Si Daniel Coronell hubiera sido antigavirista cuando el Bloque de Búsqueda eliminó a Pablo Escobar en 1993, habría puesto el grito en el cielo porque lo acribillaron violando los derechos humanos del capo de la mafia, ya que, según su extraña lógica, se habrían vulnerado al no haber proporcionalidad ni en armas ni en número de hombres. Eran muchos uniformados armados hasta los dientes contra un solo hombre con una pistola caminando por encima de un tejado. Curiosamente nunca se le vio un reporte Coronel que indagara sobre la farsa de la fuga de La Catedral, como se llamó el palacete autoconstruido por el Jefe del Cartel de Medellín que fungía como cárcel. Jamás investigó por qué el alto gobierno envió una avanzada que sirvió para que se evadiera.
Pero como Coronel era de los consentidos del entonces presidente César Gaviria, quien con una licitación sastre le había entregado el noticiero NTC, merecido por compartir afinidades en defensa de su comunidad y de sus preferencias. Coronel, porque así se escribía, con una sola L, cuando conseguía aviones particulares de dudosa ortografía en los llanos orientales para que el Noticiero Nacional tuviera las chivas. Ojo, ninguna contra los narcos. Porque si Coronell hubiera sido antinarcos en aquella epoca en que muchos periodistas se jugaron la vida contra los capos del Cartel de Medellín, nunca hubiera logrado que el testaferro de los hermanos Rodríguez Orejuela, Cesar Villegas, alias “El Bandi”, consiguiera dinero del Cartel de Cali para financiar su noticiero NTC.
Tampoco Coronell hubiera obtenido el aporte con los estudios de Imagen y Sonido del narcotraficante extraditado a Estados Unidos, Justo Pastor Perafán, donde se preparó el piloto para la licitación sastre, que logró gracias a su entrañable amigo, Juan Guillermo Ríos, quien le presentó al narco y pedaleó la ayuda logística para su programadora NTC. Ríos era asesor de Perafán y prácticamente tenia oficina en el Chinauta Resorts desde que fue destituido del Noticiero de las 7, de donde salió porque se descubrió que días antes del asalto del M 19 al Palacio de Justicia se había enterado del operativo. Luego de la masacre de los magistrados, los socios de Programar Televisión terminaron el contrato de Ríos porque lo altos mandos militares se quejaron de su silencio cómplice.
Nunca supieron las autoridades colombianas ni en las norteamericanas si quién le dio detalles del asalto a Juan Guillermo Ríos fue el comandante guerrillero Alvaro Fayad, con quien tenia buenas migas, o si fue el propio Pablo Escobar, quien había financiado la toma convencido de que de ese macabro operativo saldría una junta de gobierno transitoria que obligaría a renunciar al entonces presidente Belisario Betancurt, luego de un juicio político que le haría el M 19, que se transmitiría en directo por el Noticiero de las 7, en exclusiva y con buen genio. Ríos sí era el fenómeno del rating de la televisión, pero había traspasado las líneas éticas desde hacía mucho rato. Pero como al final todos los muertos son buenos, no está bien hablar de ellos.
Coronell es antiabelardista confeso. Su tema es personal como ha sido su inquina con el expresidente Alvaro Uribe. “Prefiero votar por un zapato” dijo para poner a El Tigre Abelardo por el suelo. Coronell y Juan Guillermo Rios son esa especie de periodistas arribistas que le gusta la cercanía al poder y el dinero fácil y se casan con quien les permita ejercer poder. Se vuelven incluso activistas políticos. Siempre se la han jugado por un círculo de poder. Juan Guillermo se le metió por los ojos al expresidente Alfonso López Michelsen y Coronell hizo lo propio para quedar en el anillo del expresidente César Gaviria. Coronell también Intentó hacer lo mismo cuando Noemí Sanín pudo ser presidente pero fue derrotada por Alvaro Uribe, a pesar de la guerra sucia de Coronell.
El periodista Edgar Artunduaga, que conocía las andanzas de Juan Guillermo Rios, decía que este le llevaba estudiantes de periodismo bonitas a Perafán al Chinauta Resorts y que facturaba por esa “asesoría de imagen”. Tampoco Coronell fue antisamperista porque sus nexos con César Villegas se lo impedían. No se destacó por ser investigador en el proceso 8.000, ni averiguó los 5 millones de dólares que los Rodríguez Orejuela le pusieron a Ernesto Samper. Pero si aprovechó que El Bandi cayó preso para quedarse con sus acciones en NTC. Le envió un mensaje chantajista a la escuela de caballería de Suba para que las transfiriera ya que podía implicar al noticiero NTC. Firmaron un acuerdo de pago que nunca se ejecutó porque “El Bandi” fue asesinado después.
El hecho es que ahora con la operación militar con la que se le aplicó la fuerza de la ley y las armas al “Bendito Menor”, Daniel Coronell encontró un nuevo caballito de batalla para ejercer su antiabelardismo. Con su colega caricaturista y sus apóstoles periodísticos se dieron a la tarea de demeritar el operativo porque el presidente De la Espriella visitó el lugar de los hechos y caminó por el sitio donde estaban aún sin levantar los cadáveres de los delincuentes dados de baja. Y ahora se le ocurrió dar por ciertas las historias del bajo mundo en Riohacha para intentar mostrar una versión que no deje por ningún lado bien parado al presidente. Que si fue un ajuste de cuentas, que si había alguien que no estaba armado o que si fue un falso positivo, en fin.
Cualquier hipótesis que sirva para construir el relato de que El Tigre Abelardo es algo así como la reedición del Tercer Reich, cualquier dato que suministre algún hampón que pretenda mostrar a Abelardo como un ladrón que roba ladrones, cualquier testigo delincuente con resentimientos con De la Espriella, es decir, cualquier información falsa contra Abelardo, Coronell la necesita. Todo le sirve para hacerle mala prensa, difamarlo o generar suspicacias contra el presidente que se atrevió a derrotar el proyecto político de sus aliados. Si Abelardo despide un funcionario, el malo será el presidente y de contera el despedido será el héroe. Y el reporte Coronell se dedicará a rebuscar en la cárcel y en el bajo mundo cualquier falso testimonio para denigrar de El Tigre.
Pero no hay que olvidar que tanto va el cántaro al agua que al fin se rompe. Como siga así Coronell, muy pronto terminará despedido de Caracol y Julio Sánchez Cristo sabe que eso puede pasar porque los empresarios tienen claro que periodistas con sesgos, fobias y obsesiones terminan por aburrir al público y eso se traduce en la disminución de la pauta. Porque una cosa es investigar y otra perseguir. Una cosa es denunciar y otra difamar. Una cosa es libertad de prensa y otra el abuso del cuarto poder. Esa tirria que muestran algunos periodistas termina llevando agua al molino de la izquierda y eso ya no vende. A veces la audiencia se gana recurriendo a show, la insinuación o el espectacularismo, pero cuando se raya con la manipulación la pauta se viene a pique.
Tampoco hay que olvidar las razones de fondo por las que a Coronell lo han echado de Semana y de Univisión, dos veces, por su obsesión temática y por su particular uso del silogismo para sacar conclusiones a partir de premisas falsas. Desde luego que siempre será presentado ante el mundo como una víctima de la persecución de los dueños o de presión oficial. O sea que hay que prepararse para que los dueños de Prisa de repente terminen por ver lo que percibieron los de Caracol con Camila Zuluaga o los de RCN con Vlado, que el periodismo pasional baja la pauta. Y seguramente dirán los altoparlantes mamertos que fue el presidente Abelardo de la Espriella en uso de su “talante facho” y su “desprecio por la libertad de prensa” el que provocó la salida de Coronell.




