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Juventud, libertad, voto y democracia

por El Expediente
junio 19, 2026
en Opinión
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PETRO DESHONRA A LA NACIÓN
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Por: Rafael Rodríguez-Jaraba

El voto de los jóvenes entre 18 y 25 años será decisivo el próximo domingo en Colombia, tal y como lo fue en la elección del dislocado Hugo Chávez en Venezuela, del depuesto Pedro Castillo en Perú y del fracasado Gabriel Boric en Chile, ineptos y mentirosos populistas disfrazados de progresistas que pronto demostraron absoluta incapacidad para gobernar e intentaron llevar a esas naciones al pasado.

Las ocurrencias regresivas de Chávez y de su sucesor Maduro, sepultaron la esperanza de progreso en Venezuela. Los desvaríos de Castillo en Perú fueron superlativos y su destitución por parte del Congreso se realizó con pleno arreglo a derecho, mientras que, en Chile, Boric terminó su gobierno repudiado y con una reprobación cercana al 90% como resultado de sus disparatadas prédicas y obtusas decisiones.

Pero lo que resulta irónico es que el rechazo a los gobiernos Chávez y Maduro en Venezuela, de Castillo en Perú y de Boric en Chile, fue mayoritariamente de los jóvenes, de los mismos jóvenes que engañados eligieron a estos anacrónicos comunistas.

En Colombia ha sucedido lo mismo. Si alguien incidió en la espuria elección de Gustavo Petro fueron los jóvenes, a quienes ha engañado y durante su remedo de gobierno ha atentado contra el presente y futuro de ellos.

El daño infligido por Petro a la juventud colombiana es grave e incalculable. Petro profundizó la politización de la educación, desconoció la autonomía universitaria, impuso rectores incompetentes en universidades públicas, arruinó el Icetex y acabó con los créditos no reembolsables, desestimuló el emprendimiento, pauperizó el deporte, precarizó la salud, alentó la drogadicción, premió el crimen, promovió la violencia y fomentó el vandalismo.

De ahí la importancia de que la juventud colombiana reflexione sobre el papel que jugará en la justa electoral el próximo domingo, de manera que nuevamente, no se convierta en víctima de su propia decisión y que, de una vez por todas, entienda que lo que está en juego no es la elección de Abelardo de la Espriella o Iván Cepeda, sino la vigencia de la democracia y la libertad o la imposición del comunismo y la miseria.

Para entender el presente y prospectar el futuro, es preciso que los jóvenes estudien el pasado, y de no hacerlo, serán despistados lugareños o desorientados forasteros condenados a emular lo que otros hacen y a repetir lo que otros dicen y, en consecuencia, la opinión de ellos será la última que escuchen.

Mucho fue lo que hicieron quienes antecedieron a los jóvenes de hoy y muy poco lo que están haciendo para quienes los sucederán; sin embargo, desconociendo el pasado, deformando la realidad y distorsionando la verdad, juzgan a los mayores sin piedad y se están acostumbrando al negacionismo y resignándose a la mediocridad, lo que al parecer será, lo único que legarán a quienes los sucedan.

Dios ya no hace tantos milagros; ahora le corresponde hacerlos a padres y maestros y, el mayor milagro de nuestros días, es la educación formativa de las nuevas generaciones, no la educación informativa que, por artificial e inexacta, teórica y enciclopedista, es incapaz de formar ciudadanos y de mejorar la realidad, y sí, capaz de avivar la incompetencia, la desesperanza y la frustración.

Para modificar el presente y visionar el futuro, es necesario estudiar, estudiar y volver a estudiar el pasado; pero más que eso, es necesario entender e interiorizar lo estudiado. No basta manosear ni memorizar los conocimientos; es necesario hundirse en ellos para entenderlos, analizarlos y asimilarlos, de manera que sean aplicables, prácticos y pragmáticos, de lo contrario, resultan inocuos o inútiles, y no evitan que se vuelva a incurrir en los mismos errores del pasado.

Federico de Amberes dijo: «Somos lo que hemos leído y cómo hemos entendido y asimilado lo leído, y nos delatamos con la manera como escribimos y con la pronunciación, la entonación y el acento que tenemos al manifestarlo. Basta tan solo escucharnos o leernos, para saber, qué, cuánto y cómo hemos leído, y eso es en realidad lo que somos.«

No le faltó razón a Federico de Amberes, y para comprobarlo, tan solo basta escuchar y advertir cómo se expresan y escriben algunos jóvenes de hoy, lo que evidencia la mediocridad que los agobia, así como la adoración que profesan por ídolos de barro, que antes que promover en ellos la superación, les estimulan al ocio, la destrucción y el vandalismo.

Muchos jóvenes quieren triunfar y sueñan con el éxito, la realización y la satisfacción, pero para alcanzar esas metas, hacen lo mínimo necesario y no lo máximo posible, y le juegan a la suerte, a la providencia, a la influencia, al favor indebido, al atajo, al esguince, a la prebenda y a la componenda.

Les aterra la disciplina, la exigencia, la excelencia y la competencia, y por querer acortar con trampas el camino, el que cada día se les hace más encumbrado, lo transitan de la mano del facilismo. Aunque suene crudo decirlo, ese es el perfil dominante en la inmensa mayoría de los jóvenes de hoy y las sobresalientes excepciones confirman la regla.

Son muchos los jóvenes que sueñan con subsidios, subvenciones y asistencia, y con la adopción del fracasado, retardatario y regresivo modelo comunista. No sueñan con el esfuerzo, el empeño y la dedicación; tan solo anhelan la comodidad y la holgazanería, además creen que para discrepar hay que maltratar, para controvertir hay que irrespetar y para protestar hay que destruir y vandalizar.

Ardua y exigente tarea tenemos padres y maestros para rectificar el camino y retomarlo hacia el norte perdido. De no lograrse, Colombia seguirá ahogada en la desinteligencia, el despropósito, el desvarío y la anarquía.

En suma, y con urgencia, necesitamos que la educación siembre ciencia y virtud en la mente y corazón de los jóvenes, y plante la semilla de la disciplina, el orden, la exigencia, la excelencia y la competencia. De no hacerse así, permaneceremos a perpetuidad en el subdesarrollo.

De no modificarse el rumbo, la desidia que domina a las nuevas generaciones nos conducirá hacia el establecimiento de una violenta narcocracia, gobernada por agitadores, instigadores o promotores de la anarquía, así como por crueles y despiadados criminales que se ufanan de someter la voluntad mayoritaria de la nación, fruto de la cínica y desvergonzada impunidad que sembró Juan Manuel Santos, quien destruyó nuestro ideario de principios, valores y convicciones, y violentó el orden constitucional, social y económico.

Si alguien discrepa de estas afirmaciones, y no percibe la descomposición social que nos asola, salga a la calle de cualquier ciudad de Colombia y advierta la inseguridad y la degradación social, vial y urbana, y ojalá, pueda regresar íntegro, sano y salvo a su hogar.

Ojalá que los jóvenes rechacen el adoctrinamiento y se rebelen contra la manipulación populista de la que vienen siendo objeto, de manera que antes de adoptar cualquier decisión electoral, realicen un sereno análisis de consecuencias para así evitar que terminen siendo los responsables de la destrucción de la democracia y de la pérdida de la libertad, tal y como sucedió en Cuba, Venezuela y Nicaragua, y casi sucede en Perú y Chile.

Invito a los jóvenes a reflexionar y no dejarse instrumentar por quienes dicen ser sus redentores, y así evitar caer en la trampa de apoyar a criminales, delincuentes y vándalos.

Le recuerdo a los jóvenes que, el éxito, los triunfos y las realizaciones solo se logran con esfuerzo, exigencia, excelencia y competencia.

© 2026. Todos los Derechos Reservados.

*Rafael Rodríguez-Jaraba. Abogado. Esp. Mg. LL.M. Litigante. Consultor Jurídico. Asesor Corporativo. Árbitro Nacional e Internacional en Derecho. Catedrático Universitario. Miembro de la Academia Colombiana de Jurisprudencia.

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