Por: El Expediente | Análisis de documentos públicos del Departamento de Justicia de Estados Unidos
Los archivos desclasificados del Departamento de Justicia de Estados Unidos, publicados en enero de 2026 bajo la Epstein Files Transparency Act, no dejan lugar a la especulación: Jeffrey Epstein no operó solo. Detrás del financiero y traficante sexual convicto existía una red de poder que cruzó fronteras, instituciones y servicios de inteligencia. Los documentos señalan vínculos concretos, con nombres y fechas verificables, entre Epstein y el Mossad, el servicio de inteligencia exterior del Estado de Israel.
En 2008, Jeffrey Epstein, financiero multimillonario, traficante sexual de menores y operador de una de las redes de poder más opacas del mundo contemporáneo. llegó a un acuerdo judicial en Florida que dejó atónita a la comunidad legal estadounidense.
A pesar de la magnitud de sus crímenes documentados, la fiscalía federal aceptó cargos menores: solicitar servicios de prostitución a una menor. Dieciocho meses de prisión en una instalación del condado, con permiso para salir a trabajar durante el día. El acuerdo fue aprobado por Alex Acosta, entonces fiscal federal del Distrito Sur de Florida.
Años después, Acosta reveló ante funcionarios de la Casa Blanca la razón de ese trato: le habían dicho que Epstein «pertenecía a la inteligencia» y que debía «dejarlo en paz.» Los documentos del FBI corroboran esa versión: el informante encubierto de la agencia recordó que el abogado de Epstein, Alan Dershowitz, le dijo directamente a Acosta que «Epstein pertenecía tanto a los servicios de inteligencia estadounidenses como a los aliados.»
Un memorando desclasificado del FBI, fechado el 16 de octubre de 2020 y producido por la oficina de campo de Los Ángeles, fue redactado en el marco de una investigación sobre «influencia doméstica o extranjera impropia sobre el proceso electoral de Estados Unidos.»
El documento forma parte de los 3,5 millones de páginas publicadas bajo la Epstein Files Transparency Act firmada por el presidente Trump en noviembre de 2025, y contiene las revelaciones más explosivas que hasta ahora han emergido sobre los vínculos de Epstein con la inteligencia israelí.
Según el memorando, la fuente confidencial compartía con el FBI notas tomadas durante llamadas telefónicas entre Dershowitz y Epstein.
Esas notas eran luego entregadas al Mossad, el servicio de inteligencia exterior israelí, que llamaba a Dershowitz para hacer el debriefing. La fuente llegó a la convicción de que «Epstein era un agente cooptado del Mossad» y que había sido «entrenado como espía» bajo la dirección del ex primer ministro israelí Ehud Barak, quien también fue jefe de inteligencia militar en etapas anteriores de su carrera. El memorando va más lejos aún: afirma que el propio Dershowitz «había sido cooptado por el Mossad y suscribía su misión.»
El ex primer ministro israelí Ehud Barak es el nombre que aparece con mayor frecuencia y con mayor densidad documental en los archivos vinculados a la hipótesis de inteligencia. Barak visitó la mansión de Epstein en Nueva York más de 30 veces entre 2013 y 2017, según los registros de visitas incluidos en los archivos.
La relación entre ambos se extendió por más de una década y los correos electrónicos recuperados revelan su naturaleza con una precisión desconcertante.
En uno de los intercambios, Epstein le escribió a Barak: «deberías dejar claro que yo no trabajo para el Mossad.» Barak respondió: «¿Tú o yo?» Epstein cerró: «que yo no.»
El tono jocoso no ha impedido que analistas e investigadores lean el intercambio como una admisión velada de una relación que ambos reconocían pero no podían nombrar directamente.
Los archivos también documentan que Epstein asesoró a Barak sobre la empresa tecnológica Palantir, le pidió que le consiguiera un cargo a Peter Mandelson en una empresa de energía israelí, y discutió con él los «masivos» honorarios de consultoría que debían pagársele al ex primer ministro británico Tony Blair. No era una amistad social. Era una operación.
La conexión de Epstein con la inteligencia israelí no comenzó con él. Tiene antecedentes que se remontan a la generación anterior, a través de la familia de su socia más cercana, Ghislaine Maxwell.
Robert Maxwell, magnate de la prensa británica y padre de Ghislaine, fue ampliamente señalado como agente del Mossad durante décadas. Tras su muerte en circunstancias nunca esclarecidas en 1991 —cayó de su yate en el Atlántico—, su cuerpo fue sepultado en el Monte de los Olivos de Jerusalén, cementerio reservado a los servidores de élite del Estado de Israel.
Un correo electrónico de Epstein de 2018, recuperado de los archivos, revela que el propio financiero sospechaba que el Mossad había estado detrás de esa muerte: describía cómo Maxwell había amenazado al servicio de inteligencia israelí con revelar todo lo que había hecho para ellos si no recibía 400 millones de libras para salvar su imperio en quiebra. Semanas después, Maxwell murió. El hilo que conecta a Robert Maxwell con Ghislaine, y a Ghislaine con Epstein, no es solo familiar. Es operacional.
El mismo memorando del FBI que documenta los vínculos de Epstein con el Mossad contiene una afirmación de igual peso político: «Trump ha sido comprometido por Israel. Y Kushner es el verdadero cerebro detrás de su organización y su presidencia.»
El documento señala además la influencia de la secta ultraortodoxa Chabad-Lubavitch, describiendo sus esfuerzos por cooptar la presidencia de Trump durante su primer mandato, e identificando a Jared Kushner como un apoyo central de esa red.
Netanyahu publicó en X un mensaje desmintiendo pero que pocos encontraron convincente: «La relación inusualmente cercana de Jeffrey Epstein con Ehud Barak no sugiere que Epstein trabajara para Israel. Prueba lo contrario.» La declaración fue leída por analistas como una maniobra política contra Barak, su adversario de largo aliento, más que como una negación sustantiva.
Los correos electrónicos de Epstein recuperados de los archivos del DOJ revelan también la cosmovisión con la que el financiero operaba. En un mensaje de 2009 al psicólogo Roger Schank escribió: «Así es como el judío gana dinero… dejemos que los goyim se ocupen del mundo real.»
En agosto de 2010, al organizar una cena y discutir la lista de invitados con la publicista Peggy Siegal, quien le preguntó si iba a ser una «noche 100% judía», Epstein respondió: «No, goyim en abundancia: ejecutivos de JPMorgan, WASPs brillantes.»
Los correos no son anécdotas aisladas. Son la evidencia de una visión del mundo en la que la distinción entre un grupo y otro era operativa, no meramente cultural.
Desde la publicación de los archivos, no ha habido ningún arresto nuevo en Estados Unidos. Las revelaciones han generado renuncias y consecuencias reputacionales para algunas figuras de alto rango, pero el aparato judicial estadounidense no ha actuado.
El contraste con Europa es elocuente: en el Reino Unido, el príncipe Andrés y el ex embajador Peter Mandelson fueron arrestados bajo sospecha de conducta indebida en el ejercicio de sus funciones públicas.
El 2 de abril de 2026, el presidente Trump despidió a la fiscal general Pam Bondi en medio de críticas bipartidistas por su manejo de los archivos de Epstein.
La funcionaria encargada de garantizar la transparencia fue removida justo cuando el Congreso la citaba a declarar bajo juramento. Los documentos establecen que Epstein no operó como un depredador solitario. Operó dentro de un ecosistema protegido donde la inteligencia, el dinero y el poder político se superpusieron durante décadas.
La dimensión política y militar de la red Epstein tiene, sin embargo, un sustento económico igualmente documentado.
Ninguna operación de inteligencia funciona sin financiamiento, y los archivos del DOJ revelan con precisión quirúrgica quiénes aportaron ese sustento.Ariane de Rothschild, directora ejecutiva del Grupo Edmond de Rothschild —una de las firmas de gestión de patrimonio más poderosas de Europa— mantuvo más de una docena de reuniones con Epstein según los calendarios privados recuperados por el Departamento de Justicia.
Los documentos revelan que ambos negociaron contratos multimillonarios, que Epstein le pidió ayuda para encontrar una nueva asistente personal y que fue él quien conectó a De Rothschild con Kathryn Ruemmler, ex asesora jurídica de la Casa Blanca durante la administración Obama y entonces ejecutiva de Goldman Sachs. La firma Rothschild había negado públicamente esa relación.
Los documentos desclasificados la desmintieron.Leslie Wexner, fundador de L Brands, fue durante años el principal mentor y cliente financiero de Epstein, transfiriéndole el control de activos por valor de cientos de millones de dólares.
Leon Black, cofundador de Apollo Global Management, pagó 158 millones de dólares a Epstein en honorarios de asesoría entre 2012 y 2017, años después de su condena por delitos sexuales, y renunció a la presidencia de Apollo en 2021 cuando esa cifra salió a la luz. Howard Lutnick, hoy Secretario de Comercio del gobierno Trump, figura en los registros de vuelo y listas de contactos de Epstein, y compareció ante el Congreso en marzo de 2026 para responder por esa relación.
La pregunta que los 3,5 millones de páginas publicadas no responden es la misma que la impunidad ha callado desde 2008: ¿quién lo protegió, a cambio de qué, y por cuánto tiempo más seguirá sin nombre?




