Todo gobierno se juega buena parte de su credibilidad en cómo cuenta lo que hace, y Abelardo de la Espriella decidió resolver esa ecuación antes incluso de llegar al poder. Con la designación de Carolina Gómez Sánchez y Miller Soto Solano como voceros oficiales de la Casa de Nariño, el presidente electo apostó por una fórmula poco habitual en la comunicación presidencial colombiana: una voz para la prensa y otra para la ciudadanía, cada una con su propio terreno pero con un mismo propósito, ordenar el mensaje del nuevo gobierno desde el primer día.
Carolina Gómez llega con el oficio aprendido frente a cámara. Araucana de nacimiento, periodista, presentadora y productora de televisión, construyó su nombre durante casi seis años en Red+ Noticias, donde se movió con la misma soltura frente al set que detrás de él.
Antes de asumir esta vocería ya había ampliado su terreno más allá del periodismo puro: fue columnista, relacionista pública y directora ejecutiva de la Cámara Colombo-Israelí, un cargo que la puso a manejar relaciones institucionales y diplomáticas de alto nivel mucho antes de que le tocara comunicar decisiones de Estado. Su misión ahora es tan simple de enunciar como difícil de ejecutar: reconstruir una relación de respeto entre el Gobierno y la prensa, en un país donde esa relación pocas veces ha sido sencilla.
Miller Soto, por su parte, aporta al dúo un perfil que combina la política de base con la formación académica de alto nivel. Fue concejal de Barranquilla durante tres periodos consecutivos, un recorrido que lo obligó a explicarle a la gente, cara a cara y durante años, decisiones públicas complejas — el ensayo general perfecto para el cargo que ahora asume.
Abogado de profesión, es además doctor en Derecho y Economía de la Empresa por la Universidad de Verona, en Italia, y ha pasado por funciones de asesoría en entidades tan distintas como el Ministerio del Interior, la Defensoría del Pueblo y la Alcaldía de Barranquilla. Esa mezcla de calle y academia es, precisamente, lo que el nuevo gobierno busca en su vocero ante la ciudadanía: alguien capaz de explicar la política pública en el lenguaje de la plaza, no solo en el de la norma.
Juntos representan una apuesta de comunicación centralizada y sin fisuras: el propio equipo de gobierno ha sido explícito en que solo lo que digan Gómez y Soto será considerado la voz oficial de la nueva administración, un esquema que buscan mantener incluso durante el delicado empalme con el gobierno saliente de Gustavo Petro.
En un país acostumbrado a gobiernos con múltiples voceros diciendo cosas distintas, la Casa de Nariño que llega el 7 de agosto apuesta, desde el diseño mismo de su comunicación, por hablar con una sola voz — o, más precisamente, con dos que saben, cada una desde su experiencia, cómo hacerse entender




