Por: Fernando Álvarez
El M 19 no ha muerto. Es probable que haya agonizado en vísperas de la Constitución del 91 cuando se transformó en AD M19, en ajetreos electorales, donde surgió Gustavo Petro, hasta ese momento un ilustre desconocido. Allí también aterrizó Iván Cepeda, como fichaje prestado del Partido Comunista.
El mundo entero creía que el M 19 había desparecido el día que su comandante Carlos Pizarro Leongómez entregó las armas y firmó la paz con el entonces presidente Virgilio Barco. Pero para sorpresa mundial, con la llegada de Gustavo Petro a la presidencia, el Movimiento 19 de Abril (M-19), como el ave Fenix, resurgió de sus cenizas, no como recuerdo nostálgico, sino como concepción política y práctica subversiva de la combinación de todas las formas de lucha.
Ese era el propósito de Gustavo Petro desde el mismo 7 de agosto cuando llegó al Palacio de Nariño a desenvainar la Espada de Simón Bólivar, que robó el M 19 en 1974 en asalto a la Quinta de Bólivar. Se trajo el sombrero de Pizarro y ha ondeado cada que puede la bandera de la ANAPO con siglas del M 19. Hasta en Uruguay la izó en la visita a Pepe Mujica, quien le dijo que no, que eso era revictimizar y que él nunca enarboló la de Los Tupamaros porque la lucha armada había sido un error monumental ya que el anarquismo revolucionario solo había conseguido exacerbar la represión de la derecha.
Pero Petro es un frustrado guerrillero, con profundas emociones postraumáticas que le evocan sus recuerdos intrusivos del levantamiento popular y del movimiento armado.Este trastorno produce alteraciones severas de reviviscencias con el lema “Con el pueblo Con las armas Con María Eugenia al Poder”, que lo llevan a afirmar con orgullo que el asalto al Palacio de Justicia fue una genialidad de su organización terrorista.
Los momentos de alteración del estado anímico constantemente lo obligan incluso a traer a colación la consigna “Patria o Muerte”, de Fidel Castro en 1960. Esta afección de la salud mental lo hace revivir dolores recurrentes y pesadillas con el fraude electoral de 1970 y sufre un temor paranoide con la Registraduría. Ese estrés postraumático lo lleva a soñar con preparar un alzamiento armado si su heredero pierde en las urnas.
No aceptar el resultado del 31 de mayo es un claro síntoma de esta ansiedad compulsiva.Pero el M 19 no va a desaparecer porque El Tigre lo destripe. Irónicamente será el propio Gustavo Petro quien le dará cristiana sepultura el 21 de junio, cuando el último boletín de la Registraduría anuncie que Abelardo de la Espriella es el nuevo Presidente de la República.
Superado el conteo lanzará el nuevo movimiento M 21, justificado en el fraude y con la sentencia de que al repetirse la historia de la oligarquía esclavista del robo electoral al pueblo, se repetirá la historia de la lucha armada por la toma del poder. La noche del 31 de mayo cuando Petro desconoció el triunfo de De la Espriella apareció pintada la sigla M 31 en varios muros que anunciaban el nacimiento de un nuevo movimiento que pregona el fraude.
Lo que anuncia el fin de la historia del M 19.Lo del M 31 no pegó porque se ponía en riesgo la segunda vuelta electoral y afectaría la ya débil campaña de Iván Cepeda. Quedó como otra falsedad de Petro. Pero si se tiene en cuenta la denuncia que ha hecho Carlos Alonso Lucio, él sí excombatiente del M 19, sobre el proceso de milicianización, surgen alarmas que no hay que subestimar.
Lo afirma alguien que conoce los intríngulis de la lucha armada. Según esta hipótesis Petro hace rato viene organizando grupos de milicianos listos para declarar el lanzamiento de una nueva insurgencia. Y según esto, ha llegado la hora de recurrir a los vándalos que generen un clima insurreccional, que literalmente incendie el país a semejanza de lo que llamaron el estallido social hace casi cuatro años, para controlar zonas estratégicas.
Los coletazos del M 19 y de Petro pueden resultar particularmente violentos. En las circunstancias actuales el presidente puede pensar incluso en inmolarse al estilo Salvador Allende. No va a ser fácil que asuma una derrota porque eso significaría el fracaso total de su proyecto neocomunista y la perspectiva trágica de no pasar a la historia como prócer planetario. Y dados sus trastornos traumáticos hará hasta lo imposible por evitar ser derrotado después de todo lo que ha intentado.
De hecho, ya anunció que se lanzaría a la calle a liderar las asonadas, que promoverá con la Primera Línea al frente de las barricadas, a las que se sumarán las mingas indígenas también preparadas para estos efectos. La insurrección es la consigna contra el fraude.La agitación de las amplias masas con el respaldo de las armas es parte del ADN de Petro.
Por eso desde el comienzo de su gobierno ha dicho que si intentan sacarlo del poder o frenar sus proyectos convocará el pueblo a la calle. Su postura en el debate siempre va con la amenaza de uchar al pueblo contra los congresistas, o contra las cortes. Y el eterno proyecto de la constituyente tiene que ver con azuzar al pueblo para buscar un supuesto marco jurídico que le permita perpetuarse en el poder o para que su proyecto sea como fue en los países socialistas de la Cortina de Hierro y en Cuba, a 70 años.
Petro sueña con que como en los dazibaos chinos donde aparecen las figuras de Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao la historia agrege el retrato de Petro.Los colombianos no se han enterado aún de lo que se puede venir. Gustavo Petro sabe que perderá las elecciones y que no tiene otro camino que enfrentar esa realidad con discursos incendiarios y victimistas. Para alcanzar ese pedestal en la leyenda de héroes mundiales debe provocar el estallido violento con la esperanza de que los grupos armados le hagan la segunda, sobre todo la Segunda Marquetalia y no descarta que otros grupos armados ilegales se embarquen también en una aventura insurgente.
Este seria el trasfondo de la Paz Total, en la que tales grupos han terminado con patente de corzo para delinquir, con permiso para traficar droga y con licencia para matar.
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