La respuesta de Giuseppe Conte que deja sin piso el relato de Petro sobre Italia

Por: David Meza Pretelt

Una pregunta al principal líder de la oposición italiana confirmó que el combate al crimen organizado transnacional está por encima de las diferencias políticas. Una realidad que deja sin piso el discurso que Gustavo Petro intentó proyectar durante su reciente e infructuosa visita a Roma.

Mientras Gustavo Petro recorría Europa intentando demostrar una imagen de liderazgo internacional que no posee y presentaba a Italia como un país alineado ideológicamente en su contra, bastó una pregunta formulada durante un debate público en el sur de Italia, para evidenciar una realidad mucho más relevante: frente a las mafias, Italia no habla con dos voces. Habla con una sola, a diferencia de lo que ha sucedido durante el Gobierno Petro y su evidente favorecimiento a los grupos al margen de la ley.

Aproveché unos segundos al término de un debate político el sábado 27 de junio, para preguntarle al expresidente del Consejo de Ministros y actual líder de la oposición italiana, Giuseppe Conte, si consideraba que Italia debía apoyar, más allá de las diferencias políticas, una cooperación con el nuevo gobierno colombiano del Presidente electo legítimamente Abelardo De La Espriella, para combatir conjuntamente las organizaciones criminales transnacionales. Su respuesta fue tan breve como contundente: «Siempre debemos combatirlas, también a nivel transnacional, de todas las formas y por todos los medios.»

La importancia de esa declaración va mucho más allá de una frase protocolaria. Conte representa al principal bloque opositor del gobierno de Giorgia Meloni y mantiene profundas diferencias con la actual mayoría parlamentaria. Sin embargo, cuando la conversación gira en torno a la lucha contra las mafias y al crimen organizado internacional, desaparecen las trincheras ideológicas y aparece una convicción compartida: la seguridad y el combate a las organizaciones criminales constituyen una política de Estado. Esa es precisamente la realidad institucional que el discurso de Gustavo Petro, publicado en la red social “X” durante su paso por Italia, pareció ignorar y el motivo por el que ni el oficialismo, ni los líderes de la oposición italiana le dieron espacio en su agenda, en el ocaso del nefasto gobierno del Pacto Histórico.

La respuesta de Conte cobra aún más relevancia cuando se observa la dimensión del desafío. La ‘Ndrangheta no es únicamente una mafia italiana: es una organización criminal con capacidad de operar a escala global, y durante años las investigaciones de las autoridades italianas y la cooperación internacional han documentado sus vínculos con redes del narcotráfico en Colombia, entre ellas el Clan del Golfo. Las capturas de integrantes de esta organización mafiosa realizadas en territorio colombiano son una prueba de que ambos países enfrentan un enemigo común cuya derrota exige coordinación política, judicial y policial. Pero han encontrado en el gobierno Petro un obstáculo para perseguir a los delincuentes, ya que este hace todo lo posible por cobijarlos e incluso ha llegado a darles el título de líderes sociales.

Por eso resulta llamativo el contraste entre la actitud institucional de Italia y el mensaje que Gustavo Petro intentó proyectar durante su reciente paso por Roma. En lugar de aprovechar una visita oficial para fortalecer una agenda de cooperación en un asunto de interés estratégico para ambas naciones, el mandatario prefirió centrar la atención en un discurso de confrontación política, presentando a Italia como un país dividido por razones ideológicas. La respuesta de Conte demuestra exactamente lo contrario: cuando se trata de combatir a las mafias, las diferencias entre gobierno y oposición dejan de ser el tema central.

Ese contraste también invita a una pregunta incómoda para los colombianos. Mientras el presidente saliente dedicaba recursos públicos a una gira internacional en la recta final de su mandato y continuaba realizando nombramientos diplomáticos de última hora, la señal más importante que recibió en Italia no fue un respaldo a su narrativa política, sino la confirmación de que el Estado italiano entiende que la lucha contra el crimen organizado trasciende a los gobiernos de turno. Esa es, quizá, la mayor lección que deja este episodio para la nueva etapa que está por comenzar en las relaciones entre Colombia e Italia.

Porque al final, la verdadera noticia de este viaje nunca estuvo en los discursos grandilocuentes, ni en las referencias improvisadas a Garibaldi o Verdi, ni en el intento de convertir una visita oficial en otro capítulo de la polarización ideológica que tanto rédito le ha dado a Gustavo Petro en la política interna colombiana.

La verdadera noticia fue otra. Bastó una pregunta de pocos segundos para comprobar que, frente a la amenaza de las mafias transnacionales, Italia sigue actuando como un Estado. Gobierno y oposición pueden enfrentarse con dureza sobre impuestos, inmigración, política social o relaciones con la Unión Europea. Pero cuando se trata de organizaciones criminales que amenazan la democracia, infiltran las instituciones y financian el narcotráfico, las diferencias partidistas desaparecen. Esa es la diferencia entre una política de Estado y una estrategia de comunicación.

Quizá ahí radique la mayor lección que deja esta visita para Colombia. Un estadista utiliza la política exterior para construir alianzas duraderas en defensa de los intereses nacionales. Un agitador utiliza la política exterior para prolongar las disputas ideológicas de la política doméstica. Mientras Italia demuestra que la lucha contra el crimen organizado está por encima de cualquier color político, Colombia necesita recuperar una diplomacia que vuelva a poner en el centro la seguridad, la cooperación internacional y el interés nacional. Si el nuevo gobierno del presidente electo Abelardo de la Espriella logra convertir esa cooperación en una auténtica política de Estado, encontrará en Italia un interlocutor dispuesto a hablar el mismo idioma: el de la defensa de la democracia frente al crimen organizado.

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