Por: Fernando Álvarez
Pocas veces en el periodismo existe un personaje que sea despedido de un medio de comunicación y que haya terminado por volver con bombos y platillos al mismo medio que lo despidió. Normalmente cuando alguien sale de una casa periodística es porque tiene serias contradicciones editoriales con la dirección del medio o con sus propietarios y es muy difícil que estas se reconcilien en tan cortos plazos. Pues esa la particular historia de Daniel Coronell que acaba de salir otra vez de Univisión y no son pocos los que auguran que muy pronto aterrizará nuevamente en Semana. Porque el cuestionado comunicador pareciera tener un suprapoder para arrodillar a los más duros empresarios del periodismo hasta el punto de que se da el lujo de que lo saquen por la puerta de atrás porque sabe que tarde o temprano regresa por la de adelante. Y como los Gilinski tienen tanto en juego y Coronell los tiene en la mira pueden pasar muchas cosas, sobre todo si Iván Cepeda tiene posibilidades de ser presidente.
Pero dónde está la ciencia para que Daniel Coronel, como se llamaba originalmente, tenga cierta patente de corso para cambiarse el apellido y volverse judio, se pueda dar el lujo de montar su noticiero NTC con dineros de la mafia gestionados por “El Bandi” Cesar Villegas, testaferro del Cartel de Cali y pueda iniciar sus andanzas empresariales en asocio con Pastor Perafán, reconocido narcotraficante extraditado a los Estados Unidos, quienes le permitieron obtener impunemente capital e infraestructura empresarial de esa mafia caleño-payanés sin que nadie chiste nada, o peor, que logre que todos se hagan los locos. No es fácil tocar este tema porque en el mundo periodístico existe una especie de temor reverencial, por decir lo menos, que hace que colegas y directores aunque sepan la verdad y vivan en carne propia los problemas que trae esta situación irregular no se atrevan a desafiar al periodista en cuestión porque en algunos casos se vuelve literalmente temor empresarial.
Este es uno de los casos que se normalizó por el cuento de mal de muchos. Germán Castro Caicedo con su finca en Pacho por cuenta de “El Mexicano”, Gonzalo Rodríguez Gacha y sus reportajes, Javier Ayala por sus repetidas visitas a los Rodriguez Orejuela a buscar inyecciones economicas para su Noticiero Nacional, o Yamid Amat que montó su noticiero con el dinero de Pepe Duber quien por el mismo delito de Hernán Botero, el primer extraditado que cumplió 25 años de cárcel en Estados Unidos por lavado de dinero, pagó una multa de 25 millones de dólares, en fin, mucha tela para cortar en esta materia. Razón por la que muchos colegas prefieren hacer mutis por el foro, con lo cual quien se atreva a hablar de eso quedará como obsesivo-compulsivo, uribista o resentido. Pero como los hechos son tozudos hay que volverlos a traer a colación a riesgo de ser descalificado, calumniado o vilipendidado.
Ha sido mucho lo que ha estado en juego para que ciertos empresarios quieran quedar en el objetivo de quien para muchos es el mejor periodista de Colombia pero que para muchos otros es el mayor calumniador del pais. Esta paradójica condición tiene a su vez sendas explicaciones. La más fácil es decir que era tan bueno que tocaba volverlo a llamar, la cual se la comprarán simplistamente sus seguidores que van desde lo más granado de los mamertos hasta lo más selecto de los antiuribistas. Y la verdad no es fácil coger ese trompo en la uña. Por eso hay que repetir lo que en algunos medios se ha publicado en el sentido que Coronell dice muchas verdades pero tambien muchas mentiras y que la mayoria de sus escritos e investigaciones son deducciones silogísticas a partir de premisas falsas mezcladas con datos ciertos.
El hecho cierto es que ningun medio ha explicado el retorno de Coronell como si se tratara de una reflexion autocritica o la reconsideracion de un error en la politica editorial. Y la sensacion que queda en el ambiente es que el poder extorsivo de la víctima supera la rabieta del victimario. “Eso es que algo le sabe” decían las malas lenguas cuando Felipe López lo echó de Semana y luego lo reintegró, y palabras más palabres menos se decía respecto a los dueños de Televisa cuando lo retiraron de Univisión y luego lo reincorporaron. Porque no son pocos los ejemplos que han tenido personas que fueron al noticiero a denunciar algo y lo que encontraron después fue que en lugar de la nota periodística se toparon con una pauta del denunciado.
Pero la fácil para no complicarse es recurrir a especies como la resiliencia profesional, el peso del prestigio y la credibilidad, la incomodidad que genera el periodismo crítico o incluso la memoria corta de los medios frente a su desbordado talento. Si embargo, quienes conocen de cerca a Coronell y han seguido su trayectoria se lanzan a hipótesis un poco menos convencionales. Para ellos alguien que se atreve a buscar los dineros y el poder mediático de la mafia para luego incluso hacerles conejo tiene muchos alcances. Muchos recuerdan que su capacidad de denuncia es selectiva y que presidente que le dé contratos obtiene mejores tratos.
Y sus armas de largo alcance no es que sean muy ocultas. Por ejemplo ha sido el aliado principal de Iván Cepeda en su cruzada por meter preso al expresidente Alvaro Uribe Vélez a partir de falsos testimonios de convictos mercaderes de fábulas o historietas revanchistas. Como el que más ha dado bombo y coadyuvado los falsos testimonios que han mantenido a Uribe empapelado con la justicia colombiana y no ahorra esfuerzos incluso para intentar seguir su campaña contra los demás miembros de su familia, ya sea su hermano Santiago o sus hijos Tomás y Jerónimo. Y no es menos cierto que casi nadie se come el cuento de que lo han sacado por lo que dice él mismo, que porque Semana no quiso revelar una informacion sobre las fuerzas militares o algo así, porque si fuera cierto tampoco habría regresado como si nada.
Ahora vendrá un nuevo capítulo periodístico de Coronell, sobre todo porque políticamente está jugado contra Abelardo de la Espriella y contra María Fernanda Cabal, a quienes ve como los dignos sucesores de las ideas de Alvaro Uribe, su enemigo a muerte. Y con su lógica sologísitica serán sus enemigos a muerte. Y no tiene problema en repetir la historia que tuvo con Gustavo Petro para apoyar a Iván Cepeda con tal de que no gane el que diga Uribe. Y si para eso tiene que salir de la W radio para luego volver lo hará porque no hay casi ningún periodista que maneje tan bien el periodismo como arma política. Ya llevaron a Iván Cepeda a los Danieles y más o menos a hacer lo mismo que hizo Maria Claudia Lacouture con un gremio de empresarios en el Nogal, a dorarle la pildora por si acaso queda presidente porque aquí no se piensa en país, se piensa en negocios.
Por el momento habría que volver a formular unas preguntas que aún no han tenido respuesta satisfactoria. ¿Qué temor tiene Pastor Perafán para que no salga a contar la verdad de la relación con Coronell, la mediación de los periodistas Juan Guillermo Ríos y Edgar Artunduaga en ese episodio y en qué consistió realmente el apoyo que le brindó a NTC, o a cambio de qué? ¿Por qué César Villegas decía a varios de los que lo visitaban cuando cayó en desgracia con el 8.000 que Coronell le había tumbado el dinero que puso en NTC? ¿Qué otras personas de alta alcurnia participaron en estas negociaciones clandestinas y quiénes aparecían como accionistas con dinero también aportado por “El Bandi” Villegas? ¿Qué miedo tienen David Cañon y su hermano Marco Antonio quienes inicialmente estaban dispuestos a contar todo lo que saben sobre las negociaciones de Perafán con Coronell y sus encuentros en el Chinauta Resorts? Porque en todo caso nunca se sabrá a ciencia cierta por qué lo echaron de los medios y menos por qué lo reintegraron.
