Por: Fernando Torres Mejía
La iniciativa “yo hablo bien de Cali” es muy loable y sin duda muy interesante, pero de verdad, como está la ciudad ¿podemos hablar bien de Cali?
Sería algo así como que repitiéramos como “loros” una realidad que no existe, y que no es más que eso, hablar por hablar, y no es porque sea pesimista y porque NO quiera la ciudad, pero es que no podemos tapar el sol con un dedo, tan solo porque a alguien se le ocurrió esta idea, por eso las cosas se tienen que decir y mostrar como son, por lo cual:
Hablaré bien de Cali, cuando tengamos un sistema público a la altura de las necesidades de la ciudad, que sea integrado porque hoy se necesita, incluso estamos demorados para tener un metro.
Hablaré bien de Cali, cuando lo que pagamos por impuestos de vehículos y el “negociado” de las foto-multas, se inviertan en la malla vial, que es un desastre.
Hablaré bien de Cali, cuando podamos caminar tranquilos sin esa sensación a toda hora que nos van a robar, atracar y hasta asesinar por un pinche celular.
Hablaré bien de Cali, cuando no continúe con un promedio de asesinatos mensuales de 65 personas como ocurre en lo que va corrido del año 2024.
Hablaré bien de Cali, cuando definitivamente la veamos limpia y no una ciudad que se ha vuelto una escombrera, por donde uno pase, se ve basura regada, mugre y suciedad, e incluso fachadas de edificios deterioradas.
Hablaré bien de Cali, cuando nos cumplan y nos entreguen las 21 mega obras que pagamos y que a la fecha ni las terminan ni nos devuelven el dinero.
Hablaré bien de Cali, cuando se concreten procesos de recuperación del centro, y se pongan en marcha los programas sociales que tanto se han reclamado.
Hablaré bien de Cali, cuando los entes de control definitivamente juzguen y castiguen a los exalcaldes de Cali que se encargaron de robarse la ciudad.
Hablaré bien de Cali, cuando no se tenga más funcionarios del exalcalde Jorge Iván Ospina en la actual administración.
Hablaré bien de Cali, cuando se lleve a cabo un programa de organización y cultura para vendedores ambulantes, que tienen las estaciones del MIO convertidas en mercado persa e incluso peor que la galería Santa Elena.
Hablaré bien de Cali, cuando se tenga autoridad y una campaña de educación para que los motociclistas respeten las señales de tránsito, conduzcan como debe ser y se les obligue a usar el carril que les corresponde.
Hablaré bien de Cali, cuando los que lleguen a la alcaldía no repartan contratos de asesoría a más de 20 personas por honorarios que superan los $17 millones tan solo para cumplir compromisos de campaña y lo peor, no hacen nada.
Hablaré bien de Cali, cuando los alcaldes contraten en su gabinete gente de acá, y no importemos funcionarios que no tienen ni idea de nuestra ciudad y además se les paguen tiquetes aéreos semanales para retornar a sus ciudades de origen.
Hablaré bien de Cali, cuando paren y erradiquen la corrupción en todos los entes del gobierno local y no se continúe con la permisividad que a hoy se tiene.
Hablaré bien de Cali, cuando por fin erradiquen la corrupción de los contratos como los de Megaproyectos y lo entreguen a Emcali.
Hablaré bien de Cali, cuando erradiquen el cartel y todas las mafias de la energía, agua y telecomunicaciones de Emcali, para lo cual se requiere una administración con los pantalones bien puestos y lo más importante, sin miedo.
Hablaré bien de Cali cuando entienda la administración que el componente de telecomunicaciones no es el “core” del negocio y definitivamente no continuemos perdiendo en algo que Emcali no sabe hacer.
Hablaré bien de Cali, cuando la actual administración entienda que no solo se tiene que trabajar para la COP16, Cali es mucho más que un evento puntual que solo durará escasos 20 días y que después volverá a la cruel realidad.
Hablaré bien de Cali, cuando se dé un trato por igual a todos sus habitantes y no solo a la Primera Línea, causante en gran parte del desastre de la ciudad.
Hablaré bien de Cali, cuando se deje de premiar a las constructoras que acabaron con Ciudad Jardín y Pance construyendo torres de apartamentos de hasta 25 pisos.
Hablaré bien de Cali, cuando recuperemos la competitividad y los primeros lugares que perdimos con Medellín, Barranquilla y Bucaramanga.
Hablaré bien de Cali, cuando la administración no siga inventando más impuestos como lo de los parqueaderos, que además de atentar contra el comercio, continuará asfixiando la economía de los caleños.
Hablaré bien de Cali, cuando no se les permita a las agrupaciones guerrilleras disfrazadas de indígenas venir a bloquear y destruir la ciudad.
Por estas y muchas otras razones que no alcanzo a nombrarlas es que, por ahora cuesta hablar bien de Cali.




