Por: El Expediente
Los fines de semana no suelen ser jornada hábil para la administración pública colombiana, y esa excepción no es casualidad: es, precisamente, una de las salvaguardas informales que ayudan a mantener cierto ritmo de escrutinio sobre las decisiones que compromete el Estado, porque los procesos administrativos formales, las revisiones jurídicas y el acompañamiento de los organismos de control operan, típicamente, dentro del calendario laboral ordinario. Por eso resulta especialmente inquietante lo que el Equipo Élite Anticorrupción encontró al revisar, durante el proceso de empalme, la actividad contractual de la Agencia de Desarrollo Rural en los días finales del gobierno de Gustavo Petro.
El sábado 8 de agosto de 2026, un día que bajo cualquier calendario administrativo ordinario debería haber sido de descanso institucional, la Agencia de Desarrollo Rural quedó habilitada para comprometer contratos. No se trata de una entidad operando de emergencia ante una catástrofe natural o una crisis que justificara trabajar en fin de semana: se trata, según documenta el Libro de la Verdad, de una decisión administrativa que abrió la puerta a comprometer recursos públicos en un día atípico, apenas días antes de que el gobierno saliente entregara formalmente el poder.
La respuesta del Equipo Élite Anticorrupción fue contundente: presentó una denuncia formal por el presunto delito de prevaricato por acción, la figura penal que sanciona a los servidores públicos que profieren resoluciones, dictámenes o conceptos manifiestamente contrarios a la ley. Es, dentro del universo de hallazgos que documenta el informe de empalme, uno de los pocos casos donde la reacción institucional escaló directamente hasta el terreno penal, y no se quedó en el ámbito disciplinario o fiscal que caracteriza a la mayoría de los otros hallazgos.
Lo que este caso ilustra, más allá de sus circunstancias específicas, es un patrón que se repite en distintas formas a lo largo de todo el Libro de la Verdad: gobiernos salientes que, en sus últimos días, encuentran maneras de estirar el calendario administrativo ordinario —ya sea ampliando días hábiles, como ocurrió en la DAPRE, o habilitando directamente un día no laboral, como ocurrió en la ADR— para ganar el tiempo adicional necesario para comprometer recursos públicos antes de que el nuevo gobierno asuma el control. Que la respuesta institucional en este caso específico haya llegado hasta una denuncia penal sugiere que, para el Equipo Élite, este no fue un simple exceso de celo administrativo, sino una decisión que merecía la revisión más seria que el sistema jurídico colombiano puede ofrecer.




