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Crimen de estado por acusación y omisión

por El Expediente
junio 12, 2025
en Opinión
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¿Serán indígenas?
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Por: Fernando Álvarez

El tiro de gracia que pretendían darle los autores intelectuales del atentado a la carrera política del candidato de oposición Miguel Uribe Turbay puede haberse convertido en el tiro por la culata de sus enemigos ideológicos y de sus contradictores fanáticos de los aspirantes izquierdistas por la presidencia de Colombia en el 2026. La acción de los violentos y la omisión del gobierno en materia de seguridad pueden haberlo catapultado como el más firme opositor del presidente Gustavo Petro y el más opcionado contendor, por efecto reflejo electoral, del que diga Petro.

Miguel Uribe es un arrojado joven que tempranamente optó por la lucha política forzado por haber sido victima infantil de la violencia política en Colombia. La acción criminal contra su madre, la periodista Diana Turbay, que comenzó con el secuestro ordenado por Pablo Escobar y terminó con el desenlace fatal en un intento de rescate fallido por una decisión torpe de las Fuerzas militares, lo maduraron biche y lo arrojaron a la acción política desde su pubertad. Su vehemencia contra la extrema izquierda y su valentía frente a los violentos lo habían colocado en la mira de quienes hoy quieren perpetuarse en el poder recurriendo a todas las formas de lucha.

El hijo de Diana Turbay es nieto además de Julio Cesar Turbay Ayala, quien fuera el presidente colombiano durante las épocas más violentas del grupo guerrillero M 19, en el que nació políticamente el actual presidente de Colombia. Expresidente que pasara a la historia redactada por la intelectualidad izquierdista como el símbolo de la represión contra la subversión cuando los terroristas del M 19 asaltaron las instalaciones militares del Cantón Norte y le robaron por medio de un túnel 5.000 fusiles al Ejercito colombiano. Esta condición familiar fue objeto permanente de los ataques y señalamientos por parte del presidente Petro, hasta el punto de que en su lecho de moribundo tuvo que escuchar el desprecio y la saña de Petro con el apellido Turbay, al que en medio de algún tipo de sollis estigmatizó por su supuesto origen árabe.

El odio de Petro a Turbay es un odio de clase fomentado reiterativamente por la izquierda desde hace casi medio siglo. Y Petro no ha escatimado esfuerzos para dejarlo ver cada vez que habla de fascistas y nazis de los que supuestamente vino a liberar a los colombianos. Le ha aplicado a Miguel Uribe delitos de consanguinidad porque durante el gobierno de su abuelo se estableció el famoso Estatuto de Seguridad que permitió excesos a los militares y torturas a miembros del M 19 en reacción descomunal a la afrenta del robo de las armas y el desafío a las instituciones protagonizado por el grupo terrorista que se robó la espada de Bolívar.

La misma que hoy esgrime amenazante el presidente Petro en la plaza pública para hacer sus llamados beligerantes a borrar a los políticos que se oponen a sus acciones politiqueras disfrazadas de reformas. Y para completar, Miguel Uribe también tiene el apellido que más odia la izquierda desde el ejercicio del gobierno del expresidente Alvaro Uribe Vélez, quien redujo sustancialmente la supremacía guerrillera y debilitó las estructuras violentas de las FARC, el ELN y algunos reductos del M 19 incrustados incluso en grupos paramilitares. Uribe es un apellido que simboliza la derecha que golpeó contundentemente a la extrema izquierda que para Petro significa fascismo y nazismo, además de haberlo convertido permanentemente en blanco de sus ataques por ser los representantes de la clase esclavista, opresora y explotadora de los pobres.

No se necesita dar la orden para que los perros rabiosos muerdan, basta con soltar las amarras y señalarles el tramojo para que estos se lancen desaforadamente a acabar con su víctima. Petro no es responsable por dar la orden de matar a Miguel Uribe, pero sí es responsable de azuzar sus primeras líneas y sus barras bravas con sus acusaciones calumniosas y provocadoras. Petro y los petristas son responsables de radicalizar la confrontación política e ideológica, que es la sombrilla bajo la cual se inspiran los asesinos que han intentado eliminar o borrar del mapa a Miguel Uribe. Petro invita a la acción con sus acusaciones. Es responsable por acusación.

Y aunque el joven candidato abaleado no es que se haya destacado como un tribuno popular o un gran líder de masas, si ha sido un parlamentario fogoso a la hora de enfrentar el populismo y la corrupción del actual gobierno en el Congreso. Y en medio de cierta orfandad en las filas del Centro Democrático no es difícil descartar que los enemigos del uribismo con algún criterio machista que teme la mano dura piensen que Miguel Uribe pueda resultar el palo del grupo liderado por el expresidente Alvaro Uribe, con lo cual lo vuelven objetivo de los violentos izquierdistas, de los que quieren generar el caos preelectoral y de los radicales que quieren que Petro se perpetúe.

Lo cierto es que una vez Miguel Uribe Turbay supere este impasse cuasi mortal saldrá cualificado y aumentará su talante de hombre público, habrá concitado la solidaridad de ese país que no quiere que se impongan los violentos y de la clase política que empieza a comprender que los ánimos caldeados solo contribuyen a alimentar el espiral de la violencia, pero sobretodo por tratarse una victima revictimizada por parte de los grupos al margen de la ley se habrán volcado los ojos de la opinión pública que comenzarán a observar con más detalles sus posturas y a analizar con más juicio sus decisiones, con lo cual se habrá visibilizado mucho más y seguro descubrirán su nueva talla de estadista.

Y si se mira la tendencia trágica de Colombia en la que Andrés Pastrana resultó elegido alcalde después de haber sido secuestrado por Pablo Escobar y Ernesto Samper fue elegido después de haber sobrevivido a un atentado de Los Extraditables, un Miguel Uribe supérstite puede haber adquirido por designios de la vida un escalafón preponderante en la derecha y puede terminar fácilmente en que sea el que diga Uribe, con lo cual el atentado en su contra sufriría exactamente el efecto contrario. Su candidatura podrá convocar nuevamente las palomas de la paz y las palomas, paolas y mariafernandas se constituirán en tres granitos de arena en un país de salidas mediáticas y pendulares.

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