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Las bodegas de Coronell contra Abelardo

por El Expediente
enero 14, 2026
en Opinión
Tiempo de leer:6 mins read
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¿Serán indígenas?
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Por: Fernando Alvarez

Alborotó el avispero Ana Bejarano, una novel comentarista que decidió lanzarse al agua con un libreto teledirigido en singular columna contra Abelardo de la Espriella, el candidato que puntea las encuestas y que preocupa a la clase política tradicional, inquieta sobremanera al santismo, trasnocha a los periodistas filomamertos, angustia a los candidatos de medio pelo y asusta a la izquierda toda, incluida la armada, que le apuesta a que el gobierno de Gustavo Petro continúe en el poder, así sea en cuerpo ajeno, y mucho mejor sí termina en cabeza de Iván Cepeda, quien les garantizaría a plenitud la combinación de todas las formas de lucha, que ahora incluye la lucha mediática y necesariamente la batalla campal en redes.

Y como era de esperar comenzaron a enfilar baterías, para usar una expresión venezolana ya que está tan de moda su confusa situación, las bodegas periodísticas que no se diferencian mucho de aquellos closets digitales que inauguró Sebastian Guanumen en la campaña pasada cuando llamaba a los mercenarios de las redes sociales petristas a traspasar las líneas éticas y dedicarse a fabricar historietas calumniosas, reencauchar mentiras y repetirlas hasta el cansancio, reproducir noticias falsas sin pensar en recelos ni prevenciones para hacer todo lo que fuera necesario con tal de horadar la imagen de sus oponentes. Y sacó las espuelas Ana Bejarano, una columnista del portal de Los Danieles, hija de Ramiro Bejarano, el abogado de Daniel Coronell en varias de sus andanzas, ambos con históricos lazos con el Cartel de Cali.

El uno porque montó su noticiero NTC con dineros tramitados por “El Bandi” César Villegas, testaferro de los Rodríguez Orejuela y el otro porque fue nombrado jefe del DAS en el gobierno de Ernesto Samper Pizano, tío y hermano de los otros dos Danieles, por petición expresa del tío de Ramiro Bejarano, el “Loco Bejarano”, el periodista vallecaucano Alvaro Bejarano, quien en sus últimos años se distinguía por disputarse los servicios de lobby con el “Loco Giraldo”, el periodista Alberto Giraldo, a favor de Gilberto Rodríguez Orejuela para generar conexiones con la clase política, la cúpula judicial y las autoridades policiales del país, sin dejar de lado una que otra lagartería en la prensa local y nacional con el fin de intentar exculpar al presidente Samper, elegido gracias a los 5 millones de dólares que le metió a su campaña el Cartel de Cali.

Con el proceso 8.000, el elefante y todos los mogollones que tuvo esta historia en sus espaldas, Ana Bejarano escribió al mejor estilo de la escuela silogística de Daniel Coronell una andanada contra De la Espriella en la que revive mentiras y repite historias prefabricadas que a todas luces traspasan las líneas éticas del periodismo. Pero más allá de lo que dice, que es más de lo mismo en el sentido de que Abelardo defendió a Alex Saab, quien para los efectos de estas bodegas periodísticas sí reviste el carácter de ser el malo de la película en Venezuela, la principiante periodista se da a la tarea, sin ningún escrúpulo, de replicar versiones no muy bien contadas del periodista Gerardo Reyes que ya han sido desmentidas por el abogado defensor y que hacen parte de las fábulas construidas por este estilo periodístico.

Reyes es un periodista investigativo contratado por Daniel Coronell en Univisión, precisamente por ser un experto en indagaciones subjetivas y relatos narrativos cuyo principal soporte probatorio es la técnica deductiva y para quien la noticia casi siempre es una conclusión escandalosa que se colige a partir de premisas falsas combinadas con verdades irrelevantes. De esta manera pretende la columnista dejar al candidato como una persona tachable por haber defendido a quien para ella ya se sabía que era culpable de crímenes contra los niños pobres venezolanos. Además de que conocía a ciencia cierta que era el testaferro de Nicolás Maduro, cuando el dictador fuera declarado como nuevo mejor amigo por el entonces presidente Juan Manuel Santos, quien para ese momento se portaba muy bien con mermelada y contratos para Los Danieles y sus esposas, en busca de respaldo en los medios para lograr su tramposo proceso de paz, cuyo fin era un Nobel fraguado en contra de la voluntad popular que le dijo No en plebiscito, pero que al final sirvió para quedar con el premio y sin la paz.

Es decir que ella, que se precia de ser abogada y profesora en derecho, hija de quien es supuestamente un prestigioso abogado, increpa a De la Espriella por no haber aceptado como cierto el “fallo” anticipado de los acusadores o el veredicto de la opinión publicada que “ya sabía” que Saab era culpable. La falta de ética de Abelardo de la Espriella para estas bodegas periodísticas, a las que hasta Vicky Dávila y otros candidatos atizan en medio del desespero porque Abelardo se les trepó en las encuestas, consiste en no haber faltado a la ética del abogado que implica no actuar como juez en su calidad de defensor. O sea que para ellos Abelardo de la Espriella debió sentenciar primero antes de aceptar defender al acusado. En derecho esto sería como abrogarse el derecho de hacer un juicio previo a su posible cliente.

Para estas bodegas periodísticas, que verterán su tinta en copiosas columnas sobre el mismo tema de aquí hasta que se produzcan las elecciones presidenciales, la ética sí tiene que ver con el derecho, pero muy poco con la justicia porque lo que le endilgan al entonces abogado defensor es no haber prejuzgado. Y para estos nóveles interpretes del derecho, la postura del abogado sí tiene que ver con el derecho, pero solo con el de las supuestas víctimas y poco y nada con el legítimo derecho a la defensa. Maniqueísmo puro y simple que se mezcla con una clara tendencia ideológica izquierdista inspirada en la lógica leninista que recita con cierto cinismo que lo bueno es lo que le sirve a la revolución y lo malo lo que no le sirve. Por esta razón se busca enlodar a De la Espriella por lo que una de sus abogadas habría hecho en favor de Saab o porque alguien de su bufete mantiene buenas migas con la esposa de Saab, como sí lo que hagan sus subalternos implicara sumariamente al jefe.

En todo caso la audacia de la joven escritora le augurará un buen cargo en el gobierno de Iván Cepeda, sí es que le salen las apuestas, porque definitivamente ya entró a formar parte del club de periodistas anti Abelardo a los que lo que les importa es que gane cualquiera que no tenga que ver con el expresidente Alvaro Uribe, así toque volverle a entregar el trono al heredero de Petro. A este clan de periodistas militantes no le importa sí Colombia toma la desafortunada ruta venezolana, o sí los grupos ilegales afianzan su control territorial para ampliar la producción de cocaína, o si las FARC y el ELN terminan por poner candidato presidencial, con tal de que no sea el que diga Uribe. Curiosamente hoy se ven manifestaciones tan irresponsables como suicidas que hasta hay uribistas que se han montado en ese carroloco de atajar a Abelardo, sin darse cuenta que lo que hacen es llevar como idiotas útiles agua al molino petrista.

Y aunque no se pretende dar clases de derecho a quienes se creen doctos en la materia sí es imperativo poner el dedo en la llaga porque puede que estén buscando el ahogado aguas arriba. Hoy nadie tiene claro sí lo correcto es emprenderla contra Abelardo por defender a Saab porque quienes creen que afectan su imagen por este motivo no solo pueden estar remando contracorriente, sino que no cuentan con que la geopolítica mundial a raíz de la intervención norteamericana en Venezuela ha cambiado, de tal manera que es muy probable que para el gobierno estadounidense hoy Alex Saab cobre suprema importancia y no como objetivo sino como aliado.

El hecho de que por petición de Nicolás Maduro el gobierno Trump haya terminado por negociar el regreso a Caracas de Alex Saab le indica a la dirigencia norteamericana que este hombre sabe demasiado y eso en el momento actual es oro puro. Alex Saab es más fácil que termine como pieza clave en el enjuiciamiento a Maduro que como personaje digno de estar en la mira del gobierno gringo como Diosdado Cabello o Vladimir Padrino López. Anochecerá y no vimos. Y de ser así pues Abelardo terminará por ser el hombre de confianza de Donald Trump y por supuesto el de desconfianza de las FARC, del ELN y de todos sus áulicos. Veremos si amanece porque lo cierto es que sí Alex Saab tuviera algo que decir contra Abelardo lo hubiera soltado hace rato cuando “El Tigre” escribió incluso aupando la perspectiva de utilizar un francotirador para acabar con la tiranía venezolana.

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