de Cepeda, con su delirante declaración de “desobediencia civil’’ frente al nuevo gobierno, ya es la tapa. Ha dicho públicamente que no obedeceran las órdenes del nuevo presidente de los colombianos y que seguirán con el cuento de que “vamos por los derechos’’, pero como siempre olvidándose de los deberes y las responsabilidades que nos atañen a todos los ciudadanos. Las condiciones estrafalarias que ha divulgado Cepeda como requisitos para reconocer al presidente De La Espriella, trascienden las fronteras del delirio y caen en el escenario del desconocimiento de la Constitución y la institucionalidad.
Petro y Cepeda, presumidos, vanidosos y estrafalarios, creen que podrán seguir haciendo de las suyas e imponiendo sus locuras a la brava. Pero están muy equivocados pues la era del “tigre’’ ha comenzado y ante la misma no hay “jaguares’’ ni mamertos resentidos que valgan. La ley y el orden han regresado y la democracia ha sido salvada, por la gracia de Dios y con la ayuda del voto cristiano. Se acaba el reinado de los avispados, los aprovechados y los degenerados, y llega el gobierno de la responsabilidad, de la mayordomía, de la defensa de la vida, la familia y los valores patrios.
Y en la tarea de reconstruir el país, que Petro y sus compinches han asaltado, arruinado y postrado, todos debemos colaborar con mucho entusiasmo, diligente trabajo, gran sacrificio, buena voluntad y mucha fe en nuestro buen Dios, que sin lugar a dudas nos ayudará y nos bendecirá. Que se vayan bien lejos los fantoches izquierdistas y con sus berrinches a otra parte, y que Colombia entienda de una vez por todas, que con la izquierda en la presidencia ¡nunca más!




