Por: Carlos Eduardo Gómez
En el corazón de los Andes colombianos, el departamento del Cauca enfrenta una tormenta perfecta de desafíos. Sus representantes elegidos, sin embargo, parecen estar atrapados en un letargo político, incapaces de abordar la creciente ola de violencia y el abandono estatal que asola la región.
Los ciudadanos del Cauca han depositado su confianza en sus representantes, pero ¿qué han logrado? La respuesta es desoladora. En lugar de liderar con valentía y determinación, muchos de ellos se han sumido en la complacencia con el gobierno y la inacción. Su papel se ha vuelto tan tenue como las sombras que se ciernen sobre las montañas.
La violencia en el Cauca no es un rumor lejano; es una realidad cruda y sangrienta. Líderes sociales, han sido asesinados uno tras otro, el aumento desmedido del secuestro, la extorsión, el narcotráfico, la minería ilegal, masacres. El más reciente hecho se registró en el municipio de Piamonte donde sus habitantes lloran los muertos de la incursión armada mientras el miedo se apodera de las familias de los niños heridos en el ataque al bus escolar.
¿Dónde están los representantes elegidos cuando la sangre tiñe las calles? ¿Por qué su voz no retumba en los pasillos del poder?
Como si lo anterior no fuera suficiente, ahora la vía Panamericana, que conecta a Cali con Popayán, ha sido testigo de bloqueos persistentes. Las comunidades indígenas, lideradas por los Nasa y el Cric, han cerrado esta arteria vital durante horas e incluso días. hoy, la incertidumbre se apodera una vez más de los ciudadanos no solo en el departamento del Cauca, también de Nariño, al ser la única vía en regulares condiciones ante la amenaza de un nuevo cierre, si el gobierno nacional no cumple con sus pretensiones. El conflicto se intensifica y la ciudadanía, empresarios, pacientes, transportadores, etc., se sienten cada vez más abandonados y desprotegidos.
El Cauca languidece en el olvido. Las carreteras están destrozadas, la educación es precaria y la atención médica es un lujo inalcanzable para muchos. Pese a tener vicepresidente, ministerio del Interior y los representantes elegidos que deberían ser los defensores incansables de su gente, pero su silencio es ensordecedor.
¿Dónde están los proyectos de desarrollo? ¿Dónde está la inversión que transformaría la vida de los caucanos? ¿Cuál era el cambio?
Es hora de que los representantes elegidos despierten de su letargo. Deben enfrentar la violencia con valentía, exigir seguridad y justicia para sus comunidades. La vía Panamericana no puede seguir siendo un campo de batalla. El abandono estatal debe cesar. El Cauca merece líderes audaces, comprometidos y apasionados. Solo así podremos tejer un futuro más brillante entre las montañas y los ríos de esta tierra herida.




