Por: El Expediente
Mel Gibson anunció que producirá una secuela de La Pasión de Cristo. Lo que destruyó la carrera de uno de los directores más taquilleros de Hollywood no fue el alcohol, no fue la violencia doméstica ni los audios filtrados. Fue haber hecho una película en la que se atribuye a los líderes judíos la responsabilidad de la crucifixión de Jesucristo.
Mel Gibson fue rechazado por todos los grandes estudios de Hollywood antes de rodar La Pasión de Cristo y decidió financiarla con su propio dinero. La razón del rechazo era precisa: el guión seguía los evangelios en su interpretación más literal, y esa interpretación señala a los líderes del Sanedrín judío como los artífices de la condena a muerte de Cristo. La representación de los sacerdotes judíos como responsables directos de la crucifixión fue considerada por líderes judíos y organizaciones como la Liga Antidifamación como antisemita.
La película se estrenó el 25 de febrero de 2004 y se convirtió en un fenómeno. Más de 650 millones de dólares en taquilla mundial. Récord de estreno en febrero, película con clasificación R más vista de la historia, y la película independiente más taquillera hasta ese momento. El éxito comercial no le sirvió de escudo. Demostró que Gibson había podido hacer la película sin los estudios, y los estudios respondieron asegurándose de que no pudiera volver a hacerlo.
Entre 2004 y 2009 Gibson presentó nueve proyectos a Warner Bros y Paramount. Solo uno fue aprobado: Apocalypto, una aventura épica maya sin ningún elemento religioso controvertido. La industria aceptaba al Gibson director cuando el material era políticamente neutral.
El bloqueo se extendió también al protagonista de la película. Jim Caviezel, quien interpretó a Jesús, reveló que Gibson le advirtió antes del rodaje que el papel podría matar su carrera. Caviezel fue rechazado sistemáticamente por la industria tras la película. Pudo haber sido Superman en Superman Returns pero el director Bryan Singer lo descartó porque el público lo identificaría con Cristo.
El bloqueo ya existía antes de julio de 2006. Lo que ocurrió esa noche fue que Gibson le dio a sus detractores la munición que necesitaban para justificarlo públicamente. Fue arrestado por conducir bajo los efectos del alcohol y durante el procedimiento policial declaró que los judíos son responsables de todas las guerras del mundo. A partir de ese momento cualquier ejecutivo de Hollywood que quisiera trabajar con Gibson enfrentaba un costo reputacional que ninguno estaba dispuesto a pagar.
Su padre, Hutton Gibson, negacionista del Holocausto, había aprovechado el estreno de La Pasión para difundir sus teorías, añadiendo un peso adicional al apellido del director.
La industria cinematográfica de Hollywood tiene una composición ejecutiva en la que la comunidad judía tiene una presencia histórica y estructural significativa. Ese es un dato verificable y reconocido. Lo que ocurrió con Gibson después de 2004 no fue una conspiración organizada sino algo más directo: ningún ejecutivo quería asociar su nombre ni el dinero de su estudio con un director que había hecho una película que atribuía a los líderes judíos la responsabilidad de la crucifixión de Cristo, y que luego lo había confirmado en voz alta en una calle de Malibú.
La tensión entre la tradición judía y la figura de Jesús no es nueva ni superficial. El Talmud de Babilonia, uno de los textos centrales del judaísmo rabínico, contiene referencias documentadas y analizadas por académicos como Peter Schäfer de la Universidad de Princeton en su libro Jesus in the Talmud, publicado en 2007.
En el tratado Sanhedrin 43a aparece una referencia a «Yeshu el Nazareno» que describe su ejecución como un acto justificado por hechicería y apostasía. En el tratado Gittin 56b-57a aparece un pasaje en el que el personaje identificado por Schäfer como Jesús es castigado en el inframundo.
Schäfer concluye que estas referencias son deliberadas y forman parte de una respuesta polémica de las comunidades judías al cristianismo en expansión.El Toledot Yeshu, texto judío medieval que circuló entre los siglos IV y X en comunidades de Europa y Oriente Medio, va más lejos. Presenta a Jesús como hijo ilegítimo de un soldado romano, niega su origen divino, lo describe como un impostor que aprendió magia en Egipto y narra su ejecución no como una injusticia sino como un acto de justicia legítima contra un blasfemo y embaucador.
Aunque no es un texto canónico del judaísmo oficial, su amplia circulación durante siglos dentro de comunidades judías lo convierte en evidencia de una narrativa histórica consolidada sobre la figura de Jesús radicalmente opuesta a la cristiana.
Ese sustrato histórico de dos mil años es el que explica por qué La Pasión de Cristo no fue recibida en Hollywood simplemente como una película incómoda sino como la reactivación de una tensión antigua entre dos tradiciones que tienen versiones irreconciliables sobre quién fue Jesús de Nazaret y qué significó su muerte. Gibson eligió la versión cristiana en su forma más literal. La industria respondió con la suya.
La última vez que Gibson protagonizó una película financiada por un estudio mayor fue en 2010. Su regreso parcial llegó con Hacksaw Ridge en 2016, una historia de guerra sin ningún elemento religioso ni étnicamente sensible, que le valió dos nominaciones al Oscar. Hollywood podía perdonar, siempre y cuando el material no regresara al territorio que los había incomodado en primer lugar.




