Me pongo la camiseta

Por: Johana Baldovino

En Colombia se ha vuelto un modismo decir que alguien debe ponerse la camiseta cuando se quiere hacer énfasis en la necesidad de asumir un compromiso por una causa o un propósito. Es la forma de insistir es que hay que hacer equipo para sacar adelante una meta colectiva, metiendo el hombro con alma vida y sobrero, como dirían las abuelas. Pero nunca fue tan cierto que la prohibición causa el apetito. El hecho de que un juez haya cometido la intrepidez de prohibir el uso de la camiseta de nuestra selección de futbol se vuelve un desafío para ponérsela con más veras. Porque la orden de impedir que se lleve puesta la camiseta o la sola idea de amedrantar con sanción por ejercer el derecho a usarla en libertad nos muestra la amenaza de una tiranía.

Válgame Dios. Lo que se viene es la dictadura cohonestada por la justicia. Me asusta que la rama judicial politizada prohíba que alguien se ponga una inocente camiseta que simboliza el amor por nuestra selección y por supuesto el sentimiento patrio que brota por lo que se vive cuando nos representa. Me aterra que el presidente Gustavo Petro pueda izar con descaro cuantas veces quiera la bandera de su grupo guerrillero M 19, camiseta que nunca se ha quitado, en abierta apología al terrorismo y en contravía de cualquier gesto de paz, y que eso sea bien visto por funcionarios judiciales con carga ideológica. Hoy más que nunca me la pongo con furia para defender la patria de lo que nos espera si llegase a ganar la presidencia el bien educado comunista Iván Cepeda.

Qué miedo. Me siento como en los momentos de efervescencia y calor con que José Acevedo y Gómez, prócer de nuestra independencia, arengaba “mirad los grillos, los calabozos y las cadenas que os esperan”. Semejante atrevimiento del juez en campaña que adopta este despropósito se suma a las férreas ganas de protestar ante el matoneo que sufrió nuestro futbolista James Rodríguez, la camiseta 10, por no haberse prestado para una foto con evidentes fines demagógicos y populistas. Hoy más parece que se hubiera premeditado para que el jugador no escuchara y la hija de Petro se pudiera victimizar, porque ahora terminó como deslumbrante influencer. Hoy la camiseta adquiere un nuevo símbolo, el deseo de los colombianos de cesar la horrible noche.

Con la camiseta de Colombia puesta queremos recuperar la libertad, que este gobierno solo quiere para los delincuentes. Hoy nos toca a todos ponernos la camiseta y sacar la garra para defender hasta con las uñas la Constitución del 91, como única garantía de la supervivencia de la democracia. Porque tenemos que meterle una goleada al equipo de la extrema izquierda que le entregó la Colombia profunda a la narcoguerrilla de las FARC y el ELN. Porque tenemos que triunfar contra el heredero de Gustavo Petro que pretende montar un régimen totalitario al estilo de Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Porque ponerse la camiseta de Colombia con alegría y entusiasmo envía un mensaje de apoyo a esos jóvenes que se la sudan con su ejemplo y nos regalan fe y optimismo.

Porque el primer gol de Lucho debe ser una derrota a los guerrilleros que secuestraron a su padre y el primer pase gol de James una victoria contra el fanatismo izquierdista y los relatos construidos con manipulación y odio de clase. Porque ponerse la camiseta es mostrar que queremos ejercer el derecho al voto a conciencia contra los criminales que con sus fusiles obligan a muchos a votar por el proyecto comunista. Porque es dar una bofetada a la justicia militante que disfraza de proteger derechos fundamentales y de neutralidad electoral su decisión de violarlos y tomar partido político. Porque lo que supuestamente quiere evitar, influir en la percepción del electorado y estigmatizar a quienes piensen diferente, es justamente lo que logra con su absurda medida.

Hoy me pongo la camiseta con ilusión y con fe para darle apoyo 24 horas a esa veintena de patriotas futbolistas que van por nuestro triunfo en el Mundial. Y me la pongo con ilusión y con fe para que Colombia cante Petro chau, chau, chau, en la “matina” del 22 de junio cuando despertemos y confirmemos que le hemos enterrado el proyecto partisano del M 19. Cuando Colombia haya visto los resultados de haberse puesto la camiseta, Firmes por la Patria  para sacar al impostor, para acabar con la inseguridad a que nos ha sometido la mal llamada paz total, acabar con el chu chu chu que desbarrancó el sistema de salud y acabar con el odio de la lucha de clases de Petro y Cepeda. Porque hoy más que nunca es Ahora o Nunca y llegó la hora de los Nunca.

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