Por: Duvan Idarraga
Colombia, en el 2026, tendrá que afrontar grandes y complicados retos en materia económica. Por un lado, las implicaciones financieras y de disponibilidad de recursos que conlleva el elevadísimo endeudamiento generado por el actual gobierno; no solo por las elevadas tasas que está pagando, también los enormes compromisos de pago para el año en curso y cercanos. Por otro, la difícil situación relacionada con el desbordado déficit fiscal. Para rematar la muy difícil situación, el panorama en materia de inflación no es el mejor. Frente al tema, es importante recordar el concepto que la inflación es “el impuesto” más oneroso para la clase menos favorecida, especialmente; en la medida que si se pierde poder adquisitivo, quienes menos reciben, menos capacidad de compra tienen.
Creo importante mencionar que el tema de la inflación ha sido otro de los argumentos que la narrativa del gobierno y sus aliados han tratando de hacer creer a la opinión en general que la tarea se hizo bien durante el 2025. Obviamente, si se compara con la inflación del año 2023 del 9.3%, es un resultado muy bueno; si comparamos con el 5.2% del 2024, el resultado del 2025 del 5.1% es ligeramente mejor, 10 puntos básicos menos. Pero no es para sacar pecho.
Otro aspecto de preocupación frente a la materia radica en que, mientras que en Colombia en el año 2025 no se logró realmente quebrar la tendencia de la inflación, su resultado difiere significativamente frente a otros países con economías similares. Veamos los datos: Brasil, cerró con 4.6%; México, 3.69%; Chile, 3.5%; Perú, 1.51%. Definitivamente, no hay razón para celebrar como lo hace el gobierno.
Recordemos que, dentro de sus objetivos Constitucionales, la Junta Directiva del Banco de la República tiene la responsabilidad de mantener el control de los precios en Colombia; es decir, controlar la inflación. Para ello define un rango meta, el cual lleva varios años sin cumplirse; todo indica que, en el 2026, tampoco se cumplirá ya que las expectativas de los analistas la ubican por encima del 6%. Es que no debemos olvidar que hay muchos productos, bienes y servicios que están indexados con el salario mínimo; vimos como el precio de la vivienda VIS subió casi $40 millones, por solo mencionar un ejemplo.
Ahora, el 2026 arrancó con un aspecto que va complicar mucho más la tarea de controlar la inflación: El incremento desmesurado e irracional del salario mínimo para este año del 23.7%, decretado por el gobierno, será, sin duda, un elemento que presionará al alza la inflación. Esta ampliamente documentado por expertos que esos incrementos salariales disparan la inflación.
Fue lo que sucedió en Venezuela, de manera irresponsable realizaron aumentos del salario mínimo lo que llevo a que se obtuvieran inflaciones de más del 100% mensual. Recordemos las imágenes de venezolanos con tulas de dinero en efectivo para comprar una lata de atún. Algo similar ocurrió en Argentina con los gobiernos de izquierda; fue gracias a la gestión del Presidente Milei que logró llevarla a dos dígitos. También debo recordar que el año pasado, el Doctor Leonardo Villar, Gerente del Banco de la República, concluyó que uno de los elementos que había influenciado para no bajar significativamente la inflación había sido el incremento del salario del 9.5%, decretado por el gobierno para el 2025, imaginemos lo que el 23.7% ocasionará. Hasta el Nobel de Economía en el 2024, James A Robinson, cuestionó seriamente ese incremento del salario mínimo, cifra que ni los propios sindicatos esperaban (pedían el 16%).
Es tanto el temor frente a la inflación que, en la primera reunión de la Junta Directiva del Banco de la República del 2026, celebrada ayer viernes, determinaron un incremento en la tasa de interés de 100 puntos básicos (se había especulado que sería de 50 puntos básicos), quedando en el 10.25%. Es claro que para ellos, el impacto que va a tener el incremento desmesurado del salario mínimo. Además, desde ahora se menciona la posibilidad que continúen incrementado dicha tasa, llevándola hasta el 11.25%. Es obvio que el alza en la tasa de interés va a presionar las tasas de interés de intermediarios financieros, encareciendo el crédito. Por ende, quienes se obtienen recursos de crédito con entidades financieras van a tener un mayor gasto financiero que, de seguro, trasladarán a los precios de sus productos y o servicios aumentando la inflación.
Si bien es cierto el hecho que, gracias (entre otras cosas) al enorme endeudamiento del gobierno colombiano y el masivo ingreso de dólares a la economía por la monetización de los mismos (más la enorme cantidad de remesas recibidas), el precio del dólar ha tenido una caída importantísima y por ende el costo de los productos que se importan se ha reducido de manera considerable; al final el efecto no alcanza a ser tan significativo que termine ayudando a controlar la inflación. Lo que si impactará muy negativamente es en los ingresos que reciben los exportadores.
Será Pues un año bastante complicado para la Junta Directiva del Banco de la República que tendrá que continuar tomando acciones y decisiones encaminadas a cumplir su objetivo constitucional de defender la capacidad adquisitiva del peso colombiano. También tendremos al gobierno, con cada decisión de la Junta en la materia, saliendo a cuestionarlo y decir que no está apoyando. Menos mal la Junta toma sus decisiones bajo parámetros estrictamente técnicos.
Nota: Datos matan relatos:
- El analista económico Mario Fernando Cruz (@mfcruzv) determinó que el gobierno Petro, en sus 3 años largos de gobierno, ha tomado deuda nueva por US $138.000 millones. Como en una de mis anteriores columnas, él se pregunta con justa razón: ¿Dónde está la plata?
- Otro analista económico, Andrés Felipe Londoño, hizo cuentas y determinó que con esos US $134.000 millones en Colombia se debieron haber construido: 92 estadios, 54 aeropuertos, 30 líneas del Metro, 112 autopistas 4 o 5 G, 383 hospitales de alta complejidad. ¿Alguien ha visto en Colombia que el gobierno Petro haya realizado al menos una de esas obras que justifique esa deuda?
3: Otro analista económico, Diego Montañez (@Diegomontanezf), concluyó que además del desmesurado incremento de deuda (US$134.000 millones o casi $400 billones), como porcentaje del PIB llegó al 64.7%; ni siquiera en pandemia se llegó a ese nivel de deuda.




