El apartamento “en impecable estado” que se pudría por dentro: la estafa inmobiliaria de Facebook que se esconde detrás del nombre de Afiancol y de Juan David Monsalve

Una inmobiliaria fantasma que opera desde Facebook, sin más vitrina que una cuenta y dos celulares, ofreció en Bogotá un apartamento “en buen estado” respaldado por el sello de Afiancol. La familia que lo arrendó entregó $2.015.000 en efectivo, sin recibo, a Juan David Monsalve, quien se presenta como dueño de “David Tiene Las Llaves”. Al abrir la puerta se encontró con un inmueble podrido, húmedo, oxidado e inservible. Hoy le exigen cumplir el contrato. Esto es una alerta para quienes buscan arriendo en redes: no caigan.


Todo parecía pulcro, formal y seguro. El anuncio en Facebook mostraba un apartamento luminoso, limpio y habitable en el occidente de la ciudad. El contrato llegó por correo, en un formato con el sello de Afiancol, una de las afianzadoras más reconocidas y prestigiosas del mercado de arrendamientos en Colombia.

Para una familia que buscaba un techo digno, ese nombre era la garantía definitiva: si una empresa de esa envergadura respaldaba el negocio, no había de qué preocuparse. Ese sello de confianza se usó como carnada.


Detrás del anuncio estaba “David Tiene Las Llaves”, una inmobiliaria sin oficina visible, sin página web profesional y sin más presencia que una cuenta de Facebook y dos números de celular: el 313 490 0195 y el 300 372 2093. Al frente está Juan David Monsalve, quien se presenta como su propietario.


El 15 de octubre la familia firmó electrónicamente el contrato sin haber visto el apartamento en persona. Ese mismo día entregó a Monsalve $2.015.000 en efectivo: $1.550.000 del primer mes de arriendo y $465.000 por unos “derechos del contrato” que nadie explicó. Monsalve no entregó recibo, pese a que el propio contrato establece que los pagos se hacen por consignación bancaria. Cobrar en efectivo, sin comprobante, es una señal de alarma que nunca debió ignorarse.


Lo que había detrás de la puerta.

Lo primero fue el olor. Un hedor a humedad, a moho, a madera podrida que, según la familia, salía de las paredes, de los clósets, de las alacenas, de todos los rincones. Después vinieron los marcos de las puertas, hinchados, deshechos y convertidos en una pasta café que se desmorona al tacto.

Había óxido en los clósets y en las alacenas. Las paredes tenían grietas, pintura levantada y resanes a medio hacer. En una habitación había un hueco abierto en la pared con los cables eléctricos expuestos al lado del tomacorriente. El apartamento era más pequeño de lo que dejaba ver el anuncio.


“Nos ofrecieron un apartamento en buen estado, firmamos un contrato por un apartamento en buen estado y nos entregaron un apartamento podrido, lleno de humedad y de óxido, totalmente inservible”, dice la familia. “Para nosotros esto es una estafa. Nos exigen cumplir un contrato que ellos fueron los primeros en incumplir”.


El video que grabaron ellos mismos
Lo más revelador es que la inmobiliaria sabía perfectamente lo que estaba ofreciendo. El funcionario que mostró el apartamento grabó un video del recorrido de casi cinco minutos, y en esas imágenes aparece todo: los marcos podridos, las paredes agrietadas, el hueco con los cables a la vista. Aun así, el inmueble se ofreció como apto para vivir y se cobró por adelantado, en efectivo y sin recibo.


Hay cosas que el video no alcanza a capturar: el óxido de los clósets, la madera podrida en otros rincones y, sobre todo, el olor. “Uno entra y lo siente de inmediato. Nadie puede vivir así”, afirma la familia.


Arreglos en lugar de devolver el dinero
La familia no firmó acta de entrega ni inventario y nunca llevó un solo mueble. Esa misma tarde envió una carta al propietario y a la inmobiliaria, con copia a Afiancol, en la que da por terminado el contrato con justa causa y exige la devolución de su dinero. La respuesta, relata, ha sido la promesa de unos arreglos para que se quede.


“Cuando uno ofrece un apartamento, tiene que estar bueno desde el principio”, insiste la familia. “No se puede engañar a una persona para que firme y después prometerle que le van a arreglar lo que está podrido. Eso no se soluciona con una mano de pintura”.
La ley parece estar de su lado. El artículo 8 de la Ley 820 de 2003 obliga a quien arrienda una vivienda a entregarla “en buen estado de servicio, seguridad y sanidad”. Esa obligación rige desde el día de la entrega, no a partir de una reparación futura. El Código Civil permite al arrendatario terminar el contrato cuando el mal estado del inmueble impide usarlo para lo que fue arrendado.


El peso de un nombre


¿Y Afiancol? Su papel es respaldar al propietario en caso de que el inquilino no pague, no inspeccionar los apartamentos. Pero su nombre fue lo que le dio a este negocio una apariencia de seriedad y formalidad que, a juicio de la familia, nunca tuvo. Según el contrato de fianza, la remuneración de Afiancol corre por cuenta del arrendador. Aun así, a la familia le cobraron $465.000 en efectivo por “derechos del contrato”.


La familia le escribió a la compañía para informarle lo ocurrido y pedirle que no respalde el cobro de un contrato que, en su opinión, se incumplió desde el primer día. Ahora se pregunta hasta qué punto una empresa de esa reputación sabe quiénes usan su nombre para cerrar negocios.


El Expediente envió a Juan David Monsalve un cuestionario sobre la existencia legal de su inmobiliaria, su relación con Afiancol, el contenido del anuncio, el estado del inmueble y el destino del dinero recibido. Al cierre de esta edición, Monsalve no había respondido. Lo mismo ocurrió con el propietario y con Afiancol.


Mientras tanto, la familia sigue esperando sus $2.015.000. Si no los recibe, dice que acudirá a conciliación y, de ser necesario, a los jueces.


Alerta para quienes buscan arriendo en redes sociales: un logo conocido en un contrato no reemplaza ver el apartamento con sus propios ojos. Ningún pago en efectivo debe hacerse sin un recibo de por medio.

Desconfíen de inmobiliarias que solo existen en Facebook, que cobran “derechos” en efectivo y que usan el nombre de empresas grandes para dar confianza. Esta familia pagó por un techo digno y recibió un apartamento podrido. No caigan en la misma trampa.
Unidad de Investigación | El Expediente

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