Por: Fernando Álvarez
Sí hay que desmembrar los ejércitos de las FARC y del ELN. Sí hay que desentrañar el contubernio entre zurdos y delincuentes. Sí hay que desgarrar la alianza de la guerrilla con el narcotráfico. Sí hay que despanzurrar el pacto de la izquierda y la parapolítica. Sí hay que eliminar las bandas criminales insurgentes. Sí hay que abatir los negocios ilegales de guerrilleros y paramilitares. Sí hay que despachurrar los planes de la extrema izquierda.
Sí hay que eviscerar la corrupción mamerta. Sí hay que desventrar la narrativa terrorista del M19. Sí hay que reventar el cinismo del Pacto Histórico. Sí hay que aniquilar el relato comunista del odio de clase. Sí, sin ningún rubor ni complejo de derecha, llegó la hora de aplastar los propósitos del izquierdismo en Colombia.
Sí hay que ser categórico porque la lucha contra los que quieren llevar al país por la ruta venezolana o por el despeñadero de la agenda woke no puede ser a medias tintas. Quienes subestiman el peligro que se cierne sobre Colombia allanan el camino para que llegue al poder Iván Cepeda, el heredero de Gustavo Petro, y ponen en serios riesgos la democracia.
Hacen flaco favor a la información al poner el grito en el cielo y hacer creer que El Tigre va a montar una especie de carnicería de órganos blandos al estilo de Jack el destripador. Mamertos, periodistas progres y candidatos políticamente correctos se escandalizan con la expresión destripar para ridiculizar su firmeza.
Emulan con Matador en una caricatura mental de Abelardo sacándole las tripas a Timochenco.Saben a ciencia cierta que el verbo destripar se usa para mostrar la contundencia de lo que hay que deshacer en materia de orden público para desbaratar la mal llamada Paz Total y derrotar las estructuras criminales de todas las formas de delincuencia.
Esa es la única forma de recuperar la seguridad en el país y desfacer el entuerto de la Paz Total de Gustavo Petro, que no es otra cosa que la forma de encubrir a los bandidos para que puedan delinquir impunemente. No. De la Espriella no va a exhibir las vísceras de Sandra Ramírez.
Va a hacer que las mujeres violentadas por ella y sus compinches sean reparadas y que los delincuentes paguen por sus crímenes de lesa humanidad. Hay que chafar las intenciones de la JEP de absolver a los criminales y sojuzgar a las víctimas.
De la Espriella no se arredra porque hay que arrugar es a los violentos, estrujar a los delincuentes y estropear los planes subversivos de todas las formas de comunismo. Hay que apisonar las intenciones de Petro y compañía de perpetuarse en el poder. Hay que arruinar sus sueños de darle un golpe de estado a la Constitución.
Hay que frustrar sus metas de convertir a Colombia en la potencia mundial del crimen organizado. Hay que aguar sus propósitos de instaurar una dictadura al estilo la Venezuela de Chávez, la Cuba de Castro o la Nicaragua de Ortega. Hay que disminuirlos, hay que desanimarlos, hay que reducirlos, hay que menguarlos, hay que deprimirlos. Hay que prensarlos con la ley, avasallarlos con las fuerzas del orden y darles de baja si no se someten.
Hay que espaturrar la cultura del crimen y desaparecer la contracultura del caos. Hay que descuartizar las diferentes formas de lucha del mamertismo en Colombia. Hay que desarmar la estrategia mediática de periodistas prepagos, seudoinfluencer y bodegas calumniosas que se creen con patente de corso para difamar.
Hay que meter en cintura a quienes a nombre de la libertad de expresión y del derecho a la información pretenden divulgar infundios, calumnias, imposturas y maledicencias con el objetivo de acusar con imputaciones falsas y causar daño al honor, la reputación y la integridad moral de quienes decidieron salvar la patria del comunismo, del socialismo del Siglo XXI, de la Agenda de Puebla o del Foro de Sao Paulo, como se presente.Y a los que aspiran imponer un modelo económico, político y militar, marxista-leninista, fracasado en el mundo y que ahora hablan de ética hay que vencerlos con la panética, la ética holística y la concepción integral de la moral pública.
Hay que supeditar su maniqueísmo que les hace replicar la máxima leninista según el cual lo bueno es lo que le sirve a la revolución y lo malo lo que no le sirve. Hay que golpear con ética a quienes consideran que no es ético defender delincuentes, pero sí es ético ayudar a la fuga de delincuentes y narcoguerrilleros como Iván Márquez y Jesús Santrich para rearmar su banda criminal llamada Nueva Marquetalia.
A los que ven ético que se aparezca en los computadores de la narcoguerrilla como una pieza clave en sus planes criminales.Hay que hablarles de ética a los supuestos periodistas que camuflan sus militancias políticas en el ejercicio de una profesión que por definición debe ser objetiva, imparcial y veraz. Hay que hablar de la ética periodística cuando se pregunta con prejuicios, cuando se escribe con deducciones amañadas, cuando se opina con información manipulada, cuando se desinforma con sesgos, cuando se arman silogismos para conducir a conclusiones falsas, cuando se induce al entrevistado a hacer afirmaciones falaces, cuando se acomodan datos y cifras para distorsionar resultados, cuando se prejuzga y no se contrasta la información.
Hay que hablar de la ética de lo humano en la ética periodística que confunde la opinión publicada con la opinión pública.El debate de la ética no se puede dar desde el reduccionismo. La realidad, el conocimiento y el ser humano forman un todo en interconexión, cuyas partes se deben observar desde la triada mente- cuerpo- alma. Y se tiene que comprender desde la ética de lo humano, lo humano de lo humano y la ética social.
La ética debe abandonar la visión mecánica y parcelada del conocimiento. No se puede fragmentar sí se quiere dar paso a un aprendizaje sistémico e interconectado. La perspectiva ética valoral no solo se apoya en lo cognitivo sino en otros valores universales como la compasión, la empatía, la paz y la responsabilidad social y se basa en cuatro pilares fundamentales, aprender a ser, aprender a hacer, aprender a conocer y aprender a convivir.
A los filomamertos y románticos del marxismo, a los periodistas progres y a traficantes de información que acosan mediáticamente para obtener pauta y contratos, hay que regalarles un manual de la ética y la estética, de ética humana y ética planetaria. A los jefes políticamente correctos que se rasgan las vestiduras con la palabra destripar y debaten sobre la ética para atacar a quien les ganó el escenario, hay que decirles que la mezquindad no es ética, que la obsesión caudillista no es ética y que el vanguardismo moral no es ética.
Convocarlos a la construcción de una nueva ética de lo público, una perspectiva ética de la política que según Edgar Morin: “No es una norma arrogante ni un evangelio melodioso. Es hacer frente a la dificultad de pensar y de vivir”.




