Por: Fernando Torres Mejía
El 3 de marzo publiqué “Marchar no es la solución”, la cual recibió comentarios a favor, pero como todo, también origino molestias y críticas, lo normal cuando se dice o se hace algo, algunos me escribían con sarcasmo indicando que como resultado de la marcha del 6 de marzo, se radicó la ponencia de archivo de la reforma a la salud, y que entonces la presión sirvió, pero les quiero indicar que esa no fue la razón, ya que desde mucho antes, se había tomado la decisión de no acompañarla, así como sucederá con las otras reformas y eso gracias a la situación de desgobierno que se está viviendo.
Aclaro que sí apoyo las marchas, pero no mientras estemos frente al comandante y jefe de la primera línea, porque no serán efectivas, estamos ante un incompetente, resentido, amargado, pusilánime, que se enloqueció, que quiere destruir al país, que no sabe cómo justificar su ineptitud y la de sus ministros, que no acepta sino lo que a él le parezca sin importar las nefastas consecuencias, que no le interesa el ordenamiento jurídico, sino las vías de hecho, todos los días caza peleas hasta con el “perro y el gato” y eso que promueve la Paz Total.
Si no se toma la decisión de un paro, Petro se adelantará, de hecho ya empezó buscando el apoyo de los milicianos, los nuevos colectivos, los indígenas, las 62 mil juntas de acción comunal, los estudiantes, etc., para consolidar la parálisis a la que él quiere someter el país y muestra de eso es que los empresarios ante tanta incertidumbre llevan 1.9 años sin invertir ni hacer grandes compras e importaciones, como es el caso de los medicamentos, que cada vez se escasean y así seguirá ocurriendo en los 2.3 años que le resta de su mandato.
En los 90, por mi trabajo, viajaba con frecuencia a Argentina y me sorprendía porque casi todos los días, los sindicatos, los taxistas, los médicos, los profesores, los estudiantes, etc., marchaban protestaban hasta por ir a dormir. El pueblo se veía afectado por las políticas aplicadas por Carlos Menem o por sus efectos, expresaba su protesta de alguna manera, y esas movilizaciones eran para evitar la pérdida de conquistas logradas por décadas, el empeoramiento en las condiciones de vida y de trabajo.
Las movilizaciones que ocurrieron entre julio de 1989 y diciembre de 1999, no fueron exitosas, todo siguió igual, salarios bajos, largas jornadas de trabajo, sobreexplotación, alta inestabilidad laboral, incertidumbre para los futuros pensionados, aumento de la miseria, pauperización de los pequeños comerciantes y productores ahogados por la carga impositiva de la competencia y de un mercado cada vez más reducido o inaccesible, la crisis de la educación que era lo más parecido a un adoctrinamiento, deterioro de los servicios públicos, impunidad total, etc., era lo que sucedía en un país que perdió hasta su capacidad de decisión propia, pero lo más triste es que las manifestaciones no consiguieron ser escuchadas porque todo seguía igual, peor aún si vemos las condiciones actuales, aunque hay esperanzas por la llegada de Javier Milei.
Hoy los colombianos estamos siguiendo los mismos pasos de Argentina, se nos está volviendo costumbre, «marchan los buenos, marchan los malos”, no hace ni un mes, lo hizo la oposición y este 9 de abril será el turno de los sindicatos quienes apoyarán la constituyente y las reformas del gobierno, pero para no quedarse atrás, la oposición prepara otra para el 21 del mismo mes, opuesta totalmente a la anterior, y así nos la vamos a pasar mientras el país empeora y entra en “cuidados intensivos”, sumido en una crisis económica, de valores, de principios, lleno de inseguridad, de incertidumbre, un barco a la deriva, con un timonel “embriagado” con el poder que ni sabe para qué es.
Yo si estoy de acuerdo con Vargas Lleras, porque con la Constituyente se le dará la estocada final a este personaje sin necesidad de un golpe de Estado como lo sigue manifestando, es tal su nivel de locura, que esta semana aseguró que varios empresarios se estarían organizando para comprar votos y así tumbarlo, “Allá hacen reuniones con algunos empresarios en Barranquilla para ver si se reúnen $100.000 millones de pesos para comprar votos para tumbar a Petro, si es que hay constituyente”.
Servirá además para terminar con la discusión de las reformas y que de una vez por todas los colombianos le demuestren que están en contra de sus políticas y no quieren verlo ni en las curvas, porque así como no pudo con Bogotá cuando fue alcalde, tampoco lo conseguirá con este país y como dicen por ahí, “no fue capaz de organizar unos juegos Olímpicos, menos podrá organizar a Colombia”.
Ahora bien, para lo que sí son efectivas las marchas, es para que algunos politiqueros se suban a la tarima y aprovechen para hacer proselitismo, porque ven ahí la oportunidad de hacerse notar.
Finalmente, algunos empresarios están jugando con candela pensando que van a poder controlar a Petro mientras siguen llenando sus arcas, pero lo que se está logrando es repetir la historia de Venezuela, donde los grandes conglomerados subieron a Chávez, pero este los traicionó y acabó con todo el aparato productivo, otros están sacando sus patrimonios para Panamá y EE. UU., porque en general les asusta la idea de un paro, esperemos que cuando reaccionen no sea demasiado tarde.
