Por: Fernando Álvarez
Germán Vargas Lleras era de los pocos liberales que entendía realmente el peligro que se cierne sobre Colombia. Era uno de los escasos demócratas que veía la amenaza de caer en la senda de la dictadura en las próximas elecciones. Por eso fue enfático desde diciembre de 2024 cuando advirtió que la Oposición debía llegar unida. Sentenció que sí en mayo llegaban divididos estaría en riesgo la supervivencia de la democracia. Sabía que él no iba a estar, o por lo menos en condiciones, y por eso no quiso ser candidato. Pero además advirtió que si Abelardo de la Espriella o Paloma Valencia llegan a ganar no se equivoquen porque Gustavo Petro les va a incendiar el país. La idea clara es que intentarán hacer a Colombia ingobernable sí la izquierda pierde el poder.
En eso siempre estuvo alineado con el expresidente Alvaro Uribe, quien identificó hace mucho rato el problema cuando comenzó con la cantaleta del peligro del castro chavismo, pero infortunadamente el jefe del Centro Democrático con toda su perspicacia no logró convocar a la nación porque fue él quien tuvo que hacer el gasto personal y la izquierda se lo ha sabido cobrar. Uribe enfrentó y casi derrotó a las guerrillas, pero justamente eso es lo que no le perdonan los grupos subversivos y sus acólitos.
Comunistas, socialistas, cristianos por el socialismo y mamertos de todos los pelambres se encargaron de utilizar una de sus formas de lucha, la del desprestigio, para mostrarlo como un maniático del poder, cuando no como un fascista. Los seudointelectuales y periodistas que posan de pluralistas le hicieron el juego a la izquierda y a su extrema y condenaron anticipadamente a Uribe hasta el punto que casi todos terminaron por coadyuvar el rebusque de Iván Cepeda en la delincuencia con testimonios falsos para lograr enjuiciar y meter preso al expresidente que se fajó sin complejos de derecha contra las FARC y el ELN. Alvaro Uribe les ganó la batalla militar en su gobierno, pero perdió la mediática en el gobierno de Juan Manuel Santos. Algo que hace recordar la frase de Richard Nixon cuando dijo que la guerra del Vietnam se perdió en Washington, por no decir por el Washington Post.
Ese fue el principal error de Uribe cuando quiso ganarse a El Tiempo y congeniar con las élites bogotanas. Si de conquistar a “la gente bien” de la capital se trataba debió escoger a Germán Vargas Lleras, que por sus posiciones antinarcos y su lucha frontal contra la guerrilla fue permanentemente objetivo militar de las FARC y le hicieron varios atentados. Vargas Lleras jamás lo habría traicionado. Uribe pudo pensar incluso en Alfonso López Caballero o hasta en Francisco Santos, que no tienen complejos de derecha. Pero Uribe se equivocó, sacrificó a Noemí Sanín y le entregó la posta a Santos, quien se sumó a la horda mamerta y se dedicó a desprestigiar a su nuevo peor enemigo.
Los hechos dan para pensar que los falsos positivos fueron orquestados por Juan Manuel Santos como Ministro de Defensa de Uribe con la intención de sembrar el talón de Aquiles de Uribe.Después, el expresidente no se equivocó con Iván Duque ya que en ese momento no se le hubiera ganado a la izquierda con alguien abiertamente de derecha. Pero acertó fue Vargas Lleras cuando dijo que Duque estaba muy pollo, lo cual se comprobó con creces en el desenlace del famoso estallido social.
Duque terminó por abonarle el terreno a Gustavo Petro y facilitó el camino para que hoy esté en serios peligros la democracia. Por eso Germán Vargas ya en plena crisis de su enfermedad propuso visionariamente que el que despegara en el segundo semestre de 2025 debería ser rodeado por la oposición para garantizar el triunfo contra el petrismo y su heredero Iván Cepeda. Pero Uribe parece haberse equivocado nuevamente porque no lo escuchó.Y quiérase o no Abelardo de la Espriella destelló y se puso adelante pero justo las élites bogotanas han sido quienes se le han atravesado. Por arte de magia Juan Manuel Santos de handicap pasó a ser solución. Intentó infiltrar al Uribismo con Juan Carlos Pinzón y luego con Mauricio Cárdenas y otros generaron la Gran Consulta, así el santismo logró colarse en la campaña de Paloma Valencia, que fue finalmente la que dijo Uribe. Hoy son los bogotanos de bien los que despotrican de Abelardo, no lo bajan de fantoche o “lobo” y no pierden ocasión para sembrar dudas con especies que han echado a andar mamertos y periodistas seudoprogres por cuenta de antiguos clientes de El Tigre.
La ironía hoy es la batalla de uribistas sin Uribe versus santistas con Uribe.Y se va disputar la primera vuelta entre Paloma y Abelardo, quien según Vargas Lleras debió ser el merecedor de que los otros lo rodearan para garantizar el triunfo contra el petrocepedismo, que no es otra cosa que la supervivencia de la democracia, como lo ha advertido también una y mil veces, sin complejos de derecha, el constitucionalista Mauricio Gaona al decir que estas pueden ser las últimas elecciones en Colombia. Los complejos de derecha han entibiado la contienda electoral.
La izquierda se radicalizó y ya no le da vergüenza hacer causa común con la extrema izquierda. Y la derecha se ha vuelto cada vez más vergonzante, razón por la que El Tigre Abelardo de la Espriella mantiene la delantera a pesar de todos los esfuerzos de toda clase de antiabelardistas.La suerte está echada y ya no hay poder humano que haga que Paloma se ponga por encima en las encuestas. Lo que hay que hacer es bajar el nivel de escaramuzas entre palomistas y abelardistas y aceptar con nobleza la sugerencia de Clemencia Vargas, la hija de German Vargas Lleras de honrar la memoria de su padre sumando para ganarle la batalla a la dupla Petro-Cepeda.
Abelardo es el único que ha hecho la campaña sin complejos de derecha. Paloma no ha subido en las encuestas por sus complejos de derecha. Sergio Fajardo y Claudia López prácticamente desaparecieron por sus complejos de derecha. Y los que dicen que no apoyarían, ni por el chiras, a Abelardo en segunda vuelta desaparecerán por sus complejos de derecha.
Hasta ahora va cañando Santos que como buen tahúr ha jugado a todas las bandas. Aunque fue derrotado en la Consulta del Pacto Histórico donde apostaba vía Roy Barreras, aventura ahora por otra banda con Juan Fernando Cristo y por la tercera con el excanciller petrista Luis Gilberto Murillo, quienes ya no tienen ni siquiera complejos de izquierda y se fueron rastreramente a limpiarle las botas a Cepeda. Ahora el santismo mantiene sus esperanzas en que Paloma gane y que por vía de Mauricio Cárdenas, se pueda reencauchar.
Por eso es desde el santismo en todas sus manifestaciones que se escuchan las más furiosas voces contra El Tigre con la peregrina tesis de que De la Espriella no derrotaría a Cepeda en segunda vuelta. Quizás los complejos de derecha fueron los que sacaron del baile a María Fernanda Cabal en el Centro Democrático, lo cual hace sentido con lo que recientemente dice la excandidata uribista en cuanto a que Alvaro Uribe no es de derecha, sino que más bien se ubica por los lados de la socialdemocracia. Y por eso no resultaría para nada raro que María Fernanda termine como una de las mas aguerridas abelardistas.
Ella nunca ha tenido complejos de derecha y según las malas lenguas es por eso que José Obdulio Gaviria la ha castigado siempre. Hoy los demócratas deben superar ese complejo como pide la hija de Vargas Lleras y clama Mauricio Gaona desde los gritos de la democracia que retumban en la memoria de los magistrados inmolados en el Palacio de Justicia.
En todo caso este costeño fanfarrón, monteriano chisgarabís, como diría Alberto Casas Santamaría, de semblanza montañera con hablaito sabanero como dirían por el Ubérrimo, corroncho como diría Roberto Pombo Holguín, que se enfrenta con coraje a los mamertos, a los delincuentes de cuello blanco, a las bandas criminales y que ahora también le toca fajarse contra la gente bien, los divinamente, los de toda la vida, los de siempre, no sufre complejo de derecha. Aquella frase que inmortalizó el Secretario del Partido Comunista (M-L) de Portugal, Eduino Gómez Vilar, cuando asumió desde la izquierda la vanguardia de la lucha contra el socialimperialismo soviético a finales de los 70 cuando lo definió como socialista de palabra pero imperialista de hecho.
