Hay hojas de vida que se construyen en oficinas y hay otras que se construyen en zonas de guerra, en campamentos de hambruna, en países que la mayoría de los diplomáticos colombianos nunca pisarán.
La de Omar Bula Escobar es de las segundas. Con dos décadas al servicio de Naciones Unidas en misiones que lo llevaron por Ecuador, Brasil, Panamá, Bélgica, Sudán, Italia, Egipto, Irak, Etiopía, Senegal y Roma, el nuevo canciller designado del gobierno de Abelardo de la Espriella llega a la Cancillería colombiana con algo que pocos de sus antecesores han tenido: experiencia real, de campo, en los escenarios más difíciles del planeta.
Bula Escobar desempeñó funciones directivas en el Programa Mundial de Alimentos de la ONU, liderando misiones humanitarias para combatir hambrunas y coordinar respuestas ante crisis sanitarias y políticas en tres continentes.
Ejerció su labor diplomática en medio de tres guerras distintas, un dato que su propio equipo destaca como poco común incluso dentro del cuerpo diplomático internacional. A eso suma una faceta pública poco frecuente en el mundo de las relaciones exteriores: es profesor universitario, conferencista, escritor y políglota —habla español, inglés, francés y portugués—, y en 2018 la firma británica Richtopia lo incluyó entre los 100 expertos en geopolítica más influyentes del mundo.
Su llegada a la Cancillería no viene de la política tradicional ni de una carrera electoral. Bula ha insistido en que nunca ha recibido un peso del Estado colombiano, algo que su equipo presenta como garantía de independencia frente a los círculos burocráticos que históricamente han rotado entre los mismos cargos del servicio exterior.
Su propuesta, que ha bautizado como la «Era del Tigre», plantea una Cancillería profesionalizada, con diplomáticos que hablen idiomas y tengan mirada global, y un giro hacia el pragmatismo, el comercio, la eficiencia institucional y la ciberdiplomacia, dejando atrás lo que critica como una diplomacia guiada por gestos ideológicos.
El reto que tiene por delante no es menor: reordenar un servicio exterior completo, reconstruir relaciones bilaterales tensionadas en años recientes y liderar, entre otros frentes, el restablecimiento de vínculos con Israel que el propio De la Espriella ha anunciado para el inicio de su gobierno.
Pocas veces un canciller colombiano ha llegado al cargo con un currículo tan transversal —tan lejos de los pasillos y tan cerca del terreno— y la pregunta que se abre ahora es si esa experiencia ganada en crisis humanitarias logra traducirse en resultados concretos para la política exterior de un país que, según él mismo lo plantea, quiere volver a tener peso en el mundo.
