El Centro Democrático perdió la Presidencia mucho antes de que se contaran los votos. La perdió cuando decidió ignorar a María Fernanda Cabal, apartar la firma Atlas Intel que mostraba su fortaleza y sustituir la realidad por una decisión burocrática.
En política hay dos formas de tomar decisiones: con base en los datos o con base en los deseos. Los datos describen la realidad. Los deseos intentan reemplazarla. El problema aparece cuando una organización política termina creyendo más en sus preferencias que en la evidencia que tiene frente a los ojos.
Eso fue exactamente lo que ocurrió en el Centro Democrático durante la definición de su candidatura presidencial para 2026.Durante meses, Atlas Intel fue objeto de cuestionamientos porque mostraba una realidad incómoda para quienes ya habían decidido quién debía ser la candidata presidencial. Hoy, después de los resultados electorales, vale la pena preguntarse si lo que se intentó desacreditar era la encuesta o la realidad que la encuesta estaba revelando.
La credibilidad de Atlas Intel no proviene de afinidades ideológicas ni de simpatías políticas. Proviene de los resultados. Fue una de las pocas firmas que ubicó a Abelardo de la Espriella por encima de Iván Cepeda cuando buena parte de las mediciones y análisis apuntaban hacia escenarios distintos, al igual que peso con las elecciones en Estados Unidos en donde daban como ganador a Donald Trump, o en Argentina a Javier Millei. Colombia no escapo a su sondeo y el tiempo terminó validando esa lectura.Y si Atlas Intel estaba viendo correctamente el comportamiento del electorado nacional frente a Abelardo de la Espriella, surge una pregunta inevitable: ¿por qué habría estado equivocada cuando mostraba a María Fernanda Cabal como la figura más fuerte del Centro Democrático?
Los números eran contundentes.En marzo de 2025, Cabal registraba una imagen positiva de 36 % y apenas un 19 % de ciudadanos que respondían «no sabe». Dicho de otra forma: más del 80 % del país sabía quién era María Fernanda Cabal. En julio mantenía 36 % de favorabilidad y apenas 16 % de desconocimiento. En octubre seguía registrando 34 % de imagen positiva y solo un 20 % de ciudadanos sin opinión formada sobre ella.
Paloma Valencia, por el contrario, ni siquiera aparecía en las mediciones de líderes políticos realizadas por Atlas Intel. Su nivel de reconocimiento era tan bajo que no alcanzaba el umbral necesario para ser incluida en los estudios.
No tenía medición positiva, negativa ni regular. Simplemente no existía para buena parte de la opinión pública nacional.Y en política presidencial existe una verdad elemental: es imposible ganar una elección nacional cuando el país ni siquiera sabe quién eres.
La diferencia tampoco era menor dentro del propio partido.María Fernanda Cabal fue la senadora más votada del Centro Democrático con más de 207.000 votos. Paloma Valencia apenas superó los 50.000. Cabal tenía estructura territorial, liderazgo interno, reconocimiento nacional y una conexión evidente con la base tradicional del partido.
Había recorrido el país durante años construyendo una candidatura.Sin embargo, el partido decidió ignorar esa realidad. Y abalar la vulgar burla a esta firma, que con difamaciones, y sin prueba alguna Miguel Uribe Londoño inicio para que no fuera Cabal la candidata oficial del partido.
A mi juicio, Miguel Uribe Londoño entendió antes que nadie lo que significaba Atlas Intel para la consulta interna del partido. Entendió que era una encuesta internacional que estaba mostrando una ventaja clara de María Fernanda Cabal y que, de mantenerse ese proceso, difícilmente el resultado sería distinto, pues esta era una encuesta difícil de manipular los resultados en los que buscaba favorabilidad particular.
Por eso considero que lideró la resistencia contra la utilización de Atlas Intel dentro del mecanismo de selección de la candidatura presidencial. Lo que vino después es conocido por toda la militancia: la suspensión de ese proceso y la búsqueda de otros mecanismos de medición que terminaron arrojando resultados completamente distintos a los que mostraba la firma internacional.
El problema es que los datos no desaparecen porque alguien decida ignorarlos.Hoy, observando el desenlace electoral, resulta inevitable preguntarse si el Centro Democrático terminó sacrificando a su candidata más competitiva para imponer una candidatura más cómoda para ciertos sectores de la dirigencia.
Porque la misma encuestadora que advertía sobre la fortaleza de María Fernanda Cabal fue también una de las pocas que leyó correctamente el escenario presidencial que terminó materializándose en las urnas.
La pregunta resulta inevitable: si Atlas Intel fue capaz de leer correctamente la realidad electoral nacional, ¿por qué se decidió apartar precisamente a la encuesta que mostraba una ventaja clara de María Fernanda Cabal dentro del Centro Democrático?
Todo esto ocurría mientras el gobierno Petro enfrentaba niveles históricos de desgaste. Atlas Intel registraba desaprobaciones del 61 % en marzo de 2025, 63,3 % en junio, 65,6 % en julio y 58,7 % en octubre. El escenario era ideal para una oposición fuerte, cohesionada y claramente identificada con el sentimiento de cambio que recorría al país.
Los datos mostraban una verdad simple: el país conocía a Cabal. Las bases del partido respaldaban a Cabal. La estructura territorial acompañaba a Cabal. Y Atlas Intel reflejaba esa realidad de manera consistente.
Sin embargo, el Centro Democrático tomó otro camino.La derrota de Paloma Valencia no fue un accidente electoral. Fue la consecuencia de ignorar los datos, ignorar la realidad territorial e ignorar a la dirigente que, según todas las señales disponibles, tenía mayores posibilidades de competir con éxito en una elección presidencial.
Atlas Intel no eligió candidatos. No hizo campaña. No participó en las disputas internas del Centro Democrático.
Simplemente midió la realidad.Y mientras muchos dentro del partido decidieron ignorarla, esa misma realidad terminó manifestándose en las urnas.Por eso la gran pregunta que deja la elección de 2026 no es por qué perdió Paloma Valencia.
La verdadera pregunta es por qué el Centro Democrático decidió ignorar a la única encuesta que parecía estar viendo con claridad lo que después terminó ocurriendo.Porque al final, los partidos pueden ignorar las encuestas.Lo que no pueden ignorar son las consecuencias de ignorar la realidad.




