Por: Andrés Villota
La economía de Colombia está colapsando, aunque los medios de comunicación tradicionales se nieguen a decirlo. Unos, porque el encargado de la sección económica no sabe, ni entiende los fenómenos económicos y, los otros, porque esperan seguir siendo financiados con los recursos públicos, que ya no hay, a los que tendrán acceso, creen, solo si ocultan el desastre económico y social causado por Gustavo Petro y sus secuaces.
La inercia del crecimiento económico heredado del gobierno del presidente Iván Duque se acabó, ahora, asistimos a la caída de todos los indicadores macroeconómicos. La retórica no sirve en estos casos porque la sociedad colombiana está siendo sometida a una prueba de estrés en tiempo real. No importa que el DANE diga lo contrario.
De nada sirvió, advertir que la llegada del comunismo a Colombia, de la mano de Gustavo Petro, iba a colapsar al aparato productivo nacional. Solo, vivir lo que está sucediendo en la actualidad, ha servido para que los colombianos se den cuenta que, el comunismo, trae pobreza, inequidad, hambre, destrucción, desolación y muerte. El que lo vive, es el que lo padece. Lección aprendida.
Despidos masivos en los bancos que presentan abultadas pérdidas. La cartera del sector financiero aumenta porque ya no tienen ingresos los que se habían endeudado antes de que llegara Petro. En los bancos en problemas, están nombrando de presidentes a novatos sin experiencia en ser banqueros, que no tienen nada que perder aunque no sepan cómo enfrentar una crisis.
Las empresas que se auto percibían como sostenibles por no trabajar y producir para no modificar al clima, por contratar a teguas y porque sus empleados son veganos o ciclistas, se están quebrando porque se gastaron todo el capital de trabajo en la compra de carros eléctricos, en abortos de sus empleadas y en la castración química de los hijos de sus empleados.
Los burócratas que habían conseguido trabajo durante los anteriores gobiernos, soñaban con la llegada de un régimen comunista que catapultara sus ingresos y sus cargos. Contrario a las expectativas, en la realidad, los echaron a todos en los meses posteriores a la posesión presidencial. Sin embargo, muchos se sienten agradecidos y bendecidos por su fundamentalismo petrista. El que los echó, no fue Uribe sino Petro, su líder supremo, entonces, eso merece una celebración.
La crisis ha golpeado hasta a la familia presidencial colombiana que ya no tiene los recursos para poder pagarse unas vacaciones en los parques temáticos de Orlando, Estados Unidos. Cómo estará de difícil la situación económica de la parentela de la bailarina Primera Dama que tiene que usar los recursos públicos para veranear, a pesar que Disney rebajó sus precios de entrada a mínimos históricos, porque está al borde de la quiebra por haber cambiado a las princesas por travestis con barba.
Las aborteras, los aborígenes y los tuiteros salen a las calles a protestar porque se quedaron sin ingresos y el estallido social ya no es por estar en contra de los “paracos” y para denunciar que “nos están matando” sino, ahora, manifiestan el inconformismo con un grito unánime que dice: “ya no nos están pagando”
Las oenegés están buscando huésped. A varios les he oído que ya no les volvió a llegar la plata que antes les llegaba, cumplidamente, desde Ginebra, Viena, Londres o Nueva York. La oenegé europea que financiaba a algún estafador climático en Colombia, por ejemplo, desapareció porque capturaron a su líder por delitos asociados al lavado de activos o por promover y financiar el terrorismo, dándole plata a ANTIFA, BLM o a La Primera Línea.
Con el agravante, que las pocas oenegés que trataban de hacer algo productivo para auto sostenerse, como medir la confianza o hacer estudios de mercado, se dedicaron a promover la agenda 2030, perdieron la credibilidad, no las volvieron a contratar y, ahora, se lamentan, invitando a travestis a que le den charlas motivacionales a sus empleados que van a tener que echar porque se quedaron sin ingresos.
Aplicaciones para teléfonos móviles que se dedican a prestar dinero a terceros y se autodenominan empresas de Fintech, están en graves aprietos. La oenegé financiera que le decían “Banco de Segundo Piso”, que los fondeaba, se quedó sin plata por regalársela a los que no tenían cómo pagar porque creen, falsamente, que eso significa sostenibilidad.
La crisis de las Fintech los ha hecho recurrir a malas prácticas corporativas, como la de inventarse procesos de selección de personal para cargos inexistentes, con el objetivo de convocar a expertos que les puedan hacer el trabajo, gratis. Les dicen que, como parte del proceso de selección, deben solucionar complejos casos legales, estructurar una nueva vicepresidencia o desarrollar una estrategia de mercadeo.
Sobra decir que, no existe un contrato de confidencialidad y la encargada de recursos humanos extorsiona a los “candidatos” amenazándolos que si no resuelven el caso, no van a ser tenidos en cuenta para el proceso de selección. Recurren a esa estafa porque están al borde de la quiebra y no pueden destinar sus recursos para contratar formalmente a mano de obra experimentada y especializada.
Las universidades privadas que dejaron de ser centros de conocimiento y se convirtieron en promotores de la Agenda 2030 y activistas fundamentalistas del comunismo, hoy se quedaron sin ingresos porque los padres de familia no quieren que sus hijos se conviertan en unos perfectos fracasados, adoctrinados en saberes inútiles e impertinentes para el mercado laboral colombiano.
Y las universidades públicas se quedaron sin profesores porque la mayoría renunció para ir en la búsqueda del albur de su paracaídas dorado, que les permita no tener que volver a trabajar en el resto de su existencia. La calidad se cayó, tanto, que la rectora de la más importante universidad pública colombiana, pidió que se acabe con los rankings para no salir mal libradas en las nuevas mediciones por culpa de la baja calidad.
Los colombianos que hoy se burlan de los argentinos porque se quejaban de la hiperinflación y de la hiper devaluación, pero eligieron al culpable de su desgracia para que perpetúe su miseria, no saben que, en el mundo, ven a los colombianos como las huevas del paseo porque, aunque nadie lo quiera decir, ni aceptar, Colombia está al borde de la quiebra por culpa de Gustavo Petro. Las señales así lo indican.
