Este viernes 26 de junio, Abelardo de la Espriella anunció a Rodrigo Lara Restrepo como su ministro del Interior. Es el primer integrante confirmado del gabinete que asumirá el 7 de agosto. La designación tiene un peso que va más allá de la necesidad de negociar en el Congreso.
Lara es hijo de Rodrigo Lara Bonilla, el ministro de Justicia asesinado en 1984 por orden directa de Pablo Escobar. Cuarenta y dos años después, su hijo llega a la misma cartera que, bajo el gobierno de Gustavo Petro, funcionó como canal de diálogo y acercamiento con estructuras armadas y narcotraficantes.
Mientras el gobierno saliente mantuvo pactos y transacciones con grupos que hoy controlan extensas zonas del país, el nuevo ministro representa la línea contraria: alguien cuya familia pagó con sangre el enfrentamiento frontal al narcotráfico.
Lara Restrepo, abogado con posgrados en Francia y trayectoria como exsenador, no llega solo por su habilidad política. Llega porque su historia personal cierra el ciclo de impunidad y complicidad que caracterizó al gobierno Petro con sectores del crimen organizado.
Es un mensaje directo: el Ministerio del Interior deja de ser el espacio de negociación con mafias y vuelve a ser instrumento del Estado contra ellas.
En un Congreso donde el Pacto Histórico conserva mayoría, Lara tendrá la tarea de construir mayorías para sacar adelante las reformas del gobierno de De la Espriella. Pero su nombramiento ya marca el tono del nuevo mandato: no habrá más alianzas con los herederos de quienes asesinaron a su padre.




