El expresidente Álvaro Uribe Vélez publicó un mensaje en X que cayó como un jarro de agua fría en el ambiente de victoria de la derecha. En lugar de celebrar o guardar prudencia tras el triunfo de Abelardo De La Espriella, Uribe eligió arremeter con fuerza contra Carlos Suárez, el estratega que durante años construyó la marca del “Tigre” y que fue clave en el diseño de la campaña que llevó a Abelardo a la Presidencia.
Carlos Suárez: el estratega que creó la marca del Tigre Abelardo, la campaña más potente de la historia política en Colombia
“Carlos Suárez se convirtió en bandido mientras sus defendidos se resocializaban. Además con una sociedad suya financió vídeos difamantes como vincular a mi familia con negocios con el partido. Es un cobarde, solapado que limpia imagen con marketing político sucio”, escribió Uribe. Y añadió que prefería ser “un viejo como yo, si se quiere un fósil, que lucho por la democracia y por la Patria”, antes que “un bandido solapado que pretende limpiar su imagen, como Carlos Suárez”. El mensaje incluía incluso la razón social de la empresa del estratega: Estrategia & Poder S.A.S.
Carlos Suárez no es un actor secundario. Durante más de dos décadas trabajó en la construcción de la imagen de Abelardo De La Espriella y en la última campaña lideró una estrategia basada en datos, emoción y narrativa que logró conectar con millones de colombianos. Abelardo ganó en segunda vuelta por 250 mil votos frente a Iván Cepeda en una elección de alta participación. Suárez ha sido reconocido incluso por sus adversarios como el cerebro detrás de una de las campañas más efectivas de las últimas decadas en todo el mundo.
Lo que más llamó la atención en las horas siguientes no fue solo el contenido del ataque, sino el contraste con la forma en que Uribe se refirió durante años a Gustavo Petro. Aunque Uribe se presentó como el principal líder de la oposición al gobierno de Petro, nunca llegó a utilizar contra el entonces el gobierno comunista términos tan personales y descalificadores como “bandido”, “cobarde solapado” o “marketing político sucio”. Por el contrario en algunas oportunidades pidió que no se estigmatizara el gobierno petro como un gobierno comunista, reprendió a militantes de su partido que se referían a petro como guerrillero e incluso se reunió en dos oportunidades para buscar acuerdos y consensos con el gobierno Petro.
La arremetida contra Suárez, un hombre central en el equipo del nuevo presidente electo de derecha, resultó notablemente más agresiva que muchas de las expresiones que Uribe reservó para el gobierno de izquierda al que tanto se opuso.
¿Uribe y Petro, a negociar la salud de los colombianos?
Las reacciones no se hicieron esperar. El trino de Uribe acumuló más de dos mil likes y casi cuatrocientas respuestas, con más de trescientas ochenta mil visualizaciones. Sin embargo, el saldo en las respuestas fue predominantemente de decepción.
Usuarios que se identifican con la derecha o que han respaldado históricamente a Uribe expresaron fastidio por la división en el momento de la victoria. Frases como “ya fue suficiente”, “no divida”, “jubílese”, “mal perdedor” o “está actuando como Petro” se repitieron con frecuencia.
En cuanto a las reacciones en la plataforma X, el mensaje de Uribe acumuló más de 2.051 likes y casi 400 respuestas. Un análisis detallado de una muestra representativa de esas respuestas reveló que aproximadamente el 55 % expresaron rechazo o decepción, con comentarios que criticaban la confrontación en un momento de victoria de la derecha, pedían unidad y sugerían al expresidente que resolviera sus diferencias en privado o que considerara un retiro.
Alrededor del 30 % mostraron apoyo explícito o coincidencia con el contenido del trino, mientras que el resto fueron mensajes neutrales o que llamaban a la prudencia y a priorizar el interés del país por encima de disputas personales. Estos datos provienen del análisis realizado por Grok sobre las interacciones públicas registradas en el post.
El resultado es que Uribe aparece, ante amplios sectores, como un líder que no termina de aceptar que el protagonismo ha pasado a otras manos. En lugar de proyectar unidad en un momento en que la derecha necesita cohesionarse para gobernar con solvencia, genera grietas internas.
La percepción que se instala es la de un expresidente movido por el resentimiento personal, por la nostalgia de un poder que ya no ejerce de la misma manera, o por el cálculo de presionar al nuevo gobierno para obtener influencia, cuotas o beneficios en la transición.
Ninguna de estas lecturas favorece a Uribe. Todas lo muestran como alguien que prioriza rencores o posicionamiento personal por encima del interés superior de consolidar el triunfo de la derecha.
Uribe tiene derecho a defenderse de ataques y a expresar sus opiniones con libertad. Pero la forma y el timing elegidos —un mensaje agresivo contra una figura clave del gobierno entrante de derecha, en plena euforia de victoria ajena— lo dejan en una posición incómoda.
La historia reciente muestra que los liderazgos que no saben ceder espacio terminan erosionando su propio legado. Uribe aún tiene margen para rectificar. Dependerá de él decidir si esta arremetida fue un desahogo puntual o el comienzo de una confrontación más larga que podría terminar costándole a su propia imagen histórica y a su legado como el expresidente mas querido y respetado por los colombianos.
