Por: Carlos Eduardo Gómez
“De lo único que nos duele morir en Colombia, es que no sea de Amor…”
En el realismo mágico de Gabriel García Márquez, Macondo era un lugar donde lo imposible parecía cotidiano, un espejo distorsionado de la realidad colombiana. En la actualidad, esa realidad supera la ficción en las regiones abandonadas por el Estado, donde el aumento de las acciones armadas de grupos ilegales recuerda las páginas de “Cien años de soledad”, donde la violencia y el olvido se entrelazan en el tejido social.
La Colombia Humana de hoy, con sus territorios aún marginados, parece reflejar la Macondo de García Márquez: un lugar suspendido en el tiempo, olvidado por un gobierno más preocupado por su imagen en las redes sociales que por la protección y el bienestar de sus ciudadanos. El presidente, como un moderno Patriarca, gobierna a través de la prosa de los tweets y las promesas en sus alocuciones, en una utopía digital que contrasta con la dura realidad de las regiones en conflicto.
La desconexión entre el mundo virtual del gobierno y la cruda realidad de las zonas rurales es palpable. Mientras en las redes sociales se proyecta una imagen de control y prosperidad, en el terreno la historia es otra: comunidades enteras a merced de la violencia, sin la presencia estatal que les garantice seguridad ni derechos básicos.
Y es qué, la realidad de las regiones abandonadas por el Estado y asediadas por la violencia de grupos armados ilegales evoca la Macondo de Gabriel García Márquez. Este abandono estatal, combinado con la influencia creciente de actores armados no estatales, ha creado un vacío de poder que se llena con la ley de la fuerza en lugar de la fuerza de la ley.
La Influencia de los Grupos Armados Ilegales, han expandido su presencia territorial durante el 2023 y 2024, prolongando las violaciones a los derechos humanos y asumiendo el control social de las comunidades. Estos grupos, que incluyen al ELN, las disidencias de las FARC y el Clan del Golfo, han tomado el control de la producción y las rutas para el tráfico de armas y drogas, además de involucrarse en actividades ilícitas como la extorsión y la explotación minera ilegal. Su presencia impone un orden paralelo al del Estado, donde las normas son dictadas por la coerción y el miedo, restringiendo la movilidad y la libertad de las poblaciones locales.
La expansión de estos grupos en territorios abandonados por las FARC tras el acuerdo de paz ha dejado un legado de inseguridad y conflicto. El resultado es un ciclo de violencia que perpetúa la marginalización y el desplazamiento forzado, socavando cualquier esperanza de desarrollo sostenible y paz duradera.
Frente a esta realidad, es imperativo que el gobierno colombiano desarrolle e implemente un plan de acción robusto que aborde tanto las causas como las consecuencias del abandono estatal y la violencia armada. Este plan debe incluir estrategias para fortalecer la presencia institucional en las regiones afectadas, garantizando la seguridad y el acceso a servicios básicos. Además, es crucial promover la participación ciudadana y el empoderamiento de las comunidades para que sean agentes activos en la construcción de la paz.
El gobierno debe también enfocarse en la restauración de la confianza ciudadana a través de la transparencia y la rendición de cuentas, asegurando que los recursos destinados a la paz y el desarrollo lleguen efectivamente a quienes más los necesitan. La lucha contra la corrupción y la impunidad es fundamental para recuperar la legitimidad del Estado y para que las políticas públicas tengan un impacto real en la vida de los colombianos.
Es hora de que el gobierno abandone la comodidad de su utopía digital y se enfrente a la verdadera Macondo que vive y sufre en el silencio de su abandono. Solo así podremos evitar que las crónicas de nuestras regiones se conviertan en una repetición de las tragedias narradas por García Márquez.
Adenda: La novela póstuma “En agosto nos vemos” de Gabriel García Márquez, publicada en conmemoración del 97 aniversario de su nacimiento, es un testimonio de su genialidad literaria y su capacidad para explorar la complejidad del ser humano. Su legado como una última joya literaria, invita a los lectores a reflexionar sobre la identidad, la memoria y la transformación personal.




