Por: TC (r) Gustavo Roa C
Abelardo ha entendido una regla básica de la política: quien va adelante en las encuestas no debe abandonar la ruta de las propuestas para responder a cada provocación de sus adversarios.
Con una ventaja significativa frente a su contendor, su estrategia ha sido concentrarse en presentar al país una visión de gobierno seria, estructurada y orientada a resolver los graves problemas que enfrenta Colombia. En contraste, desde otros sectores políticos se insiste en una campaña marcada por denuncias, señalamientos, rumores y ataques personales que poco aportan al debate democrático.
Los colombianos esperan conocer propuestas concretas sobre seguridad, economía, empleo, salud, educación y lucha contra la corrupción. Sin embargo, algunos actores políticos parecen más interesados en alimentar la confrontación permanente que en explicar cómo gobernarían el país.
Por esa razón, resulta acertado que Abelardo y su fórmula vicepresidencial, Juan Manuel Restrepo, hayan decidido no participar en el juego del “corre, ve y dile”, una práctica desgastada que suele generar más ruido que soluciones. La política moderna exige liderazgo, serenidad y capacidad para transmitir confianza, especialmente a los sectores indecisos y a los ciudadanos que analizan con mayor profundidad las propuestas de los candidatos.
La campaña de Abelardo ha proyectado una imagen de responsabilidad y mesura frente a una nación que atraviesa dificultades económicas, una creciente inseguridad, altos niveles de polarización y una preocupante pérdida de confianza institucional. Durante sus intervenciones públicas ha presentado planes y estrategias para recuperar la gobernabilidad, fortalecer la economía y devolver la confianza a los colombianos.
Los electores políticamente maduros difícilmente modifican sus convicciones por cadenas de rumores, campañas de desprestigio o acusaciones sin sustento. La experiencia demuestra que las estrategias basadas en la desinformación terminan perdiendo eficacia cuando los ciudadanos exigen argumentos, resultados y propuestas verificables.
A estas alturas de la contienda, la verdadera discusión debería centrarse en quién ofrece mejores soluciones para Colombia y no en quién produce el escándalo más llamativo del día. La calumnia puede generar titulares momentáneos, pero rara vez construye credibilidad.
Por eso, mientras algunos continúan apostándole al ruido, Abelardo parece haber optado por una estrategia distinta: hablarle al país con propuestas, mantener la serenidad y dejar que sean los ciudadanos quienes juzguen con su voto.
