Petro contra las cuerdas

Por: Fernando Alvarez

Las especulaciones sobre los resultados del encuentro entre los presidentes Gustavo Petro y Donald Trump son más emocionales que racionales. Son apuestas hechas desde las expectativas que cada quien tiene y desde los deseos reprimidos que petristas y antipetristas sufren. Hay algo de la idea conciliadora para que todo salga bien, pero poco y nada tiene que ver con lo que indica el análisis juicioso del comportamiento y trayectoria de ambos gobernantes. Más allá de que Petro considere a Trump un fascista y que este piense que Petro es un narcotraficante, la realidad es que fue una reunión negociadora en la que se hablaba en lenguaje cifrado. Aunque se veía aparentemente protocolaria reviste singular importancia porque se debían tratar con cierto respeto, pero sin dejar de poner las cosas claras y el chocolate espeso. El presidente norteamericano sabía que era una oportunidad para afrijolarlo y tenía claro que le iba a poner los puntos sobre las íes en vez de quitarle la i a lo ilegal o a lo ilícito como propone olímpicamente el mandatario colombiano.

Para el presidente Trump esos gritos libertarios e independentistas del presidente colombiano son solo una caricatura de los de Hugo Chávez, mal replicados por Nicolás Maduro y peor calcados por el nuevo aspirante a ser el líder mundial antiimperialista, Gustavo Petro. Trump sabe perfectamente que esas palabras necias se las lleva el viento y que lo que importa son las acciones respecto de lo que para su gobierno es un tema de seguridad nacional, la lucha frontal contra los carteles de la droga y las organizaciones narcoterroristas. Y por más que Petro hubiera preparado su memorial de agravios contra quien ve como el nuevo líder del fascismo para intentar revestir de dignidad su visita, luego de que tuvo que recular sobre sus rabietas en pleno centro de New York cuando osó invitar a los soldados yanquis a desobedecer a su presidente, tuvo que tragárselo ante la posibilidad de que Trump le dijera cuántos pares son tres moscas y le hubiera dicho en algún lenguaje Petro píntela como quiera.

Trump no le dijo narcotraficante, pero le mostró el tramojo. Le dijo suavemente al oído, pero con contundencia que sí Petro no fumiga los cultivos de coca lo hará él y que no se va a poner con vainas. Y que sí Petro no está dispuesto a acabar con las organizaciones narcoterroristas que no estorbe porque Trump no puede darle más largas a ese asunto ya que pone en riesgo su credibilidad y esta le ha salido muy cara como para ponerla en rifa por caprichos tercermundistas. Y antes de que Petro le dijera algo que justificara su perifoneo newyorkino o le hablara del genocidio de Gaza, Trump le dijo que le quería poner de presente que él ha sido el único presidente de Estados Unidos que ha logrado que Israel se retire de un territorio ocupado.

El presidente colombiano por su parte sabía que allá llegaba con el rabo entre las piernas y que tenía que decir tímidamente que su gobierno sí ha asestado golpes a los narcos y que ha incautado bastante cocaína pero que necesita más colaboración norteamericana para implementar la sustitución de cultivos. Petro se tuvo que enmochilar su pedido de libertad para Maduro porque Trump podría haberlo sorprendido con algunas de las conversaciones que ya ha tenido Maduro con la justicia gringa y eso lo podía dejar muy mal parado. Y el presidente estadounidense no desperdició la oportunidad para sugerirle que intentara no dañar las relaciones con Ecuador ya que era un gobierno amigo y aliado estratégico en la lucha contra el crimen organizado. Y en cuanto a Venezuela que más bien se quedara quieto porque allá se van a producir importantes cambios muy pronto y que no olvide que allí aún se refugian los narcoguerrilleros del ELN y de las FARC.

Pero como Petro no iba a ir a Washington a quedar como un ferragamo pronto se inventará algún performance que le permita mostrarse como el único líder mundial antiimperialista capaz de enfrentar al tirano personalmente. Y que preocupado por la vida en el planeta tierra, tuvo la idea de que hay que revindicar la capacidad de amar de Jesús, que amaba tanto al prójimo que fue precursor de la teoría binaria con Juan, o algo por el estilo que ponga a judíos y cristianos a hablar de la cuadratura del círculo. Para no quedar como que no se discutió con trascendencia el futuro climático Petro nos contará que le informó a Trump que los indios Wayuu hace rato siembran una planta que puede reemplazar el petróleo pero que les ha faltado un apoyo cuántico para desarrollar este emprendimiento, que tiene orígenes prehistóricos en el Africa profunda, cuando los Egipcios derrotaron a los Fenicios para demostrar que los fósiles no eran combustibles. Con lo cual tirios y troyanos se preguntarán si era una nueva elucubración intelectual o un nuevo estado de enajenación típico de Petro.

El caso es que Gustavo Petro regresará como si nada, pero de cara a las elecciones agitará nuevamente las banderas antiimperialistas y volverá a citar al libertador Simón Bolívar cuando visionariamente describió el papel ventajoso de los Estados Unidos en la historia de Latinoamérica, pero esta vez soltará otra perla con la lengua pegada. Bolívar tuvo que volverse dictador por que lo bloquearon las instituciones y por eso tendremos que volcarnos a buscar la constituyente para que podamos con la espada del libertador derrotar a los hombres de las leyes como lo hizo el héroe caraqueño contra Santander. Sí la naturaleza se opone lucharemos contra ella. Sí las armas no nos dieron la independencia frente a los gringos las leyes no nos darán la libertad, solo la constituyente, la voz del pueblo, nos puede dar la libertad y la independencia y si para eso nos toca como Bolívar, pues el pueblo diga sí quiere que yo sea su dictador, por amor a la santísima virgen, que además también está en discusión si María no cedió a las pretensiones carnales de José que era humano y tenia derecho a ser feliz.

Trump le dijo a Petro, palabras más palabras menos, que como le quedaba poco tiempo en el poder que recordara lo débiles que son las democracias cuando no se cuidan con rigor y que no se le ocurriera que se salieran del cause democrático las elecciones en Colombia porque eso sería un triunfo para los enemigos de Estados Unidos. No le dijo cual era su preferencia pero si le dijo que estaría atento para que no se abran paso las ideas de controlar autoritariamente el poder en Colombia. Petro le dijo que él podía ayudar a la recuperación de Venezuela pero Trump le dijo que mejor deje así. Y Petro le dijo al presidente norteamericano que espera que reconozca sus éxitos contra las drogas solo que él hace unas matemáticas que a Trump no lo convencen, por ejemplo, comparar el número de incautaciones con los gobiernos anteriores cuando lo que hay que comparar es el número de incautaciones versus el número de “corones” de los narcos y versus el número de áreas cultivadas.

En fin, la visita despejó los temores de algunos petristas en el sentido de que le iban a mostrar un indictment y lo iban a dejar de una vez para que le hiciera compañía a Maduro, pero la cordialidad mostró su rostro inteligente y se terminó en un sutil concepto de Trump interpretado como un hagámonos pasito y colabore que ya Cuba va a cambiar muy pronto y se puede ir quedando sin aliados en su lucha por cambiar el orden mundial. Coja juicio y póngase serio que si se pone las pilas podemos ayudarnos mucho mutuamente. Dios salve a América, dijo Trump. A las Américas, dijo Petro mientras soltaba un ja je semiahogado.

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