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La fábula del “Ñeñe”

por El Expediente
marzo 15, 2020
en Opinión
Tiempo de leer:5 mins read
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Síndrome de Abstinencia
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Por: Abelardo De La Espriella.
abdelaespriella@lawyersenterprise.com

Hay que reconocer que la enfermiza y radical izquierda colombiana está bien organizada: siguiendo disciplinadamente el perverso libreto escrito desde hace muchos años en los albores del Foro de Sao Paulo, opera con la eficacia de la maquinaria de un reloj suizo, engranando, en un gran plan, a todos los sectores que hacen parte de esa plaga destructora, y dividiéndose el trabajo, teniendo en cuenta las habilidades de cada uno de los individuos que conforman la elite de la ralea mamertoide.

Una de las habilidades especiales de los zurdos consiste en alterar la realidad, al punto que terminan ellos mismos (como buenos mitómanos que son) por creer sus propias mentiras. Por supuesto, el trabajo no estaría completo, si no se inoculan las infamias a través de los canales adecuados: colegios, Fecode, oenegés locales y foráneas, medios de comunicación, palangristas fletados, universidades y redes sociales, entre otros. Son unos genios de la propaganda negra, como lo fueron en su momento, Castro, Stalin, Mao, Hitler y Mussolini. La combinación de todas las formas de lucha, que llaman.

Hoy, muchos jóvenes entre los 15 y 20 años piensan que el presidente Álvaro Uribe es una suerte de “monstruo mitológico”, autor de los más terribles y execrables crímenes, porque, a través de una narrativa falaz, pendenciera, miserable y manipuladora, la izquierda radical ha trastocado el orden de las cosas. Ninguno de esos “huevoncitos” que creen tener la última palabra en torno a Uribe y su proceder sabe a ciencia cierta cómo estaba Colombia de jodida hasta que la Seguridad Democrática llegó para salvarnos, mientras ellos plácidamente tomaban Milo o comían mocos.

Los mamertos han impuesto a nuestra sociedad falsos valores (desde luego inaceptables), que socavan la autoridad y el respeto. Por ello, promueven sistemáticamente la inobservancia de la ley, los ataques a la Fuerza Pública y los montajes como arma de lucha: para ellos no importa qué tan grande sea una falsedad, si la pueden hacer pasar por una verdad y destruir con ello al oponente hasta llevarlo a la cárcel. No pocas veces han aplicado su consabida demonización retórica: desde el fracking, como si dicho método de extracción petrolera fuera a causar el fin del mundo, hasta hacer ver los “Falsos Positivos” como una política oficial del Estado. Son capaces de cualquier sórdida postura: ¿Qué tal los zoquetes que en París vapulearon al presidente Duque, llamándolo asesino? Y así con mil bellaquerías más.

La nueva leyenda fantasiosa de la izquierda es la del “Ñeñe” Hernández, a quien quieren hacer pasar por un peligroso narcotraficante, sin que jamás aquel hubiese sido investigado por ese tipo penal ni en Colombia o Estados Unidos. Y hay todo un tinglado sincronizado detrás para darle al parapeto visos de certeza: seudoperiodistas, funcionarios judiciales, rábulas acomplejados y voceadores de redes, cuyo propósito es desacreditar al gobierno y, por supuesto (no podía faltar), a Uribe. Está visto que los zurdos son malos perdedores: todavía no superan la derrota del “Señor de las Bolsas”.

“El Ñeñe” Hernández no era amigo mío, pero sí de mi padre. Yo lo vi personalmente como cinco veces en mi vida. Era un tipo folclórico, parrandero, tomador y bocón o, como se dice en Barranquilla “espantajopo”; pero de ahí a que fuese un delincuente consumado hay un trecho grande. Miembro de una prestante y tradicional familia vallenata, Hernández era reconocido en todo el país como comerciante y ganadero. De ser cierto el perfil que por estos días quieren darle a un muerto que ya no puede defenderse, estaríamos ante un caso muy particular: un “mafioso” que se exponía en las redes sociales, que iba a encuentros públicos con altos dignatarios del Estado y, además, tenía una relación sentimental bastante notoria con una ex señorita Colombia. Tal situación contraría las reglas de la experiencia (que nos enseñan exactamente lo contrario), sobre todo en estos tiempos de globalización de la información. Un supuesto capo con visa americana, resulta más exótico aún: la última vez que nos saludamos fue en un centro comercial en Miami, él estaba muy tieso y muy majo. Si a lo anterior le agregamos que le debía hasta el día de su muerte a los bancos miles de millones de pesos, la paradoja me resulta aterradoramente surrealista.

Que la izquierda quiera tumbar al presidente por una grabación que no aparece y por otros audios entre terceros que no dicen mayor cosa y de cuya legalidad desconfío, me indica que este es un tema eminentemente politiquero y revanchista. Porque, si los mismos que censuran a Duque por algo que evidentemente no hizo (las cuentas de la campaña son claras a rabiar) callan frente a la compra de la reelección del tartufo Santos y los aportes millonarios de Odebrecht y se hacen los tontos con la huida de Juan Carlos Montes y los fajos de Gustavo Petro, obviamente no merecen la menor consideración, credibilidad ni respeto, pues está probado que a esos calumniadores profesionales los mueven mezquindades subalternas y no los altos intereses de la Patria. (“¡Ay de los que llaman a lo malo bueno y a lo bueno malo, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!” Isaías 5:20 NVI)

Me atrevo a asegurar que ni en sueños “el Ñeñe” acarició la idea de ser tan ‘famoso”; con lo irresponsable y mamador de gallo que era; mucho me temo que estaría feliz, desconociendo, eso sí, que sería instrumentalizado por los enemigos de la República para erosionar nuestra democracia y la institucionalidad.

La ñapa I: Esto le escribió mi padre a alguien que lo recriminó, por aparecer en un video filmado en Coveñas en un almuerzo típico costeño con “el Ñeñe”: “Yo no niego a mis amigos: “el Ñeñe” sí era amigo mío, al igual que su señora madre y su mujer. Cada quien responde por sus actos. Conmigo siempre tuvo un trato respetuoso y nunca me habló de temas que lesionaran la decencia. A su madre y su mujer, solo les debo consideración. En mis estadías en Valledupar, recibí de ellos afecto y atenciones que la nobleza obliga a corresponder. La reciprocidad y la gratitud deben ser los mínimos atributos de un ser humano. Algunos sectores del país no pueden imponer sanciones, como el repudio social que los códigos no contemplan. Ni siquiera en el evento de que existiera una condena, pues las personas tienen el sagrado derecho de reivindicarse con la sociedad, demostrando con su conducta un gesto de contrición o controvirtiendo con ella lo injusta de la decisión”. Gracias padre, por heredarme ese alto sentido de la lealtad y la magia de escribir bien.

La ñapa II: ‪ Iván Cepeda es un cínico de lo peor: señala de narcotraficante al “Ñeñe” Hernández sin que este jamás hubiese sido sentenciado por dicho delito, pero justifica y fraterniza con los narcoterroristas de las FARC, esos sí, condenados hasta el cogote por crímenes execrables. ¡Repugnante doble moral!‬‬‬‬‬

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