Es probable que nunca hayas escuchado hablar de ella, y sin embargo, cada vez que enciendes una luz, cargas el celular o ves televisión en tu casa, hay una alta probabilidad de que ese servicio haya pasado, en algún punto de la cadena, por decisiones que María Nohemí Arboleda Arango ayudó a tomar.
Durante casi una década ha sido gerente general de XM, la empresa que opera el Sistema Interconectado Nacional y administra el Mercado de Energía Mayorista de Colombia — es decir, la entidad técnica responsable de que la electricidad llegue, todos los días, a cada rincón del país. Ahora, esa experiencia invisible para la mayoría de los colombianos se vuelve visible: Abelardo de la Espriella la escogió para liderar el Ministerio de Minas y Energía, una de las carteras más estratégicas de su gobierno.
Nacida en 1970 en Planeta Rica, Córdoba, y criada en Antioquia, Arboleda es ingeniera electricista de la Universidad Nacional de Colombia, graduada en 1987, con especialización y maestría en Ingeniería de Transmisión y Distribución Eléctrica de la Universidad Pontificia Bolivariana.
Su carrera técnica arrancó en 1995 en Interconexión Eléctrica S.A. (ISA), donde durante quince años pasó por prácticamente todos los engranajes del sistema eléctrico colombiano: especialista en estudios de transmisión, especialista energética, especialista en planeación del Centro Nacional de Despacho, directora de Planeación de la Operación y directora de Transacciones Comerciales y de Mercado.
Fue, además, una de las personas que participó directamente en la creación de XM en 2005, la empresa que hoy dirige.
De ahí en adelante, su ascenso fue el de alguien que conoce el sistema desde sus cimientos: gerente del Centro Nacional de Despacho entre 2010 y 2016 —el centro de mando que literalmente decide, minuto a minuto, cómo se distribuye la energía en todo el territorio nacional—, y desde marzo de 2016, gerente general de XM, cargo que ha ocupado durante casi diez años continuos, un récord de estabilidad poco común en cualquier empresa del sector energético colombiano.
Bajo su liderazgo, la propia junta directiva de la compañía destacó que su gestión se tradujo en resultados institucionales que reforzaron la confiabilidad del sistema eléctrico incluso en los momentos más críticos: la pandemia y los fenómenos climáticos extremos que han puesto a prueba la infraestructura energética del país en los últimos años.
Fue, según reconoció el propio De la Espriella al anunciar su nombramiento, una de las primeras mujeres en ocupar cargos de liderazgo dentro de un sector históricamente dominado por hombres.
Su llegada al gabinete rompe, de manera deliberada, con la lógica de las cuotas políticas tradicionales. «Ella es una verdadera nunca, nunca había estado en política», dijo De la Espriella al presentarla — un dato que, en un gabinete construido en buena parte sobre alianzas y respaldos de campaña, la distingue como una de las pocas designaciones puramente técnicas.
El propio presidente electo la describió como «una paisa de pura cepa» que, por cosas de la vida, nació en Córdoba y se crió en Antioquia, y la definió como esposa, madre y «defensora absoluta de la meritocracia» — una carta de presentación que, más que un gesto retórico, resume el tipo de perfil que Arboleda representa: el de alguien que llegó al poder no por construir una carrera política, sino por construir, ladrillo técnico a ladrillo técnico, treinta años de conocimiento profundo sobre cómo funciona realmente la energía en Colombia.
Su reto ahora es trasladar ese conocimiento operativo, acumulado en la sala de máquinas del sistema eléctrico, a las decisiones de política pública que definirán el futuro energético del país — desde la transición energética hasta la confianza de los mercados e inversionistas, en un sector que, como bien sabe ella mejor que casi nadie en Colombia, no perdona los errores de planeación.
