Por: Fernando Álvarez
Opina Daniel Coronell en su nota “Los infladores” que el responsable de que Abelardo de la Espriella se mantenga arriba en las encuestas es el presidente Gustavo Petro. A simple vista esta frase parece una perogrullada, pero tiene su veneno. Aunque le asiste razón porque es obvio que la errática gestión del gobierno sea el principal sustrato para que su más vehemente opositor gane simpatías e intenciones de voto y en contra del heredero.
Sin embargo, el famoso comentarista dueño de NTC, aquel Noticiero montado con dineros oscuros, testaferros del Cartel de Cali y narcos extraditados, no lo dice como un reconocimiento a la gesta electoral de El Tigre, sino como un nuevo intento de demeritar a De la Espriella, a quien ve como su nuevo peor enemigo.
En un burdo birlibirloque para tratar de negar el fervor creciente de los seguidores de El Tigre y desconocer la voluntad popular que desde hace seis meses se inclina a favor del que muestra más garras para derrotar el populismo izquierdista, Coronell saca de la manga que los golpes bajos de Petro a De la Espriella son una estrategia para inflarlo en encuestas y lograr que pase la primera vuelta ya que, según esta peregrina tesis, la llave Petro-Cepeda prefiere que El Tigre Abelardo sea el rival a derrotar en la segunda.
Extraños malabarismos estadísticos que parten de creer que con sus escritos logrará que la gente llegue al exabrupto de creer que el triunfo del candidato de la oposición que puntea en las encuestas garantizaría la victoria del continuismo mamerto. Algebra electoral que contradice la emoción de los votantes y las tendencias de los electores decepcionados. Resulta un poco traído de los cabellos el concepto según el cual el opositor fuerte tiene como norte la derrota y el débil el triunfo.
El Tigre lidera las encuestas porque los colombianos se hartaron del gobierno corrupto de Gustavo Petro y por ende rechazan a su heredero, Iván Cepeda. La cuadratura del circulo según esta salida por la tangente indicaría que Abelardo pierde ganando y que cualquier zapato ganaría perdiendo.
Razón por la que Coronell hace venias sobreactuadas a la lógica matemática del profesor Sergio Fajardo de creer que no asistir a consultas y no marcar en encuestas daría una variable hipotenusa resultante de triunfo electoral. Coronell pretende ser una especie de influencer pero se equivoca de cabo a rabo.
No sabe que la opinión publica no es la opinión públicada y menos sí quien opina tiene marcados sesgos, como es su caso. Este comentarista filomamerto no oculta su batalla ideológica. Durante la mayor parte de su ejercicio profesional ha hecho causa común con Iván Cepeda en su enfermizo propósito de llevar a la cárcel al expresidente Alvaro Uribe.
Esto en cualquier país decente lo impediría como analista objetivo o informador imparcial, por lo cual sus indicaciones con tinte de predicciones y malos cálculos riñen de plano con los sueños de quienes le apuestan a un liderazgo contundente contra el M19 y la izquierda, contra las afinidades con las FARC y el ELN y contra el populismo. Así como El Tigre Abelardo marca en las encuestas porque está jugado en paro contra el petrismo y su candidato Iván Cepeda, Coronell solo será escuchado por sus áulicos y por algunos seguidores petristas porque su obsesión de frenar a como dé lugar a El Tigre De la Espriella lo deja marcado como pro Cepeda. Y tendrá muy poco eco en el resto de la población que sabe que el periodista juega con las cartas marcadas.
Su furibundo antiuribismo se ha traslapado a De La Espriella porque sabe que con un gobierno de El Tigre se acabaría la guachafita de la contratocracia y de la mermelada gubernamental de la que viven algunos medios afines al poder, que hacen periodismo militante disfrazado de progresismo y pluralidad informativa. Este informador cargado de tigre ha hecho hasta lo imposible por parar el rugido de El Tigre. Se ha dedicado a buscar en las cárceles testimonios falsos contra Abelardo y no halla la hora en que pueda poner a cantar a Alex Saab con cualquiera de sus fantasías. Sabe que las mentiras sirven en épocas electorales y que sí luego toca desmentir será cuando hayan pasado las elecciones.
Ha tratado de sacarle las castañas del fuego a Roy Barreras después de su chamuscada en la consulta para inflarlo en el espectro del centro. Ha intentado revivir cadáveres políticos como la exalcalde Claudia López y le ha puesto toda clase de tanques de oxigeno a Sergio Fajardo con tal de que sintonice con su frase de que prefieren votar por un zapato que por El Tigre Abelardo de la Espriella.Ha entrevistado analistas de encuestas para intentar demostrar que las que favorecen a Abelardo han formulado mal sus preguntas o han escogido mal sus nichos. Todo para manipular la realidad y tratar de vender la idea que el fenómeno de De la Espriella es flor de un dia.
Como obsesivo compulsivo contra Uribe y lo que le parezca uribista el flamante cuasi narcoperiodista ha recurrido incluso a darle espacio en los medios en donde ejerce influencia a brujos y astrólogos para inventar teorías por las cuales los astros no podrían estar alineados con El Tigre. Pero se equivoca Coronell porque hoy en día sus trapisondas informativas no ponen presidente y más bien con sus posturas maniacas lo que logra es que la gente vote por el que no dice Daniel Coronell.
Se equivoca el padre del periodismo silogístico y acusador a base de premisas falsas porque los electores que quieren a Abelardo son los papás de los jóvenes que terminan alienados por la perorata izquierdista. Los que trabajan para que sus hijos vayan a la universidad a ser adoctrinados por el Socialismo del Siglo XXI y por los nostálgicos del M19.
Los que votan por El Tigre son los escépticos con la clase política y ahora sienten repugnancia por los falsos profetas que rezan el discurso a favor de los pobres, pero aplican las prácticas pecadoras a favor de los nuevos ladrones de cuello gris. Los que votan por El Tigre son los que nunca han aceptado a los de siempre. Los que han protestado absteniéndose de votar, pero que ahora saben que el no voto cuenta a favor de los de siempre o a favor de la nueva clase política mamerta y corrupta.




