por Luis Manuel Ramos Perdomo
La frase con la que remataban las amonestaciones en la casa o el colegio nuestros padres y maestros, debe volver a pronunciarse para que el responsable del estropicio causado a Colombia, asuma las consecuencias de sus actos.
Por mandato constitucional (art. 196), corresponde al Senado de la República, conceder permiso previo a quien haya ejercido la Presidencia de la República de Colombia dentro del año siguiente a que haya cesado el ejercicio de sus funciones.
De no hacerse realidad las delirantes declaraciones de GUSTAVO FRANCISCO PETRO URREGO, cesará en sus funciones el 7 de agosto de 2026, fecha en la que se posesionará como nuevo Presidente de Colombia el Dr. ABELARDO DE LA ESPRIELLA OTERO. Así las cosas hasta el 7 de agosto de 2027, PETRO URREGO deberá pedir permiso al Senado de la República para abandonar, por cualquier razón y cualquier tiempo, el territorio patrio.
El itinerante y viajero expresidente deberá someterse a cumplir con el ordenamiento constitucional y, dadas las circunstancias resulta conveniente y necesario que no se le permita la salida, a efectos de que pueda atender el sinnúmero de compromisos judiciales que lo comprometen con toda suerte de irregularidades e ilegalidades que se cometieron durante su gobierno y de las que se presume, tiene conocimiento y/o le asiste responsabilidad.
Propenso a la victimización y con unas narrativas que insólitamente resultan creíbles para un número importante de personas, que terminan convertidos, al mejor estilo de una secta, en fervorosos áulicos, es posible que acuda nuevamente a la victimización y se auto denomine o auto perciba un perseguido político y, en tal condición busque en y/o desde el exilio, algún tipo de refugio o asilo.
En lo personal pienso que es merecedor de asilo, pero del tipo psiquiátrico.
Lo cierto es que personas como Petro, proclamados líderes de la recalcitrante izquierda latinoamericana, son fieles seguidores de un manual y en esta materia, no se haría excepción.
De otra parte, en gracia de discusión, nadie mejor que él para defender los tan cacareados logros de su gobierno, frente a los cuales existen serios y documentados reparos.
Privar a Petro de vivir como Ciudadano del común del paraíso en el que su gobierno convirtió a Colombia, sería S de egoísmo colectivo.
Adicionalmente se le evitaría la incomodidad del rechazo al tratar de trasegar en el exterior con la designación que se hiciera de él por parte de OFAC en la “Lista Clintón”.
Las recientes revelaciones del Canal Caracol y sobre las que en una Columna publicada hace más de tres años, titulada EL CONEJO DE LA PAZ y publicada en EL EXPEDIENTE, se vuelve a poner sobre el tapete, la problemática que sugiere, además de actos de corrupción en las negociaciones de paz del gobierno Petro, otra clase de problemáticas con graves implicaciones, por las que GUSTAVO PETRO, como máximo responsable de su propio desgobierno, debe responder.
Ahora que la izquierda ha reconocido el triunfo de su adversario y ha dado muestras de tener una especie de talante democrático, será entonces, un ACTO DE JUSTICIA dejar a Petro SIN SALIDA.
Para el efecto valdrá la pena recordar a los Honorables Senadores la importancia de la decisión y gran responsabilidad que tienen en sus manos.
