El expresidente Alvaro Uribe Vélez se anotó un nuevo hit con la elección de Honorio Henríquez como presidente del Senado para iniciar la era de El Tigre. De esta manera el Centro Democrático demostró estar más vivo que nunca y que Uribe sigue siendo el rey de la derecha en el parlamento. Además, quedó más que claro que la experiencia no se improvisa y que en mecánica legislativa a los seguidores de Abelardo de la Espriella les queda buen camino por recorrer. El presidente electo propuso a su amigo y coequipero en campaña Alfredo De Luque, pero esta idea tenía dos fuertes debilidades, que no era del partido mayoritario de los que se declararon de gobierno y que De Luque cargaba con un INRI por haber soportado en el senado las andanzas de Gustavo Petro.
Y como lo plasmó para la historia el filosofo Roy Barreras, la política es dinámica. El candidato del presidente electo Abelardo de la Espriella venía de ser una especie de esquirol cuando se sumó al proceso de paz del entonces presidente Juan Manuel Santos contra la voluntad del pueblo que se manifestó en el plebiscito por el NO y en contra del expresidente Alvaro Uribe y de su partido, el Centro Democrático, que tuvieron que ver como por medio del fast track se le torció el pescuezo a la historia. Y para rematar el desafío al uribismo pura sangre, al que ha pertenecido orgulloso El Tigre Abelardo, De Luque fue de esos lentejos que se acomodaron con la agenda legislativa del archienemigo de Uribe, el izquierdista presidente Petro.
En ese dinamismo de la política sucedieron dos cosas a juzgar por las matemáticas electorales. Una que el Pacto Histórico votó en pleno por el candidato del Centro Democrático, algo impensable hasta hace unos días cuando Iván Cepeda, el heredero de Petro llamaba a la desobediencia civil y Petro aseguraba de nuevo que había existido fraude en las elecciones que dieron el triunfo a Abelardo De la Espriella. Pero algo aún más raro, que horas antes Gustavo Petro había jurado que su partido no votaría por los candidatos del fascismo, y como para él son fascistas tanto Uribe como El Tigre pues deberían haber salido 26 votos en blanco y solo hubo uno. 56 por Henríquez, 45 por De Luque y 1 en blanco, que la fija fue el de Iván Cepeda.
Lo que queda por aprender es que no hay enemigo pequeño y que por arrugado que se encuentre Uribe luego de que El Tigre también le derrotara su candidata, Paloma Valencia, el expresidente marcará la agenda legislativa por lo menos el primer año de El Tigre. Ya mostró que sabe contar lo que tiene y que sabe sumar, así tenga que recurrir a la versión moderna de la operación avispa. Así se ponga a prueba su garra estratégica. Y como no hay mal que por bien no venga, que Uribe haya sacado su aguijón de abeja le servirá a De la Espriella, para legislar en la era de El Tigre porque en las primeras de cambio en el Congreso se necesitará un tigre, así sea en la sombra. Uribe tiene con qué y hará valer su peso tanto en el legislativo como en el ejecutivo.
El presidente Abelardo de la Espriella y el expresidente Alvaro Uribe finalmente le ganaron la partida a la izquierda y tienen mucho cuaderno por adelantar. Se tomarán muy pronto un cafecito en Barranquilla y será un encuentro de unidad y lucha. No es necesario sugerir que sea con las cartas sobre la mesa porque ambos son frenteros y se respetan mutuamente. Pero los fanáticos uribistas que piensan que Abelardo debe subordinarse no se han enterado que El Tigre no es de papel. Y los neofanáticos abelardistas tienen que reconocer que el principal aliado para la gobernabilidad de Abelardo es Uribe. Los sueños de algunos que lo quieren mandar a descansar o a que haga uso de su buen retiro serán por ahora ilusiones. Hay Uribe para otro rato.
Abelardo se empoderó de las banderas uribistas que llevan más de dos décadas enfrentando la culebra del progresismo, del castrochavismo, del comunismo o del Socialismo del Siglo XXI, cualquiera que sea su presentación. Espectro ideológico que en nuestro país por desgracia se confunde y se refunde fácilmente con la delincuencia organizada, llámense FARC, ELN, discidencias, Nueva Marquetalia. Hoy está claro que son el enemigo principal de Colombia y que sus aliados, sean el Clan del Golfo, Los Urabenos, El Tren de Aragua o los carteles mejicanos son los objetivos de Uribe y de Abelardo. Ambos tienen un objetivo común, destripar la narrativa mamerta, aplastar el populismo petrista y restaurar los valores democráticos.
No es tiempo de intentar ahondar heridas, es hora de curarlas y no perder el rumbo. Minuto que se desgasten en pequeñeces serán oro para el petrismo y su idea de hacer ingobernable el país. La principal lección que deja esta elección de mesas directivas del Senado es que Uribe y De la Espriella se necesitan ahora más que nunca. Atrás deben quedar las quejas por los desafueros de sus seguidores en la campaña pasada. Ambos fueron víctimas de su propio invento al darle rienda suelta a sus fanaticadas. Pero los dos tienen claro que la única forma de restablecer el rumbo democrático para poder ejercer la vocación social del poder es haciendo causa común. No es sino mirar las chivas de las mingas indígenas en la carretera para identificar el verdadero peligro.
Que no se asusten los uribistas porque El Tigre quiera formar su propio partido. Eso es legítimo, pero no esa no es su tarea del momento. Que tampoco se dejen pedalear por quienes utilizan todas las formas de intriga para dividirlos. Nadie se imagina a Abelardo con ganas de rugirle al Centro Democrático o que en sus planes esté acabar con su aliado natural. Los partidos salen adelante si son coherentes y entran en decadencia si son oportunistas. No se necesita mucha mano externa para diseñar su destino. Basta mirar la suerte de los partidos liberal y conservador que sobreviven hoy por maniobras en medio de la vergüenza por su accionar político. Los dos tigres deben recrear la imagen de los dos burros que tiran la cuerda cada uno para el pasto de su lado hasta concluir que es mejor ir juntos para un lado y luego para el otro, sin la cuerda tensa.
