Por: Marco Fidel Ramírez
Hemos tenido en nuestra historia presidentes malos, pero hay que reconocer que Gustavo Petro ha sido el peor de todos. La última perla de Petro, el día de las elecciones, fue la del desconocimiento de los resultados de la segunda vuelta presidencial que arrojó como triunfador a Abelardo de la Espriella con su acertada fórmula vicepresidencial, Jose Manuel Restrepo.
Petro ha sido para Colombia toda una vergüenza mundial, pues su carácter subversivo lo ha acompañado durante los cuatro años de su catastrófico mandato. Su vicepresidenta no se quedó atrás. Ha sido la señora Francia Marquez una figura inútil, paseandera y penosamente arribista, que ha dejado por el piso a la comunidad afrodescendiente y que perdió su gran oportunidad echando a pique, desde el primer día, el Ministerio de la Igualdad, cuya ley creadora fue declarada inexequible por la Corte Constitucional.
Abelardo De La Espriella ha ganado, y con él, todos los colombianos creemos que también hemos ganado. Saludamos para Colombia, con el advenimiento de ‘’La patria milagro’’, la nueva era de trabajo, bendición y progreso que tanto hemos anhelado. Debe el nuevo presidente escoger a funcionarios probos, competentes e incansablemente diligentes para que logren superar el desastre precedente. La tarea de reconstruir a Colombia no será fácil, como tampoco será fácil el recorte de tanta maleza burocrática izquierdista sembrada por Petro y con la cual ha sustentado la simpatía interesada de la militancia del Pacto Histórico y en manifiesto detrimento de las finanzas del Estado.
Tendrá igualmente el nuevo gobierno el enorme desafío de resucitar el moribundo sistema de salud, de poner en cintura presidiaria a los miembros de grupos subversivos históricos y emergentes, intencionalmente fortalecidos por la espuria política de la ‘’Paz total’’ que ha sido el impulso vital para los criminales cobijados por el ‘’Pacto de la Picota’’, y para los que desde el monte asesinan a nuestros policías y soldados e intimidan a la indefensa población civil en gran parte del país.
También tendrán De La Espriella y Restrepo, la responsabilidad de sanear las finanzas públicas, recuperar el imperio de la autoridad, rescatar los medios públicos de comunicación y replantear la dinámica de la educación pública, históricamente envenenada por Fecode con su nociva orientación izquierdista y ateísta. Igualmente la entrante administración deberá, en el término de la distancia, cortar las astronómicas cantidades de dinero que Petro le ha regalado irresponsablemente a la minga indígena por la vía del Cric, la Onic y las demás organizaciones que afirman representar a los pueblos ancestrales.
Que venga pronto el nuevo gobierno es lo que deseamos los colombianos, y que se vaya rapidito Petro con toda su camarilla lo más pronto posible. Habrá que vigilarlos muy de cerca porque harán todo el daño que puedan antes de irse, pues destruir es su especialidad. Con el “Fuera Petro” convertido en estribillo nacional, conviene entonces replicar el respetuoso titular de esta columna, pero en versión popular y gritando a voz en cuello: ¡Lárgate Petro, Colombia no te quiere!
