Por: Fernando Torres Mejía
Con una inversión del orden de US$3.500 millones de dólares, aportados por la estatal china «Cosco Shipping Ports», (60%) y la empresa minera local Volcán (40%), controlada por la firma Global Glencore, se tiene como expectativa terminar la primera etapa del megapuerto de aguas profundas de Chancay hacia finales de noviembre de 2024, coincidiendo con la llegada de los líderes a la cumbre de APEC, que por cierto, será la tercera vez que se llevaría a cabo en Perú para que se convierta en una gran carta de presentación a fin de promover la inversión en ese país, que ha demostrado con sus avances no solo en la agricultura, sino en la infraestructura que sus gobiernos si han estado pensando en el desarrollo y crecimiento, no como sucede en otras regiones del continente, donde lo que si avanza es la negligencia y la corrupción.
Con este puerto de aguas profundas, China espera tener una puerta de entrada clave a la región rica en recursos, donde durante diez años le viene ganando la “batalla” a Estados Unidos en términos comerciales, devorando la soja, maíz y cobre latinoamericanos.
Este proyecto ubicado a 80 kilómetros al norte de Lima, hace parte de lo que se conoce como «La Nueva Ruta de la Seda de China», siendo el primer terminal controlado por Pekín en América del sur, es decir, el Gran Dragón Asiático con su “nadadito de perro” se sigue apoderando de las joyas de la corona de la región, recordemos que ya cuenta con grandes inversiones en Venezuela.
Esta gigantesca terminal de cargas, es un elemento dinamizador por el solo hecho de poder recibir barcos de mayor calado a los que hoy se reciben, de igual manera se van a reducir los días de traslado, lo que permitirá disminuir en dos semanas, los tiempos de viaje de los grandes buques de carga entre China y Perú, como también convertir esta moderna infraestructura portuaria en un Hub comercial estratégico entre América del sur y Asia, como quien dice, empezará a quitarle espacio al Canal de Panamá y por supuesto a otros puertos de la región, en otras palabras significa apertura de mercados y un cambio en la geoeconomía global.
Como si fuera poco, colateral al proyecto, el país Inca planea una zona económica especial, para procesar materias primas, entre ellas granos y carne brasilera, antes de ser exportadas al sudeste Asiático, es decir, cada vez afianzará los lasos que por años sostienen estos dos socios que han sabido mantener una relación de respeto y ayuda mutua, que por cierto, algunos políticos y medios de comunicación, cada que China anuncia el deseo de una inversión, solo saben decir que se va a entregar la soberanía al comunismo, dejando pasar inversión que tanto requieren los países en vía de desarrollo.
Es importante destacar que empresarios brasileros de estados como Mato Grosso, Rondonia, Acre y Amazonas, han manifestado el interés de no continuar usando el canal de Panamá para llevar sus productos al continente asiático y desde ya consideran invertir en el mejoramiento de los cerca de 2.600 kilómetros de la carretera interoceánica que une a Brasil con Perú, a la vez, impulsar la iniciativa ferroviaria que hoy se encuentra en estudio. Pensar que en Colombia el actual gobierno con su demagogia habla de “construir” el tren entre Buenaventura y Barranquilla, en vez de empezar a recuperar y poner en marcha todo el sistema ferroviario del país que tanta falta le hace a la economía y que sería un motor de desarrollo para el comercio y el turismo en general.
Mientras China, Brasil y Perú, se «unen» para sacar adelante estos programas para continuar consolidando sus lazos comerciales y sus economías, en Colombia, llevamos años y así seguiremos por los siglos de los siglos, reclamando la profundización del canal de acceso al puerto de Buenaventura; aún no se terminan las obras de doble calzada Buga Buenaventura; está pendiente de definición Mulaló Loboguerrero, ni que decir de la conectividad del centro y resto del país con la Orinoquia; los problemas con la vía entre Medellín Quibdó, tan solo por mencionar algunos y no reaccionamos ante las amenazas que estamos enfrentando, aunque nos queda la esperanza que los nuevos mandatarios locales y regionales logren hacer una muy buena gestión para ver si superamos este atraso tan deplorable.
Vale la pena recordar a Walt Disney cuando decía «la manera de iniciar es dejar de hablar y empezar a hacer» y así lo entendieron muy bien los peruanos al contar con un gran socio que hoy les permite tener un mejor país y construir obras como el «Megapuerto» de Chancay en Perú.




