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El linaje que no suelta el poder: la familia de Iván Cepeda Castro lleva años en las estructuras del Estado bajo el eje de la Masonería y el Comunismo. La historia de su abuelo Gustavo Castro y su ancestro Solón Wilches

por Gustavo Rugeles
abril 12, 2026
en Corrupción
Tiempo de leer:8 mins read
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El linaje que no suelta el poder: la familia de Iván Cepeda Castro lleva años en las estructuras del Estado bajo el eje de la Masonería y el Comunismo. La historia de su abuelo Gustavo Castro y su ancestro Solón Wilches
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Por: El Expediente — con base en la investigación del periodista Sergio Esteban Vélez

Para entender a Iván Cepeda Castro, candidato presidencial del Pacto Histórico en 2026, el periodista Sergio Esteban Vélez propone un ejercicio poco convencional: rastrear su árbol familiar no hacia los últimos años sino hacia el siglo XIX. Lo que encuentra no es la historia de una familia que alcanzó el poder desde los márgenes. Es la historia de una familia que lleva 145 años sin abandonarlo — cambiando de partido según la época, navegando por el liberalismo, el conservatismo, el comunismo y hoy el petrismo, pero siempre presente en las estructuras del Estado colombiano. Siempre gobernando. Siempre viviendo del poder.

El abuelo de Iván Cepeda. Un linaje de presidentes, masones y generales. La versatilidad política de su familia ¿El manual del poder de Solón Wilches sigue vivo y se cumplirá? #Constituyente #DinastiasPoliticas #ElPoderEnColombia #DatoHistorico #ViralColombia pic.twitter.com/fWtdCRZaG9

— Sergio Esteban Vélez (@sergiopoesia) April 12, 2026

El nudo central de ese árbol es el general José Pacífico Solón Wilches Calderón. Su vínculo con la familia de Iván Cepeda Castro pasa por una bisagra documentada académicamente: el general Domnino Castro — conocido familiarmente como «Nino» Castro — se casó con Virginia Wilches Calderón, hija del congresista Ramón Wilches y prima hermana del propio Solón. Así entró la familia Castro al núcleo del poder santandereano del siglo XIX. Así comenzó una genealogía que, según Vélez, llegaría 145 años después hasta el candidato presidencial del Pacto Histórico.

El caudillo y la logia

Todo comienza en El Socorro, Santander, en 1865. Ese año fue instalada la Logia Masónica Estrella del Saravita, con carta patente expedida el 13 de diciembre por el Supremo Consejo del Grado 33 de Bogotá. Era el corazón del radicalismo liberal santandereano. A esa logia pertenecieron los hombres más poderosos de la región: Manuel Murillo Toro, Aquileo Parra, Dámaso Zapata. Y entre ellos, el general José Pacífico Solón Wilches Calderón.

Wilches no era un masón más. Según fuentes de historia masónica en Santander, fue el miembro de la logia que dejó establecida «toda una tradición masónica entre su familia». El investigador Nectalí Ariza Ariza, de la Universidad Industrial de Santander, lo documenta en el Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura: trece miembros de la familia Wilches estuvieron afiliados a la Estrella del Saravita. La masonería no era en esa familia una convicción individual — era un patrimonio transmitido de generación en generación, tan deliberado como los matrimonios y los contratos.

¿Quién era Solón Wilches?

Nacido en Cerrito, Santander, el 7 de abril de 1835, fue el político que más tiempo ocupó el poder en el Estado Soberano de Santander durante la Colombia federal. Gobernó en dos períodos: entre 1872 y 1876, y de nuevo entre 1878 y 1884 — cerca de diez años en total. Fue candidato a la presidencia de la República en dos ocasiones: en 1882, cuando fue derrotado por Francisco Javier Zaldúa, y en 1884, cuando los liberales lo promovieron a último momento para enfrentar a Rafael Núñez, obteniendo únicamente el respaldo de su Estado, el de Antioquia y el de Tolima. Perdió.

Su legado quedó inscrito en la geografía santandereana: un municipio sobre el río Magdalena lleva hoy su nombre — Puerto Wilches — y la primera locomotora a vapor importada de Estados Unidos para Santander fue bautizada en su honor. Fue tan cuidadoso con mantener el poder dentro del clan que ni siquiera salió de la familia para casarse: contrajo matrimonio con su prima hermana Rosalina Otero Wilches, hija del expresidente de Santander Rafael Otero Navarro y de Natalia Wilches Calderón.

El investigador Ariza documentó la escala de ese control: en los 29 años del período federal, de los 37 representantes que tuvo la provincia de García Rovira en la Asamblea, 12 pertenecían a la familia Wilches y 7 fueron sus socios en negocios y subalternos en sus gobiernos. En esa provincia no hubo rotación del grupo que controlaba el poder político. Nunca.

Para entender cómo funcionaba esa red basta mirar quiénes rodeaban a Solón. Sus primos Ramón y Andrés Wilches casaron a sus hijas estratégicamente. Virginia Wilches Calderón, hija de Ramón, se casó con el general Domnino Castro — el hombre que, según Vélez, es el eslabón directo con la familia de Iván Cepeda. Natalia Wilches Calderón se casó con Rafael Otero, presidente del Estado de Santander. Emilia Wilches Calderón se casó con el general Fortunato Bernal, vicepresidente del Estado. Era, literalmente, una familia soberana — el término que usa Ariza en sus ensayos académicos.

Al terminar su segundo período, Wilches no convocó elecciones. Convocó una asamblea constituyente poblada de amigos y parientes, reformó la constitución del Estado, amplió el período presidencial de dos a cuatro años y creó un artículo transitorio que lo reeligió a él directamente, sin urnas. Cuatro años después intentó transferir el poder a un socio. El proceso fue calificado de fraudulento, desató insurrecciones y lo obligó a renunciar.Con él terminó la hegemonía personal de Solón Wilches. La tradición familiar que dejó establecida, no.

El puente entre siglos: de la logia al partido comunista

El general Domnino Castro — quien había entrado al clan Wilches por su matrimonio con Virginia Wilches Calderón — dejó una estirpe que transmitió esa tradición de poder de generación en generación.

Según la investigación de Vélez, su descendiente el doctor y general Nino Castro fue representante a la Cámara, senador, magistrado, procurador y presidente del Estado Soberano — acumulando en una sola persona los cuatro poderes del Estado con una coherencia que haría sonrojar a cualquier defensor de la separación de poderes. Era, orgullosamente, masón. Como lo habían sido los Wilches antes que él, transmitió esa pertenencia a la logia como se transmite un apellido.

Su hijo, el coronel Carlos Castro Wilches — el Wilches en su apellido no es accidental sino el rastro de la sangre familiar — alcanzó el título de Venerable Maestro de la Logia. Ese cargo no es simbólico: es la máxima autoridad de una logia masónica, su director y su representante ante la Gran Logia. Según los escritos de su propio hijo, Iván Castro Chadid, la formación ideológica de esa generación fue moldeada por esa tradición: el poder como misión familiar, la logia como red de apoyo, el Estado como patrimonio a administrar.

La siguiente generación tomó un camino ideológico diferente pero igualmente ambicioso.

Gustavo Castro, descendiente de esa línea y abuelo materno de Iván Cepeda Castro, no alcanzó el poder a través de la masonería sino a través del Partido Comunista Colombiano, institución que en esa época compartía con las logias masónicas su vocación de red de poder paralela al Estado visible, su estructura jerárquica de lealtades y su método sistemático de colocar cuadros en posiciones estratégicas. En ese tránsito del mandil masónico a la militancia comunista no hay ruptura ideológica profunda — hay continuidad en el método. El partido cambió. La estrategia de ocupar el Estado, no.

Los resultados bajo Gustavo Castro son concretos y documentados: un hijo ministro, un gobernador, un presidente del Congreso, un director de la Cámara de Representantes, un concejal de Bogotá y un yerno senador de la República. Del liberalismo radical del siglo XIX al comunismo del siglo XX, la presencia en las estructuras del Estado colombiano no se interrumpió ni un solo mandato.

Yira Castro Chadid y el heredero

Doña Aura Chadid — abuela materna de Iván Cepeda Castro, hija del inmigrante libanés Juan Chadid Raide, masón de la Logia Sol de Sábanas en Córdoba y Sucre — se casó con Gustavo Castro, abuelo materno del hoy candidato. De esa unión nació Yira Castro Chadid, su madre. De allí confluyen dos tradiciones masónicas distintas — la santandereana de los Wilches-Castro y la costeña de los Chadid — dentro del mismo proyecto político comunista.

Yira Castro Chadid fue concejal de Bogotá, integrante del Comité Central del Partido Comunista Colombiano y figura central de la izquierda urbana de los años setenta. Murió en agosto de 1981, cuando Iván tenía 19 años.

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Yira Castro Chadid se unió a Manuel Cepeda Vargas — secretario general del PCC, director de Voz Proletaria por casi tres décadas, senador por la Unión Patriótica. El 9 de agosto de 1994, Manuel Cepeda Vargas fue asesinado por agentes del Estado en colaboración con paramilitares. La Corte Interamericana de Derechos Humanos estableció la responsabilidad del Estado colombiano en ese crimen.

De esa unión nació Iván Cepeda Castro. Creció en el exilio entre Cuba y Checoslovaquia mientras Colombia ardía. Su padre estuvo preso. Su madre era perseguida. Estudió filosofía en la Universidad de Sofía — Bulgaria, país del Telón de Acero — en los años en que Gorbachov debatía la Perestroika y el mundo socialista hacía aguas. Regresó a Colombia, tomó distancia de la ortodoxia comunista según sus propios relatos, y construyó una carrera política que lo llevó a la Cámara de Representantes en 2010, al Senado en 2014 y hoy a la candidatura presidencial del Pacto Histórico.

Lo que une dos siglos

El árbol completo muestra una continuidad que pocas familias políticas colombianas pueden exhibir. Masones del liberalismo radical en el siglo XIX. Comunistas en el XX. Petristas en el XXI. El vehículo ideológico cambia con cada generación. La presencia en las estructuras del Estado — el ejecutivo, el legislativo, el judicial, los partidos — no se interrumpe.

La masonería fue el primer instrumento de cohesión. La Logia Estrella del Saravita reunió a las élites del radicalismo liberal santandereano y convirtió los lazos masónicos en contratos, nombramientos y poder militar. Trece miembros de una sola familia sentados en el mismo templo, compartiendo los mismos rituales de reconocimiento, coordinando desde la sombra lo que en público se presentaba como mérito republicano.

El Partido Comunista fue el segundo instrumento — más ideológico en apariencia, igualmente eficiente como máquina de colocación de cuadros en el Estado.

Solón Wilches gobernó el Estado Soberano de Santander sin convocar elecciones, reescribió la constitución para extender su propio mandato, concentró en su familia los principales cargos del poder regional y casó a sus parientes entre sí para no dejar salir el poder del clan. Puerto Wilches lleva su nombre. El ferrocarril llevó su nombre. La logia era su instrumento.

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