Por: Gustavo Rugeles – El Expediente
En Colombia, un sector del periodismo que opera bajo lógicas de activismo político y el amiguismo suele encumbrar a Daniel Coronell como un referente incuestionable de la ética y la investigación. Sin embargo, detrás de esa fachada, amparada en la libertad de prensa, se esconde la trayectoria de un sujeto que ha instrumentalizado el oficio informativo como una lucrativa caja registradora, actuando como un militante ideológico empeñado en perseguir y calumniar a quienes no comparten sus afinidades políticas.
El episodio más oscuro de su carrera no ocurrió en Bogotá, sino en los estudios de Univision en Miami, donde ejerció una sistemática campaña de acoso, hostigamiento, humillaciones y machismo contra una de las figuras más prominentes de la televisión hispana: la periodista Bárbara Bermudo.
Mientras el debate global sobre el maltrato hacia las mujeres en las salas de redacción adquiere una relevancia sin precedentes, un fenómeno visible en Colombia con los recientes despidos de reconocidos comunicadores en canales como Caracol Televisión y Red Más Noticias debido a denuncias de acoso, el caso de Coronell en los Estados Unidos revela las profundas contradicciones de quienes pretenden dictar cátedra de moral pública.
La salida de Bárbara Bermudo de las pantallas de Univision en enero de 2017 se registró entonces como una fría estadística de reestructuración corporativa. Durante quince años, la periodista puertorriqueña había sido el rostro de Primer Impacto, uno de los programas insignia de la cadena hispana en los Estados Unidos. Sin embargo, su despido fulminante, ejecutado en las primeras semanas del año y aprovechando la ausencia de la alta dirección ejecutiva, abrió una grieta profunda en la narrativa oficial de la empresa. Detrás de los comunicados que alegaban «ajustes presupuestarios», se escondía una trama de tensiones editoriales y un entorno de trabajo hostil bajo las directrices de Coronell, entonces presidente de Noticias.
Las fricciones entre Coronell y la periodista no respondían a un declive en las audiencias, sino a decisiones administrativas que buscaron erosionar la estabilidad de Bermudo.
Fuentes cercanas al caso le contaron a El Expediente que la presión comenzó a ejercerse de forma indirecta mucho antes de su despido formal. Uno de los episodios más críticos ocurrió cuando el esposo de la periodista, el también presentador Mario Andrés Moreno, fue apartado de la cadena por orden de Daniel Coronell.
La decisión se tomó cuando Bermudo se encontraba en el séptimo mes de gestación de su tercera hija, un movimiento interpretado por su entorno como una medida de presión psicológica destinada a debilitar su posición en las mesas de negociación contractual.
A esto se sumó un estricto control sobre los ingresos periféricos de la periodista. La dirección de Univision, en cabeza de Coronell, bloqueó de manera sistemática los permisos para que Bermudo continuara siendo la imagen de marcas comerciales externas, como la firma Cicatricure, una fuente de ingresos legítima y habitual para las figuras de la televisión que de pronto le fue cancelada.
Quienes conocieron la dinámica interna de la redacción señalan que el hostigamiento se intensificó debido a la postura de la presentadora, quien con frecuencia asumía la defensa de su equipo técnico frente a directrices arbitrarias de Daniel Coronell. Las consecuencias de este ambiente se reflejaron en la salud de la periodista, quien posteriormente revelaría haber sufrido severos episodios de ataques de pánico.
Durante casi una década, el caso se mantuvo fuera del escrutinio público gracias a un estricto blindaje legal. Tras su abrupto despido, Bárbara Bermudo contrató a un equipo de abogados de alto nivel en Miami con el fin de formalizar una demanda contra la cadena. Las bases de la reclamación jurídica no se limitaban a la finalización injustificada del contrato, sino que apuntaban a las condiciones de hostigamiento y violencia de genero desplegada por Daniel Coronell que forzaron su salida.
Ante la inminencia de un proceso judicial que obligaría a ventilar los correos electrónicos, los memorandos internos y los testimonios de los empleados sobre los métodos de gestión de Daniel Coronell, la alta gerencia de Univision optó por la contención de daños. La corporación prefirió evitar un juicio público que hubiese destruido la reputación de su departamento de noticias, resolviendo el litigio a través de un acuerdo extrajudicial. Este pacto incluyó una indemnización económica a favor de Bermudo a cambio de la firma de una cláusula de confidencialidad recíproca. El dinero de la empresa fue utilizado de manera efectiva para comprar el silencio y proteger la gestión de Daniel Coronell.
El hermetismo se resquebrajó de forma definitiva tras la segunda y última salida de Daniel Coronell de la cadena televisiva a finales de 2025. Libre de las ataduras contractuales, Bárbara Bermudo rompió años de reservas y describió aquella etapa bajo la gestión de Coronell como un periodo «doloroso, lleno de faltas de respeto y actitudes que hoy serían inaceptables en cualquier sala de redacción». Sus palabras apuntaron directamente a la cultura corporativa de la época: «Si las paredes de esa redacción hablaran, relatarían un ambiente marcado por el machismo y por comportamientos que cruzaban límites«. La periodista también hizo eco del sentir de antiguos colaboradores, afirmando que el cierre de ese ciclo directivo trajo un profundo alivio a numerosos profesionales que compartieron el mismo techo laboral.
Para Univision, sostener el estilo de mando de Coronell supuso un costo corporativo que fue mucho más allá de la indemnización pagada a Bermudo.
El desgaste en la moral del equipo de trabajo y la pérdida de talentos históricos minaron la credibilidad de una redacción que, de cara a la audiencia, promovía valores de igualdad, justicia y respeto por las mujeres.
El caso de Bárbara Bermudo trasciende la crónica de la televisión para convertirse en un expediente sobre cómo las estructuras del periodismo militante pueden silenciar el maltrato bajo el amparo de los recursos corporativos.
Mientras el debate sobre el comportamiento en las salas de redacción avanza en el mundo, las denuncias que apuntan al entorno de Daniel Coronell en Miami permanecen como una asignatura pendiente, deliberadamente ignorada por el círculo de opinión que en Colombia aún lo protege incluidas algunas periodistas, mujeres, que son solidarias ante quien maltrato, acosó y humilló a una de las suyas. La doble moral del periodismo en Colombia.




