Por: Duván Idarraga
Para muchas personas no existe relación alguna entre las decisiones políticas y las consecuencias económicas que éstas implican, nada más distante de la realidad. En un mundo como el de hoy, globalizado, con el internet disponible 7 por 24, con inteligencia artificial y con la capacidad de muchas personas, incluso sin formación especializada, en tener acceso a información para tomar decisiones, se generan grandes impactos en las cifras económicas de un país a partir de las decisiones políticas que se toman, muy especialmente en el tema de elecciones presidenciales. Quien llegue al gobierno puede impactar positiva o negativamente las posibilidades económicas de un país, a partir de su visión, de sus propuestas y de sus acciones ya en el gobierno.
Colombiana no ha sido la excepción, podemos demostrar con hechos y datos que existe una directa relación entre, cómo decide políticamente un país y las consecuencias de ello en materia económica. Veamos.
Recordemos la elección del actual presidente de Colombia; para el 31 de mayo del 2022 el dólar se cotizaba en $3.678,15; para junio del 2022, ya confirmada su elección, el dólar subió a $3.905,05; es decir, la decisión de dicha elección incrementó el precio de la divisa en $226,9 (el 6.16%). Para el mes de agosto del 2022, más exactamente el 9 de agosto, después de la posición presidencial, el dólar subió a $4.309,69. En poco más de dos meses, desde la votación en primera vuelta hasta justo después de su posesión, el precio del dólar subió $631,57 (el 17.17%). Uno de los argumentos que se daban antes de esas elecciones, era que, en caso de que llegara Petro a la presidencia, el dólar podría llegar a los $5.000. Muchos lo dudaron, incluso varios hoy dicen que eso jamás sucedió; pero el 6 de noviembre del 2022, la cotización por dólar alcanzó los $5.061,21.
El mercado anticipó, con mucha sapiencia, las consecuencias de la llegada de este nuevo presidente de izquierda al gobierno y cómo, sus pensamientos y decisiones, podrían afectar la economía del país; tema que casi 4 años después se ha podido confirmar, toda vez que no solo la deuda total del gobierno central ha subido más del 55%, se están pagando prácticamente el doble de tasa de interés por ella, el crecimiento del Producto Interno Bruto en promedio no supera el 1.8% por año, y el déficit fiscal se ha incrementado de manera incontrolable. Además, su completa oposición a la industria minera y de hidrocarburos, principal fuente de ingresos para Colombia (además de los impuestos, claro está), ha contribuido a que los ingresos de la nación caigan de manera considerable; mientras los gastos, el derroche y la corrupción de su gobierno, han crecido casi que exponencialmente.
Miremos ahora cómo se comportó el dólar en la reciente elección de primera vuelta en Colombia. El 31 de mayo se cotizaba en $3.678,15; el 4 de junio había llegado a $3.565,32; es decir, una disminución de $ 112,83 que equivale al 3%. En este caso, el mercado vio positivo que exista una mayor probabilidad que un gobierno de derecha retorne al poder y con ello se puedan realizar muchos ajustes en temas fiscales y macroeconómicos del país.
Pero no solo ha sido favorable el resultado de la primera vuelta de la elección presidencial para los indicadores macroeconómicos del país lo que sucede con el dólar, por el lado de las tasas de interés que se pagan por la deuda pública, también se han visto resultados. Antes de la primera vuelta se estaban pagando tasas de interés por TES a 10 años a más del 14%; para los primeros días de junio bajaron al 12.30%. Los resultados de la primera vuelta dan un mensaje de confianza sobre el futuro económico del país, lo que se refleja en una menor posibilidad de riesgo y por ende la disminución en la tasa de interés.
Pero no solo en el precio del dólar y en la tasa de interés se observaron resultados favorables. Por el lado del precio de las acciones que se cotizan en la bolsa de valores de Colombia, el resultado de la primera vuelta también favoreció. Diferentes acciones, como la preferencial Aval, subieron un 12.18%; Corficolombiana, subió al 8.5%; Ecopetrol, subió el de 8.27%; grupo aval, subió el 8.01%; Banco de Bogotá, subió 7.04%; grupo Bolívar subió 6.29%. Es decir, nuevamente, los inversionistas en Colombia consideran que la posibilidad del cambio de gobierno, hacia alguien con un manejo más ortodoxo, más técnico, más enfocado en recuperar la economía del país, puede tener repercusiones favorables y por ende las empresas que representan esos títulos, van a obtener mejores resultados en sus utilidades y valoraciones.
Es claro que para los diferentes actores del mercado (accionistas, inversionistas, acreedores) resulta positivo que pueda llegar al gobierno de Colombia una dupla con propuestas serias ( en materia económica), ponderables y ejecutables para reducir el déficit fiscal, renegociar la deuda externa (pagar mejores tasas de interés y plazos más favorables), de generar condiciones para que la inversión privada se establezca ( en especial la externa, que ha caído considerablemente en este gobierno – mas del 30%) y crezca en el país buscando conjuntamente que el crecimiento de la economía sea mucho mayor. Eso, frente a la otra posibilidad, una dupla que quiere mantener lo que ha alcanzado el gobierno actual en todos los aspectos e incluso profundizar los cambios estructurales que ha ejecutado, con las consecuencias ya conocidas, en especial, sobre las variables económicas.
Hace algunos meses escribí la columna “Es la economía, estúpidos”; planteaba la necesidad que los candidatos a la presidencia tuvieran prioridad sobre la manera de corregir los enormes problemas económicos, fiscales y de elevado endeudamiento que el actual gobierno deja y que su programa de gobierno fueran lo suficientemente claro, contundente y con planes de acción concretos para ello.
El ideal sería que los colombianos tuviéramos en cuenta este tipo de consideraciones al momento de decidir para segunda vuelta. La decisión que se tome tendrá repercusiones económicas importantes para el país y para los bolsillos de todos los colombianos. Hay dos opciones y modelos opuestos planteados, con los hechos y datos que he expuesto y comentado en esta columna está claro qué resultaría más favorable para la economía del país. Dios permita que, al momento de votar, lo tengan presente.




