De la “Paz Total” a los resultados:¿qué es lo que realmente les duele?

Por: Lina Peña

Petro y sus senadores condenan la exhibición de cadáveres, pero Colombia debería preguntarles dónde estuvo esa misma indignación cuando aumentaron el secuestro, la extorsión y la violencia. Criticar la forma es legítimo; ignorar los resultados del fracaso de la “Paz Total”, no.

¿Petro y sus senadores están de luto?

Porque al leer sus reacciones frente a los recientes operativos de la Fuerza Pública pareciera que lo que realmente les incomoda no es la muerte de los criminales, sino que el Gobierno de Abelardo de la Espriella esté demostrando, en pocas semanas, que sí se puede ir detrás de quienes durante años han aterrorizado a los colombianos.

Petro escribió: “Esto se llama hacer de la muerte un trofeo, solo gente sin alma pueden hacer esto”.

Iván Cepeda, por su parte, afirmó: “Se pasea entre las bolsas con los cadáveres. Casi los pisa con desprecio”.

Y Mafe Carrascal, aunque reconoce que la caída de Bendito Menor es “un alivio para el Caribe”, calificó de “absolutamente innecesario” exhibir los cadáveres.

Una cosa debe quedar clara: respetar la dignidad de los muertos no está en discusión. Pero tampoco puede convertirse la indignación por unas imágenes en una cortina de humo para olvidar a las miles de víctimas que dejó la violencia durante los últimos cuatro años.

Porque Petro tuvo cuatro años.

Cuatro años para demostrar que su fórmula funcionaba.

Y no funcionó.

La llamada Paz Total prometió desescalar la violencia. Sin embargo, la Fundación Ideas para la Paz concluyó que las violencias no disminuyeron y que los grupos armados llegaron a 28.802 integrantes en julio de 2026, un aumento del 90 % frente a diciembre de 2022.

Un estudio de investigadores de la Universidad de los Andes encontró que los ceses al fuego no redujeron homicidios, masacres ni atentados terroristas, mientras coincidieron con aumentos de extorsión, amenazas, reclutamiento forzado de menores y gobernanza criminal en los municipios analizados.

La Paz Total no fue paz: fue una pausa para que los criminales se reorganizaran.

Mientras el Gobierno negociaba con el ELN, el Clan del Golfo, las disidencias de las FARC y otras estructuras, Colombia siguió padeciendo secuestros, extorsiones, desplazamientos, reclutamiento de menores y masacres. La propia FIP concluyó que buena parte de los acuerdos quedaron en el papel y que las violencias no se desescalaron.

Ahora el país tiene un Gobierno que decidió cambiar la fórmula: menos mesas interminables y más acción de la Fuerza Pública.

Y los resultados empezaron a aparecer.

Entonces surge la pregunta que Petro, Cepeda y los demás deberían responder: ¿qué es exactamente lo que están rechazando?

¿La exhibición de los cadáveres? Esa discusión puede y debe darse.

¿O están rechazando que los cabecillas criminales estén cayendo?

Porque resulta curioso que quienes hoy hablan de humanidad y dignidad frente a los cuerpos de los delincuentes no hayan mostrado la misma indignación frente a las víctimas que dejaron sus organizaciones.

Petro tuvo cuatro años para demostrar que su fórmula funcionaba. No lo hizo.

Ahora, cuando en pocas semanas aparecen resultados operacionales contra estructuras criminales, la izquierda descubre una preocupación por la dignidad de los muertos que no mostró con igual intensidad frente a las víctimas vivas del secuestro, la extorsión, el desplazamiento y las masacres.

Y aquí está la verdadera diferencia:

Petro negoció con los criminales para buscar la paz. Abelardo los está buscando para derrotarlos.

Colombia ya tuvo cuatro años para experimentar una fórmula.

El resultado está a la vista.

Por eso la pregunta no es si debemos respetar a los muertos. Por supuesto que sí.

La pregunta es otra:

¿Será que algunos están indignados por los cadáveres… o simplemente porque esta vez los criminales sí están cayendo?

Lina María Peña
@linnammaria

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