Por: Luis Manuel Ramos Perdomo
A pocos días de las elecciones que en segunda vuelta definirán en buena medida el destino de Colombia y a los responsables que desde el Gobierno liderarán el proceso, es imposible no reconocer el mérito de las campañas y sus estrategias en lo que significará de manera simultánea un gran triunfo y una estruendosa derrota.
Aunque no me ocuparé de la Campaña Bolivariana en Venezuela de 1813, tomo el nombre de aquella gesta para referirme al gran trabajo realizado por la Campaña de los Defensores de la Patria.
La más recientes encuestas (GUARUMO y ATLAS) publicadas el 13 de junio, 8 días antes de las elecciones, sobre la intención de voto de cara a la segunda vuelta dan significativa ventaja al Candidato de Defensores de la Patria, Abelardo De la Espriella sobre el Candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda.
Un ambiente caldeado, en el que se ha decido acompañar a las propuestas y programas de denuncias y ataques, se ha tratado de instrumentalizar a la justicia para minar al adversario y, la desinformación se apodera principalmente de los medios alternativos de comunicación y las redes sociales, en donde activistas digitales, influenciadores, creadores de contenido y bodegueros que se autoperciben como Periodistas, Analistas y Líderes de opinión, usando y abusando de la libertad de expresión, pretenden incidir y condicionar la voluntad del electorado en favor de alguna de las causas en contienda, es sin lugar a dudas el escenario que pone a prueba la capacidad de asesores y estrategas de las campañas, especialmente en punto del marketing político.
El objetivo es ganar y ello, no es posible si no se genera confianza en el electorado.
De existir elecciones libres, el triunfo favorecerá a aquel que haya logrado crear esa marca política que atrae y el grado de identidad o cohesión del que emerge una verdadera comunidad, a la que para efectos de esta columna, denominaré, no casualmente: LA MANADA.
Por supuesto que esa marca se debe sostener con liderázgo, capacidad, talante, carisma y especialmente un programa de gobierno realizable, cuyo objetivo sea el bienestar de los habitantes y el desarrollo del país en condiciones de seguridad, justicia y equidad. A lo anterior hay que agregar un buen equipo y capacidad de trabajo con vocación de servicio y coherencia.
Es un imperativo superar el efecto pigmaleón, en donde la influencia ejercida se supedita a la imágen que se tiene de la otra persona, permitiendo que la identificación se soporte con promesas viables y ejecutables que satisfagan las necesidades y demandas del electorado, especialmente frente a problemas graves y comunes. Las altas expectativas son fácilmente defraudables.
Colombia enfrenta los más graves problemas de su vida republicana y buena parte de ello le es atribuible exclusivamente al desgobierno de Gustavo Francisco Petro Urrego, su irresponsabilidad en lo fiscal, el abandono de la seguridad, la connivencia con la criminalidad en el contexto de la fracasada paz total, el pésimo relacionamiento en materia internacional y por supuesto la gran corrupción. Es decir que, son muchos y muy graves los problemas comunes, teniendo la Salud una mayor relevancia.
Dificilmente un programa continuista ejecutado por personas, partidos o movimientos vinculados al Gobierno Petro, aportará soluciones y eso lo tiene claro un importante y cada vez más creciente sector de la población. Demasiados conflictos de interés, “rabos de paja” y escenarios comunes.
Un importante factor será la posibilidad de vincular a la búsqueda de soluciones a esos graves problemas a la comunidad internacional y para ell, resulta fundamental el papel de los Estados Unidos de América y el Gobierno del Presidente Donald Trump.
La agenda de seguridad nacional y hemisferica, así como la estrategia de guerra contra las drogas de Estados Unidos tiene en Colombia un escenario obligado, por lo que la cooperación y asistencia técnica, militar, policial e incluso judicial volverá a ocupar la agenda de la política pública en Colombia.
La totalidad de los Grupos Armados y Organizaciones Terroristas beneficiados de la protección e impunidad de la paz total de Petro, han sido designadas como Organizaciones Terroristas Extranjeras y se han incorporado a las listas prohibitivas de los Departamentos de Estado y del Tesoro de los Estados Unidos, tal como ocurriera con Gustavo Petro, miembros de su familia y Gobierno (LISTA OFAC).
Pocas horas antes de escribir esta columna, se reporta la neutralización en Venezuela, con la activa participación de los Estados Unidos, de alias Niño Guerrero, el líder de la Organización Terrorista Tren de Aragua, misma que hace presencia en Colombia, pidió a Gustavo Petro ingresar a la paz total y a quienes el Presidente de Colombia considera unos jóvenes excluidos a los que hay que tratar con amor y afecto.
No resulta secreto que existe un alto grado de afinidad entre el programa y las políticas públicas de lucha contra la criminalidad expuestas por la Campaña de Abelardo De La Espriella y José Manuel Restrepo Abondano, mientras que del lado de Iván Cépeda Vargas y Aída Quilcué no sólo no se puede decir lo mismo, sino todo lo contrario, especialmente después de los recientes anuncios sobre legalización de drogas y el anuncio de la ahora “paz Integral”.
El amenazante reporte hecho por el Ministro de Defensa sobre las repetición de actos terroristas como los del 2021, (en mucho similar a a la amenaza lanzada en el pasado por Santos ante la decisión del Pueblo Colombiano de no apoyar el plebiscito por La Paz) denominado estallido social, promovido y financiado por las guerrillas, los procesos de constreñimiento al sufragante por parte de los grupos armados ilegales (voto fusil) en favor de la campaña de Cepeda y la carnetización que realizan las guerrillas, denunciada por el General Erick Rodríguez (situación que generó su salida de las Fuerzas Militares y el intempestivo traslado de su hermano al Catatumbo) son factores que amenazan la libertad del proceso electoral.
La campaña de Iván Cepeda Castro entró en un ejercicio de contradicción, al punto de recular a pocos días de la elección, en varios aspectos que se habían socializado como plataforma y eje temático de su programa de gobierno. Difícilmente esa campaña ha podido romper la asociación que se hace de su líder con la guerrilla de las FARC y que tiene en los computadores de Raúl Reyes, su arquitectura del proceso de paz y, su protagonismo en los episodios que rodearon la fuga de JESÚS SANTRICH o la salida de IVÁN MÁRQUEZ del proceso de paz, para dar nacimiento en y desde Venezuela a la Segunda Marquetalia, relación que comporta toda clase de reparos y contradicciones.
La Campaña de Abelardo ha prometido y demostrado “extrema coherencia”, frase acuñada por la valiente Senadora María Fernanda Cabal a quien su partido, el Centro Democrático, terminó desconociendo y en mi opinión, irrespetando y traicionando, situación que generó malestar en un importante número de militantes y que a la postre pudo tener incidencia en el fracaso de la Campaña del Centro Democrático y sus candidatos Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo. En política, a diferencia de la aritmética, la sumas incomodas siempre serán restas o divisiones.
Supo igualmente capitalizar la campaña, el rechazo al wokismo y ese marxismo ideológico con el cual, desde el progresismo, se terminaron atacando valores y tradiciones de la Colombianidad que, amparados en el multiculturalismo, la libertad religiosa y la visión extremista de la diversidad sexual propios de la “Batalla Cultural”, terminaron generando procesos de descomposición social, violencia y persecución religiosa.
Las herramientas y comunicación empleadas por la campaña, facilitaron que cada señalamiento y ataque realizado se convirtiera en un aclamado triunfo y en un potente y afilado bumerán (boomerang). Fueron tantos los eventos que, bastará con recordar la reciente polémica por el uso de las camisetas de la Selección Colombiana de Fútbol, los Símbolos Patrios y las Expresiones Castrenses o la inexistente inhabilidad e incompatibilidad por la múltiple nacionalidad del Candidato.
La campaña logró que EL TIGRE, LA EXTREMA COHERENCIA y FIRMES POR LA PATRIA se posicionaran en la cabeza y en el corazón de los Colombianos, quienes con fervor ven en ABELARDO DE LA ESPRIELLA y JOSÉ MANUEL RESTREPO un equipo ganador, generador de esperanza, futuro, seguridad, bienestar, justicia y progreso.
El apoyo y espaldarazo de líderes regionales a “THE TIGER” y su campaña es, por supuesto otro importante logro.
Quizás por lo anterior y mucho más, la extrema coherencia se extienda incluso a entender que la Campaña está liderada por la premiada y afamada firma de Consultoría Política ESTRATEGIA & PODER.
Con seguridad, al margen de los resultados, la exitosa campaña pasará a los anales del marketing político en América Latina y más allá.




