El Tigre: La Revolución que no vieron venir

Por: Andrés Villota

Abelardo de la Espriella, El Tigre, ganó las Elecciones Presidenciales de Colombia en contra de todos los pronósticos fabricados por un montón de encuestas artificiales y por un montón de periodistas que, advirtiendo el final de la Pauta Oficial, se dedicaron a proteger el statu quo y a promover la continuidad del mismo Régimen que los financia y mal gobierna al país desde hace un siglo.

Edelman, en la publicación del año 2026 del Barómetro de la Confianza para Colombia, muestra el fenómeno de la “insularidad”, que se trata de esa tendencia de la sociedad a encerrarse en «burbujas» que reduce la confianza a su entorno próximo.

Es decir, los colombianos confían en unos pocos, cercanos, su familia, su vecino, su compañero de estudio o de trabajo; ante el evidente cataclismo de la confianza en el Estado, motivada por el colapso moral y el fracaso institucional del Estado colombiano y de los demás miembros del Régimen que pertenecen a esa Casta inmunda que se resiste a irse para siempre.

Los colombianos, sólo confían en su empleador y en los empresarios, mientras que aborrecen y desprecian a los políticos, a los burócratas, a las oenegés, a los periodistas tradicionales, a los influencers y a las redes sociales. La confianza, es una medida de percepción que se convierte en el motor de la toma de decisiones, como por quién votar, por ejemplo.

Ante el colapso moral y fracaso del Estado, el hastío de los colombianos, mostrado en contra de la Casta fue evidente en las urnas, causado por el deterioro en sus condiciones de vida que, cada vez, se hicieron más indignas y se cansaron de ser tratados como una caterva de subnormales, incapaces de valerse por sí mismos, sin la permanente intervención del Estado en sus vidas.

Colombia no votó por la Izquierda o por la Derecha porque, al final, Uribe y Duque o Santos y Petro, demostraron que son lo mismo de siempre. Colombia votó por la Extrema Coherencia mostrada por un patriota que propuso defender a la patria de la decadencia, de la miseria, de la degeneración institucional, de la falsa oposición y de la vulgarización de la nación colombiana en el contexto mundial.

Colombia votó por el que sí confía. Confía en un empresario que su mayor virtud es, precisamente, no pertenecer a esa Logia de Rémoras Estatales o a ese Club de Parásitos Sociales, como sí lo son los miembros de la casta repugnante, Iván Cepeda, Roy Barreras, Paloma Valencia, Sergio Fajardo o Mauricio Lizcano.

Colombia votó por Abelardo, un outsider que no tiene nada que ver con la decadente y corrupta clase política colombiana, un empresario que sí entiende las dinámicas de la economía nacional.

Marcando una gran diferencia con los demás presidentes y burócratas colombianos que jamás, en toda su vida, trabajaron o realizaron alguna actividad laboral, que los convierte en eunucos productivos, seres incapaces de comprender la realidad productiva de Colombia.

Es increíble, por ejemplo, que los ministros de Trabajo nunca trabajaron, los ministros de Justicia nunca ejercieron como abogados o los ministros de Comercio nunca han sido capaces de vender un mango biche en un andén.

El Keynesianismo socialista, totalitario, estatista, que rige a la economía colombiana desde hace un siglo, ha muerto desde el pasado domingo 21 de junio del 2026. Exige, entonces, la reducción del tamaño del Estado y, por ende, del gasto público inútil y de la impresión de moneda sin respaldo que crea inflación.

Lo que se hace totalmente innecesario cuando el mercado colombiano vuelve a ser libre desde que se desmonte la híper regulación y la mega intervención estatal que ha tenido a la economía colombiana estancada y condenada al fracaso.

Colombia va a volver a ser de los mejores, de los más competitivos, de los más eficientes, de los más inteligentes porque así lo exige el mercado laboral colombiano. No más teguas o semis analfabetas, gobernando u ocupando los cargos más importantes en empresas privadas o de propiedad del Estado.

El Tigre va a gobernar con retrovisor, por esto lo eligieron, para que la justicia vuelva, de lo contrario, jamás, Colombia va a poder pasar la página de tanta ignominia. Gobernar para congraciarse con todos los miembros de La Casta, no puede ser una opción porque, precisamente, los colombianos votaron para que gobierne el que ganó y defienda los intereses de sus electores, no los de Santos, Samper, Duque (Dj Ivamix) o Petro.

El llamado de los perdedores a una supuesta unión, responde a su voracidad burocrática con la que pretenden, una vez más, apropiarse del presupuesto nacional y hacer todo lo que ellos quieren, cuestión que no es nueva porque ha sido la constante, desde siempre, en nombre de la “unidad”, la “paz”, la “igualdad”, el “cambio climático”, la “no polarización” y la “gobernabilidad”.

Los Analistas Políticos están locos, no saben qué decir, sólo repiten lo único que saben repetir, hacer cálculos para promover la repartija de la burocracia a cambio de apoyo para poder gobernar. Erróneamente, lo dicen de un patriota que no hizo pactos o componendas a cambio del apoyo de una Clase Política, asquerosa, ladrona, que los colombianos de bien aborrecen. Los colombianos votaron para que se acabe el clientelismo y esa relación extorsiva entre los políticos y la sociedad.

Los “gabinetólogos”, también, por su corto entendimiento de la nueva realidad colombiana, sólo les permite incluir en sus listas de posibles ministros a seres siniestros del pasado con la disculpa que son técnicos y que sí saben “gobernar”, entendiendo “gobernar” como saber robar sin que los metan presos, “no como los de Petro que fueron tan torpes que se dejaron atrapar”, dicen algunos.

Tanta experiencia y conocimiento en el funcionamiento del Estado, no ha servido de nada porque la pobreza aumenta y la mitad de los colombianos son pobres, precisamente, por culpa de “los que saben”, aunque ellos le dicen a los más imbéciles, que le creen, que la mitad de los colombianos son pobres por culpa de los Españoles desde hace cuatrocientos años, aunque ya se fueron hace más de doscientos años, mantenemos la misma estructura social que la India, mil años antes de Cristo, con los Estratos Sociales.

El señor presidente Abelardo desde De la Espriella, a su llegada a la Casa de Nariño, se va a encontrar con mil trampas que le dejaron armadas, mil bombas nucleares listas para explotar, esto es lo que acostumbran a hacer los peores criminales en sus guaridas para que se activen, al momento que lleguen los que consideran intrusos en el bajo mundo en el que habitan.

Su mentalidad de traquetos, los hace creer que Colombia les pertenece y si no es sólo de ellos, no puede ser de nadie más. La quieren ver destruida, quebrada, antes que entregar el poder para, además, de paso, dejar una constancia ante el pueblo colombiano, que sólo ellos pueden estar en el poder y gobernar. Sería imperdonable, entonces, que se rodeara de los mismos burócratas que acompañaron a Gaviria, Samper, Uribe, Santos, Duque (Dj Ivamix) o Petro.

El ministro de Defensa va a volver a ser un militar, no más burócratas puestos por el presidente para que dejen de ser los guardianes de la Constitución, destruyendo la autonomía y la dignidad de las Fuerzas Militares.

Sólo la mente podrida de un ministro de Defensa civil, un burócrata politiquero, como Juan Manuel Santos, pudo crear los Falsos Positivos para deslegitimar y debilitar a las Fuerzas Armadas para, después, alterar el orden constitucional sin que nadie lo impidiera, al introducir de manera ilegítima el Acuerdo de Paz de él con las FARC, en la Constitución de Colombia, inerme, indefensa, porque el ministro de Defensa era su sirviente particular (el de Santos).

El Tigre financió su campaña con recursos propios, sin depender de empresarios cómo los Gilinski, los Santodomingo, los Sarmiento o el papá de Juanita León, la dueña de La Silla Vacía, que financiaron​ las campañas anteriores para que el Estado protegiera sus intereses, sus negocios y les permitiera aumentar sus inmensas fortunas al eliminar a la competencia de sus negocios familiares.

En el caso particular de la financiación a la campaña de Gustavo Petro, por ejemplo, estos empresaurios tecnofuedales, terminaron financiando el Caos Planificado petrista que hizo que los activos en Colombia perdieran todo su valor, lo que fue capitalizado por que terminaron comprando a precio de ganga, empresas de industrias que Petro llevó a la quiebra.

La Casta colombiana estaba tan segura de su triunfo por el infalible método español que usaban y de la continuidad eterna de su proyecto totalitario, que nunca evaluó el escenario que finalmente ocurrió. Nunca pudieron ver la Revolución que iba a venir en Colombia. No la vieron venir.

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