Tyler Robinson, de 22 años, confesó haber matado a Charlie Kirk. Dejó una nota escrita anunciando sus intenciones. Su ADN apareció en el gatillo del rifle.
Le envió mensajes a su pareja — un hombre biológico en proceso de transición de género — diciendo que había «tenido suficiente del odio» de Kirk.
El gobernador de Utah lo describió como un radical de izquierda que se había alejado de su familia conservadora y se había radicalizado en internet.
El caso parecía cerrado. No lo está.
La Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos de Estados Unidos no pudo establecer que la bala recuperada en la autopsia de Kirk provenga del rifle atribuido a Robinson.
El dato fue revelado en documentos judiciales presentados el 31 de marzo ante un tribunal de Utah.La defensa usó ese resultado para pedir al juez Tony Graf aplazar seis meses la audiencia preliminar prevista para mayo.
Argumenta que necesita tiempo para analizar más de 600.000 archivos digitales, pruebas de ADN y los protocolos completos del análisis balístico, que dice no haber recibido en su totalidad.
La fiscalía respondió que tiene «amplia evidencia para demostrar, más allá de una duda razonable» la culpabilidad de Robinson.
Kirk fue asesinado el 10 de septiembre de 2025 en la Universidad del Valle de Utah, en Orem, con un disparo al cuello desde el techo de un edificio a 130 metros de distancia.
Robinson se entregó 33 horas después del crimen. Enfrenta pena de muerte. Aún no se ha declarado culpable ni inocente.
La grieta forense ha alimentado versiones que van más allá de Robinson. Joe Kent, exdirector del Centro Nacional Antiterrorista de Estados Unidos, afirmó que Israel podría haber estado detrás del asesinato.
El primer ministro Benjamin Netanyahu calificó esa versión de «demente». Ninguna hipótesis de autor intelectual ha sido respaldada por evidencia pública hasta ahora.
