Por: Duván Idarraga
Gustavo Petro, sus funcionarios y sus bodegueros manipulan la información y generan contenidos para distraer la atención de los temas realmente importantes; es por ello que poco se ha comentado en medios de comunicación del Presupuesto General de la Nación (PGN) para el año 2026. Del tema de fuentes o ingresos, poca información hay, me referiré al tema de egresos.
El proyecto de presupuesto, presentado por el Ministerio de Hacienda, presenta un total para el año 2026 de $551.6 billones, frente al presupuesto del 2025 que fue de $511 billones representa un crecimiento de $40.6 billones, 7.96%, valor por encima del IPC y que ratifica la tendencia de derroche y gasto excesivo que caracteriza al gobierno Petro.
Lo primero que debo mencionar es que aumentan mis preocupaciones. Los gastos de funcionamiento llegan en el 2026 a $364.6 billones, que comparados con los $211.3 billones del 2022, representan un crecimiento de $153.2 billones ($38.2 billones por año, una locura), equivalen al 72.5%, una exageración e irresponsabilidad. Dentro de estos gastos de funcionamiento, destaca de manera muy negativa el desmesurado incremento en gastos de personal; pasaron de $38.6 billones en el 2022 a $65.1 billones en el 2026, un crecimiento de $26.5 billones que equivalen al 68.6%. Con esta cifra se ratifica que gran parte de la disminución de las cifras de desempleo están relacionadas con el crecimiento de la nómina del sector público que, como he comentado anteriormente, es algo absolutamente preocupante; los incrementos en los contratos de prestación de servicios rodean el 157% en número (122.096 contratos adicionales) y alza de $2.8 billones por año en valor, durante este gobierno.
Otro rubro que genera enorme preocupación y que muestra cómo ha sido la política del gobierno Petro en este tema, es la deuda pública. Por un lado, se ha disparado el monto de la deuda total del gobierno central y por ende el servicio de la deuda. Mientras en el 2022 se pagaban $60.2 billones por servicio de deuda, en 2026 se están estimando $99.3 billones, representando un incremento de $39.1 billones que equivalen al 64.9%. Dentro de ese servicio de la deuda tenemos que mencionar también cómo ha sido la deuda externa, que también ha disparado este gobierno; pasando en de pagar $16.01 billones en 2023, a estimar en 2026 pagos por $38.2 billones; es decir, un incremento de $22 billones (más del 138.5%).
Como he comentado en columnas anteriores, con este presupuesto se confirma, a diferencia del mensaje que trasmite Petro, que su gobierno ha aumentado la deuda total (tanto en monto, más de $1.000 billones; como en porcentaje del PIB que supera el 60%), ha disparado la deuda externa y se están pagando más del doble de intereses porque ha conseguido empréstitos a mayores tasas de interés, producto del déficit fiscal desbordado que ha caracterizado su gobierno y del cual, se estima que para el 2025, puede cerrar en el 7.8 o 7.9% del Producto Interno Bruto, PIB, cifra superior incluso a la peor época fiscal reciente en Colombia, como fue la pandemia.
Paradójicamente, el presupuesto de Inversión pasa de $69.4 billones en 2022 a $84.5 billones para 2026; apenas un crecimiento de $15.1 billones que equivale al 21.7%. Es claro que, para el rubro de inversión, este gobierno no hace esfuerzos; todo lo dedica gastos de funcionamiento que muy poco aportan al desarrollo del país. También recordemos, que los grandes ajustes del presupuesto en 2024 y 2025 se han realizado precisamente en los rubros de inversión; ni el derroche, ni los excesivos gastos de funcionamiento, ni la corrupción han cedido.
El otro gran inconveniente de este presupuesto está relacionado con que arranca desfinanciado, anunciando el Ministro de Hacienda se requiere otra reforma tributaria (o ley de financiamiento, como la quieran llamar) ya que necesitan recoger entre $24 y $26 billones. No se entiende cómo, en vez de lanzar un presupuesto completamente financiado, arrancan con presión hacia el congreso (tema que también notan los inversionistas) y presentar una nueva reforma tributaria, cuando las condiciones económicas del país no lo permiten.
Suena más bien a otra cortina para distraer el tema de fondo: Que este proyecto presenta un presupuesto desbordado, con un crecimiento exagerado en los gastos de funcionamiento y donde se están pagando las consecuencias de las malas decisiones del gobierno en materia fiscal, ya que se están pagando tasas de interés más costosas en la deuda pública externa con el agravante, como se evidencia en las cifras de servicio de la deuda, que el gasto para este rubro alcanza niveles inmanejables.
Mas grave, no hay ningún mensaje de austeridad ni de confianza inversionista en la propuesta de presupuesto por parte del gobierno.
Como expresa el titular de esta columna, un presupuesto con crecimiento tan alto, desfinanciado, con montos muy bajos y con crecimientos anuales por debajo de la inflación para inversión, mas grandes partidas para gastos de funcionamiento, es la cereza del pastel para el para que el déficit fiscal se siga desbordando a niveles insólitos e insostenibles. Como he comentado en columnas anteriores, cerramos el 2024 con un 6.9% de déficit fiscal; las perspectivas para el 2025 son de 7.8% y hasta un 7.9% (casi 100 puntos porcentuales más), absolutamente catastrófico.
Eso es lo que inversionistas y Calificadoras de Riesgo observan, de allí se generan las consecuencias negativas para el país como disminuciones en la calificación de riesgo y lo usual en esos temas: Se aumentan las tasas de interés para las necesidades de endeudamiento del gobierno; lo que a su vez dispara el servicio de la deuda, demanda mayores recursos del presupuesto y disparará aún más el déficit fiscal. Todo un circulo vicioso y muy dañino. No entiendo ante este escenario, que celebra el presidente, ¿acaso la destrucción de la economía y las finanzas públicas del país?
Nota 1: Personalmente, consideraba antes de la reciente reunión de la Junta Directiva del Banco de la República que iban a reducir 25 puntos básicos la tasa de interés, llevándola al 9%. No fue así, mantuvieron la tasa en 9.25%. Con el resultado de inflación en del mes de julio, que pasó del al 4.9% (en junio estaba en 4.86%), entendemos las razones por la cuales decidieron no modificar la tasa de interés, pese a las quejas de Petro, que sigue soñando con tener una Junta Directiva de bolsillo. A Dios gracias, para beneficio de Colombia, prima el tecnicismo y la ortodoxia económica de sus miembros, no los delirios socialistas de Petro.
Nota 2: Increíble la manera en que Petro miente, tergiversa y acomoda cifras; tanto en su intervención al inicio de sesiones del Congreso, como ante otros escenarios, sobre supuestos logros de su gobierno en temas económicos y/o sociales (personas en situación de pobreza, cupos universitarios creados, cifras del sistema de salud, entre otros). En el tema de desempleo omite decir el grave incremento de personas en informalidad y que, ante la salida de cientos de miles de colombianos del país, el número de personas que salen a buscar trabajo se han reducido. Congresistas, analistas y otras personas, con cifras en mano, han refutado las expresiones del mandatario dejando en evidencia su enorme capacidad de mentir y engañar.




