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El sórdido Corporativismo Santista

por El Expediente
octubre 19, 2026
en Opinión
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Por: Andrés Villota

“La petición de los Fabricantes de Velas”, fue escrita por Claude Frédéric Bastiat en el año 1845. Con sarcasmo, le exige al Estado que prohíba la competencia “desleal” del sol, argumentando las ventajas económicas que podría tener la prohibición del sol para un sector minoritario, privilegiado de empresarios, ante el evidente aumento del consumo de velas.

Ese absurdo de prohibir el sol, no dista de las pretensiones que han tenido los empresarios desde que se impuso el Modelo Keynesiano en el mundo. El Estado le entrega unos beneficios y prebendas a los empresarios que se sometan a los designios del manejo centralizado de la economía, es decir, que colaboren con el régimen de turno a cambio de protección para sus intereses corporativos.

A cambio, les prometen eliminar a la competencia para que no necesiten ser eficientes, no tengan que invertir para producir o no tengan que innovar. Este fue el germen de las grandes empresas multinacionales que se convirtieron en monopolios orgánicos, ante la ausencia total de competencia, suprimida desde el Estado y sus políticas socialistas disfrazadas de “corrección de las fallas del mercado”.

El amancebamiento entre el Estado y los empresarios, ha sido una necesidad del nacional socialismo obrero desde que creó el Nuevo Orden (Neuordnung). Los grandes jerarcas NAZIS dejaron de usar el discurso socialista obrero de “Ser Rico es Malo”, “Exprópiese” y “Hay que Matar a los Terratenientes”, cuando se dieron cuenta que necesitaban del apoyo y dinero de los empresarios más codiciosos y menos eficientes, para poder consumar sus pretensiones totalitarias.

A su vez, la codicia de los empresarios, les hizo entender que si querían seguir ganando plata, debían someterse a los designios del Estado, financiar a los partidos políticos y aceptar la intervención del Estado en su actividad económica, pilar del Modelo de Keynes, puro comunismo británico chic.

Crear dependencia de la sociedad, es el objetivo central del Estado para obtener dominio y control social, a la vez que justifica el expolio a gran escala sin mayor resistencia. 

El gobernante de turno, en un acto supremo de megalomanía, asume que es el dueño de todo. El Estado colombiano, por ejemplo, se adueñó del suelo, del subsuelo y hasta del aire, sin que le hubiera pagado algo a algún colombiano.

La violación a la propiedad privada, más grande en toda la historia de Colombia. Si a Jed D.​ Clampett, le hubiera pasado en Colombia, lo mismo que le pasó en su parcela en The Ozarks, nunca hubiera sido rico porque el Estado colombiano le hubiera expropiado el pozo de petróleo que encontró, por accidente, en el subsuelo de su propiedad.

Adolf Hitler, igual que Gustavo Petro, por ejemplo, le negó a las empresas el derecho a establecer nuevos negocios en las áreas donde podían ser más eficientes y aumentar sus ingresos y utilidades, a la vez que prohibió interrumpir la producción de lo que no fuera rentable.

Estos derechos fueron transferidos, en su totalidad, a los miembros del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán, en el caso alemán, y a los terroristas del M-19, en el caso colombiano, que asumieron el control y la dirección de la actividad productiva de la economía en su conjunto.

No todos los empresarios lo aceptaron, ni cohonestaron con el régimen NAZI aunque desaparecieron, pero empresas como BASF, BMW, BOSS y Mercedes Benz, fueron cómplices, sobrevivieron a las Grandes Guerras y, hoy, son las enormes empresas que son, gracias a haber aceptado las reglas de juego del Nuevo Orden.

En Colombia, por esto, los gremios de la producción nacional, son manejados por burócratas profesionales que actúan como médiums, intermediarios calificados con experiencia burocrática, que les permite mantener, con el Estado, una interlocución directa y fácil, que proteja los intereses del gremio, en detrimento de los intereses de los colombianos.

Juan Manuel Santos, previendo lo que se venía y la insostenibilidad de su modelo de gasto público inútil basado en su Acuerdo de Paz con las FARC y sus pólipos malignos como la JEP, desplegó a sus huestes de calanchines, en los gremios de la producción nacional de Colombia y, al resto, los hizo nombrar en el Grupo AVAL a cambio de “amnesiar” el Caso Odebrecht.

Llegó Juan Carlos Echeverry, por ejemplo, a dirigir el Banco de Bogotá, el banco más antiguo y tradicional de Colombia. Un burócrata sin experiencia alguna en dirigir una empresa del sector financiero, que demostró, con creces, su inexperiencia e ineptitud administrativa, cuando fue el CEO de ECOPETROL y causó la caída del precio de la acción, que cayó al nivel más bajo en toda su historia desde que cotiza en la Bolsa de Valores de Colombia.

Echeverry hace parte de ese combo de Ultrasantistas, desplegados por su líder supremo, en el principal grupo financiero de Colombia, que es manejado por burócratas afines al Ultrasantismo. Incluso, pensaron en fichar a la multifacética Laura Sarabia pero se echaron para atrás cuando vieron amenazados sus cargos por portentos del trabajo y del conocimiento financiero como Levy Rincón, Daniel Mendoza y Verónica Alcocer.

La Ultrasantista, Carolina Soto, burócrata del gobierno Santos, fue nombrada sin éxito, directora de la Cámara Colombiana de la Infraestructura (CCI). El Ultrasantista, Bruce Mac Master, burócrata del gobierno Santos, salió con más pena que gloria de la ANDI, un gremio, totalmente, ajeno al conocimiento y experiencia de Mac Master que se limita a la de un burócrata profesional.

Sin embargo, qué son dos gremios menos, para el Ultrasantismo sí, el control y dominio sobre la mayoría de los gremios de la producción colombiana, tienen el común denominador de haber sido burócratas durante el largo gobierno de Juan Manuel Santos (2010-2018)

Daniel Mitchell, burócrata del gobierno Santos, es el director de ACOPLASTICOS. María Claudia Lacouture, burócrata del gobierno Santos, es la directora de AMCHAM Colombia. Camilo Sánchez, burócrata del gobierno Santos, es el director de ANDESCO. Tatiana Duarte, burócrata del gobierno Santos, es la directora de ANDIGRAF. Shenny González, burócrata del gobierno Santos, es la directora de ASOBOLSA. Laura Valdivieso, burócrata del gobierno Santos, es la directora de ASOCOLFLORES. Guillermo Herrera, burócrata del gobierno Santos, es el director de CAMACOL. Nicolás Botero, burócrata del gobierno Santos, es el director de CONFECAMARAS. José Duarte, burócrata del gobierno Santos, es el director de COTELCO. Carlos Cante, burócrata del gobierno Santos, es el director de FENALCARBON y Jaime Alberto Cabal, burócrata del gobierno Santos, es el director de FENALCO.

Hasta, Santos, se inventó una oenegé que le puso “Consejo Privado de Competitividad” que le cambiaron el nombre, con sorna, y le puso “Colombia Compite”, ante la evidente exclusión de entes privados. Una oenegé que está en manos de un grupo de burócratas del gobierno Santos, que determina la competitividad de Colombia, en un abierto contrasentido porque, los burócratas, por la esencia de su actividad, jamás han competido. No se les olvide que, detrás de cada burócrata, hay un excluido del Mercado Laboral, precisamente, por su incompetencia, ignorancia, impertinencia, inexperencia e ineficiencia.

Juanita León, tras la inclusión de su patrocinador, George Soros, en una lista de financiadores del terrorismo, hizo todo lo posible para evitar la llegada del presidente Abelardo de la Espriella a la Casa de Nariño porque sabía que los privilegios para su empresa familiar se iban a acabar. En una lógica perversa en la que apoyaron el ascenso al poder con Petro y la continuidad con Cepeda, de un proyecto estatista, del que sacaron provecho por sus decisiones totalitarias.

Los León, igual que los Gilinski, se beneficiaron de la contratación Estatal y de la anulación de la actividad de la industria de Oil & Gas, que les permitió sacar provecho de la caída del valor de los activos de las empresas, que no podían competir, comprando empresas quebradas “a precio de huevo” para hacerlas producir en Venezuela y en Colombia con contratos de la estatal Ecopetrol y sus satélites.

En el Jockey Club de Buenos Aires, Argentina, ovacionaron al señor presidente Javier Milei, los descendientes de los empresarios a los que el dictador nacional socialista obrero argentino, Juan Domingo Perón, expropió e hizo desaparecer, para favorecer de sus amigotes, pobres diablos socialistas argentinos y nazis caídos en desgracia que ayudó a esconder y protegió por encima de los intereses de la mayoría de los argentinos, en un acto de traición suprema, que resultaron siendo millonarios gracias a la ultra-protección del Estado argentino.

En Colombia, el 90% de los empresarios, está de plácemes con el cambio de Era que trae el señor presidente Abelardo de la Espriella. El final del Corporativismo, es el inicio de una economía libre, pujante, que será competitiva y, por ende, productiva, sin la incómoda presencia del Estado en la actividad empresarial.

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