Por Lina María Peña
@linnammaria
Hubo una frase que muchos celebraron en su momento y que hoy envejeció peor que la política de las medias tintas. José Obdulio Gaviria escribió, con evidente desdén hacia María Fernanda Cabal, que «sin ella, Uribe gana». La presentó como un obstáculo, como el problema, como la dirigente que debía salir para que el partido recuperara su rumbo.
Pues bien, el tiempo respondió.
Sin María Fernanda Cabal, el Centro Democrático no encontró la unidad prometida ni fortaleció su identidad. Por el contrario, terminó atrapado en una discusión sobre qué significa ser de derecha, mientras su discurso se desdibujaba y sus dirigentes buscaban acomodarse en posiciones cada vez más grises.
Paradójicamente, quienes fueron presentados como la esperanza para el partido terminaron conduciéndolo a su mayor crisis de identidad. Las recientes posiciones políticas defendidas por Paloma Valencia reabrieron un debate que muchos militantes no esperaban tener: si el Centro Democrático seguía representando la doctrina que le dio origen o si había decidido transitar hacia una derecha cada vez más moderada. Ese giro terminó alejando a una parte importante de sus bases.
María Fernanda Cabal nunca escondió quién era. Nunca cambió de discurso para agradar auditorios distintos. Mientras otros calibraban cada palabra para no incomodar, ella defendía, con aciertos o desaciertos, las mismas banderas: seguridad, autoridad, libre empresa, propiedad privada y oposición frontal al socialismo.
Por eso, quizá el problema nunca fue Cabal.
El problema era que Cabal ya no cabía dentro de un partido que empezaba a sentirse incómodo con la derecha que decía representar.
Cuando una organización política termina expulsando, directa o indirectamente, a quien encarna con mayor claridad sus principios fundacionales, deja de ser reconocible para sus propios electores.
Hoy María Fernanda Cabal decidió emprender otro camino. Y esa decisión no solo marca una ruptura personal; también simboliza el nacimiento de un nuevo espacio político para quienes consideran que la derecha colombiana perdió su voz dentro del Centro Democrático.
Entonces José Obdulio, el tiempo le demostró que quienes realmente acabaron con las bases fundacionales del partido fueron quienes lo fundaron.
Sin Cabal, el Centro Democrático llegó a su final como referente indiscutible de la derecha colombiana.
Porque los partidos sobreviven mientras conservan su identidad. Cuando la abandonan, conservan el nombre, pero pierden el alma.
