Gilinski agradece ‘la confianza’ de una presidenta que fue la segunda de Maduro y cierra negocio para quedarse con un campo petrolero del Orinoco

Por: El Expediente

Jaime Gilinski, el empresario más rico de Colombia según Bloomberg, firmó en septiembre un contrato de 25 años con el gobierno venezolano para explotar petróleo en el campo Bare, en el Orinoco. Pocas horas después, según la agencia, entregó ese contrato a una petrolera que cotiza en la bolsa de Nueva York, GeoPark, y a cambio recibió acciones de la empresa por unos 515 millones de dólares. Con ellas, se convierte en su dueño mayoritario. Bloomberg publicó la reconstrucción el 9 de octubre con base en documentos oficiales y fuentes cercanas al negocio. Gilinski no quiso hacer comentarios.

La jugada es sencilla de contar. En marzo, Gilinski compró cerca de una quinta parte de GeoPark. Luego consiguió en Caracas el derecho a explotar un campo petrolero. Después se lo pasó a GeoPark a cambio de que esta le entregara 42,1 millones de acciones nuevas, a 12,22 dólares cada una. No recibió dinero en efectivo: recibió propiedad sobre la empresa. Con esos papeles, el Grupo Gilinski tendría alrededor del 56 % de GeoPark, y hasta el 58 % si se aplica un ajuste previsto en el acuerdo. Según Bloomberg, el empresario puso muy poco dinero al comienzo. La empresa informó que la operación fue aprobada por su junta directiva, con la abstención de tres directores ligados al grupo: Gabriel Gilinski, Dorita Gilinski y Camilo Martínez.

Esta jugada no empezó en septiembre. Cuando los Gilinski entraron a GeoPark en marzo, comprando cerca de una quinta parte de la empresa a 8,31 dólares por acción, Gabriel Gilinski ya había dicho en La FM que la mayor oportunidad de la compañía estaba en Venezuela. Como informó este medio en julio, esa compra sirvió además de blindaje frente a una oferta no solicitada de Parex Resources por 9 dólares por acción, y para entonces no había ningún activo venezolano a la vista. Seis meses después, el grupo emite acciones a 12,22 dólares para quedarse con el control. La razón es que GeoPark depende en Colombia de los Llanos y tiene activos marginales en el Putumayo, y Bare podría multiplicar por casi tres su producción para 2029 o 2030. La entrevista de marzo anticipó lo que hoy se firmó en Caracas.

¿Qué hay en el campo? Bare es un yacimiento de petróleo pesado, un crudo tan espeso que parece asfalto y que no se puede transportar sin mezclarlo con otro producto más liviano. Tiene unos 15.700 millones de barriles de petróleo en el subsuelo, de los cuales hoy se saca una parte pequeña: cerca de 11.000 barriles diarios. GeoPark quiere llevar esa cifra a entre 85.000 y 95.000. Para lograrlo pagará todas las inversiones y se quedará con el 65 % del beneficio económico. El resto es de PDVSA, la petrolera estatal de Venezuela. Aún negocia con ella cómo conseguir el producto con el que se diluye el crudo para poder moverlo. El contrato tiene un plazo de 120 días, hasta diciembre, para cumplir sus condiciones, entre ellas las de las sanciones internacionales. Si no se cumplen, el negocio se cae.

El giro estratégico de los Gilinski: la apuesta petrolera que marcará su próximo cuatrienio

Esas sanciones son la clave de por qué esto no pudo hacerse antes. Estados Unidos castigó durante años a Venezuela y prohibió a muchas empresas hacer negocios con su petróleo. Todo cambió en enero, cuando tropas estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro. El Tribunal Supremo de Venezuela puso en su lugar a Delcy Rodríguez, su vicepresidenta, como presidenta encargada. Washington empezó a aflojar las restricciones por etapas: en marzo permitió a empresas explotar e importar crudo venezolano, y en abril retiró las sanciones contra la propia Rodríguez. La Asamblea Nacional venezolana reformó el 29 de enero la ley de hidrocarburos para atraer capital extranjero.

En ese nuevo escenario, la familia Gilinski se movió rápido. Según Bloomberg, Gabriel Gilinski, hijo de Jaime, se reunió con Rodríguez en marzo y ha viajado a Caracas más de diez veces desde entonces. También fue a Washington a pedir una exención ante la OFAC, la oficina del Tesoro estadounidense que vigila las sanciones, y la obtuvo con rapidez. El 4 de septiembre, en una ceremonia transmitida por la televisión estatal venezolana, Jaime Gilinski le dijo a Rodríguez: «Señora presidenta, gracias por su confianza». Agregó que el acuerdo no era solo comercial, sino una muestra de fe en la reconstrucción de Venezuela.

Conviene mirar quién estaba al otro lado de la mesa. Delcy Rodríguez fue durante años la segunda de Maduro. Según Foro Penal, en enero había más de 480 presos políticos en el país. La misión de la ONU sobre Venezuela documentó en marzo al menos 87 detenciones por razones políticas desde que ella asumió. La ley de amnistía aprobada en febrero fue calificada de restrictiva por organizaciones y opositores. Bloomberg, además, describe como opaco el sistema con el que Venezuela entrega sus campos petroleros. Con ese panorama, la pregunta que queda es por qué ese gobierno eligió a esta familia y qué se le pidió a cambio, algo que ninguna de las dos partes ha explicado.

El grupo ya tenía presencia en el país por otra vía. Nutresa, la mayor empresa de alimentos de la región, que Gilinski preside tras la compra que hizo en 2025, ya vendía productos en Venezuela y dijo en mayo que el mercado venezolano sería una de sus prioridades del año. Sus utilidades allí en 2025 fueron de 14 millones de dólares. Lo de Bare es de otra escala: acciones por 515 millones de dólares y el control de un campo petrolero. No se conoce otro negocio de ese tamaño del grupo en el país.

No es el único que llegó. Chevron y Repsol nunca se fueron. Pacific Coast Energy opera dos bloques de crudo pesado, el cofundador de Coinbase, Fred Ehrsam, firmó acuerdos propios y el venezolano Alejandro Betancourt amplía su presencia. ExxonMobil dijo en enero que Venezuela no era apta para la inversión, y esta semana envió representantes a una conferencia de petróleo en Caracas.

La historia de Gilinski con el poder también tiene un capítulo colombiano. Sudameris, el banco del grupo, aparece en los reportes de campaña de Gustavo Petro como acreedor: un préstamo de 5.000 millones de pesos en 2018 y créditos de entre 3.984 y 5.000 millones en 2022, según el corte del reporte, que se pagan con la devolución de dinero que hace el Estado a las campañas con buenos resultados. No son donaciones, y otros candidatos recibieron créditos de otros bancos. En marzo de 2025 Petro le entregó a Gilinski el premio de Empresario del Año.

Falta ver si el crudo sale, si llega el producto para diluirlo y si se cumplen las condiciones antes de diciembre. GeoPark dice que el negocio beneficia a sus accionistas, con unos 160 millones de dólares de valor creado, cerca de 1,50 dólares por acción. Bloomberg calcula la fortuna de Gilinski en 40.000 millones de dólares; Forbes, en 17.200 millones. Lo que no cambia es el fondo del asunto: una familia colombiana hizo su apuesta más grande en Venezuela con un gobierno que heredó el poder de Maduro, y lo hizo en cuestión de meses.

El vínculo de la familia con el poder no se limita a los negocios. El 2 de octubre, el canciller Omar Bula posesionó a Tania Gilinski Bacal, hermana de Jaime Gilinski, como embajadora de Colombia en Israel, designada por el gobierno de Abelardo de la Espriella, que busca restablecer las relaciones que rompió el de Gustavo Petro. La Cancillería destacó su trayectoria en medios, empresas de consumo y tecnología, y su maestría en Stanford. No es una novedad en la familia: su padre, Isaac Gilinski, fue embajador en Israel entre 2010 y 2013, y su tío Lazar Gilinski lo fue entre 1986 y 1989

El proyecto inmobiliario más audaz del mundo

Salir de la versión móvil