Por: Gustavo Rugeles – Director El Expediente
EDITORIAL
Uno de los principios fundamentales del periodismo es la distancia con el poder. La independencia. La mirada crítica sin distinción de ideologías ni de personas. El periodismo es veeduría ciudadana y contrapoder.
Durante doce años, El Expediente ha intentado honrar ese principio con rigor y consecuencia. Hoy, a doce días de la segunda vuelta presidencial más importante en décadas, debo ser transparente con nuestros lectores sobre algo que ya intuyen: este medio tomó partido.
No lo hice con ligereza. Lo hice con plena conciencia de lo que implica y de las críticas que generará. Lo hago aquí, en un editorial firmado, porque la transparencia es también un principio periodístico — y porque los lectores merecen saber desde dónde escribe quien los informa.
Hay periodistas y medios en Colombia que vienen apoyando a Iván Cepeda de manera solapada, sin hablarles con claridad a sus lectores y audiencias, haciéndoles creer que actúan con independencia cuando es evidente que están del lado de la continuidad del proyecto comunista que tanto ha amenazado la libertad de prensa en este país. El Expediente no quiere caer en esa hipocresía. Este editorial existe precisamente para no incurrir en ella.
Conozco a Abelardo De La Espriella desde hace más de doce años. Fue la primera persona que creyó en El Expediente cuando este medio era apenas una idea. Durante todo ese tiempo respetó nuestra independencia sin condiciones, nunca supeditó su apoyo a la línea editorial y defendió nuestro derecho al ejercicio libre de la prensa incluso cuando eso significó sostener posiciones que le resultaban incómodas. Esa amistad y esa admiración existen y no voy a negarlas. Pero no son la única razón.
Cuando El Expediente arrancó hace once años, no éramos nada. No teníamos pauta, no teníamos estructura, no teníamos el reconocimiento que el tiempo y el trabajo construyeron. Abelardo De La Espriella fue el primero en apostar por este medio cuando hacerlo no le reportaba ningún beneficio. Esa apuesta no tenía condiciones editoriales, era la convicción de un hombre que creía que Colombia necesitaba periodismo independiente y que estaba dispuesto a respaldarlo con hechos.
Abelardo ha sido un defensor incansable de la libertad de prensa. No solo porque en múltiples ocasiones nos acompañó cuando sufrimos el acoso judicial del poder, sino porque he sido testigo de cómo ha defendido a periodistas en Colombia que enfrentaban situaciones similares. Hay quienes lo califican de perseguidor, los mismos que se amparan en el disfraz del periodismo para lanzar su veneno contra él, como también lo han hecho contra quienes, como este medio, hemos cuestionado al cuarto poder y al monopolio mediático colombiano. Abelardo también ha sufrido la estigmatización y los ataques violentos de quienes confunden el activismo político con el ejercicio periodístico.
Colombia se debate hoy entre dos proyectos de país que no tienen puntos de encuentro. Uno es la continuidad del desastroso experimento político de Gustavo Petro, representado hoy por Iván Cepeda: un proyecto que en cuatro años deterioró la economía, profundizó la inseguridad, destruyó el sistema de salud, desconoció el derecho a la propiedad privada, ridiculizó a Colombia en los escenarios internacionales, alineó al país con Cuba, Venezuela y Nicaragua, y protagonizó los episodios de corrupción más bochornosos que este país haya conocido — todos documentados por El Expediente a lo largo de estos cuatro años.
El gobierno de Gustavo Petro ha sido también una amenaza permanente contra la libertad de prensa. Desde sus primeros meses advertimos lo que el tiempo fue confirmando: Petro buscó sistemáticamente debilitar y destruir a los medios críticos de su gestión. El Expediente no fue la excepción. Hemos recibido presiones, descalificaciones y amenazas que este medio ha enfrentado sin ceder un milímetro en su línea editorial.
El otro proyecto es el de De La Espriella: una propuesta de derecha doctrinaria que él mismo denomina «de extremo sentido común». Sus propuestas son concretas, sus metas son verificables y su convicción de que Colombia puede ser un país distinto no es retórica — es el hilo conductor de doce años de una trayectoria que he podido observar de cerca.
No es solo el futuro de un ciclo electoral lo que está en juego. Es el futuro de nuestros hijos y de las generaciones que vienen. Los países que eligieron el camino que Petro y Cepeda representan tienen nombres y tienen historias documentadas: Cuba, Venezuela, Nicaragua. La miseria que produce esa ideología no es una especulación — es la realidad cotidiana de millones de personas que no tuvieron la oportunidad de votar a tiempo.
He visto a Abelardo en sus victorias y en sus derrotas. Lo he visto defender causas impopulares con la misma convicción con que defiende las rentables. Lo he visto construir este proyecto político desde cero — sin maquinaria, sin la burocracia del Estado, sin los partidos tradicionales — con la misma terquedad con que ha construido todo lo demás en su vida. Diez millones de colombianos lo vieron también el 31 de mayo y votaron por él.
El nutrido y calificado grupo de columnistas de opinión que acompaña a El Expediente también ha entendido la dimensión histórica de este momento y ha tomado partido a favor del Tigre. No es una coincidencia — es el resultado de cuatro años de un gobierno que convenció a quienes ejercen el periodismo con independencia de lo que está en juego el 21 de junio.
El Expediente seguirá haciendo periodismo de investigación con el mismo rigor de siempre. Seguiremos documentando lo que otros callan y verificando lo que otros inventan. Y cuando Abelardo De La Espriella llegue al poder, haremos exactamente lo mismo que hemos hecho durante once años al aire: hacerle veeduría, denunciar lo que haya que denunciar, informar sin cortapisas y ser leales al único compromiso que este medio ha honrado desde su primer día — la verdad y nuestros lectores.
El apoyo no es cheque en blanco. Es confianza ganada que se renueva todos los días con trabajo.
Pero en esta segunda vuelta, este medio y su director están con Abelardo De La Espriella. Con transparencia. Sin disculpas. Colombia tiene el 21 de junio la oportunidad de elegir entre un país que mira hacia adelante con libertad, propiedad y seguridad, o uno que repite el camino que ya destruyó a Cuba, a Venezuela y a Nicaragua. Nosotros ya elegimos. Y lo decimos en voz alta.


Gustavo Rugeles
Director — El Expediente




