Por: El Expediente
Colombia podría enfrentar, en el primer y segundo trimestre de 2027, algo que el país no vive desde hace más de tres décadas: un apagón nacional. Así lo advierte el Libro de la Verdad, el informe que el gobierno de Abelardo de la Espriella presentó tras el proceso de empalme con la administración saliente de Gustavo Petro, que documenta un déficit de energía firme del 4,4% heredado del gobierno anterior, en un momento en que el país se prepara, además, para enfrentar un fenómeno de El Niño que los expertos climáticos anticipan como potencialmente el más severo jamás registrado.
Un déficit que coincide con el peor escenario climático posible
Según cifras de XM, el operador del sistema eléctrico interconectado colombiano, el país enfrenta un déficit de energía firme del 4,4% y un riesgo real de déficit de potencia para el periodo 2026-2027. El momento no podría ser peor: se prevé la llegada de El Niño con una probabilidad del 100% entre junio y agosto, y con un 81% de probabilidad de que sea un fenómeno muy fuerte entre octubre y diciembre, lo que podría convertirlo en el episodio de El Niño más severo del que se tenga registro en el país.
El fenómeno de El Niño reduce drásticamente los niveles de los embalses que generan la mayor parte de la energía eléctrica colombiana, obligando al sistema a depender más de las plantas térmicas como respaldo. El problema es que, según documenta el Libro de la Verdad, ese respaldo tampoco está garantizado en las condiciones necesarias.
Los proyectos que debían entrar en operación y no llegaron
De los 4.475 megavatios de nueva capacidad de generación que se esperaban para 2026, solamente entró en operación el 15,5%. El resto sigue represado, en gran parte porque el 60% de los proyectos de transmisión eléctrica necesarios para conectar esa nueva generación al sistema nacional está atrasado. Sin las líneas de transmisión, la energía generada, aunque exista, no puede llegar a donde se necesita.
A esa capacidad que no llegó a tiempo se suma una capacidad que sí existía pero que estará fuera de servicio en el peor momento posible: las centrales de Guavio, con 1.260 megavatios, y Chivor, con 500 megavatios, tienen programado mantenimiento, reduciendo aún más el margen de reserva del sistema justo cuando más se necesita. Mientras tanto, la demanda de energía en Colombia sigue creciendo a un ritmo del 8,8% anual, una tasa que exige que la oferta crezca al menos al mismo ritmo para no generar tensión en el sistema.
Esa tensión ya se está materializando. Entre abril y julio de 2026 se registraron 216 desconexiones por sobrecarga en el sistema eléctrico nacional, según documenta el informe: una señal de alerta que, de acuerdo con el Libro de la Verdad, anticipa lo que podría ocurrir a mayor escala si el fenómeno de El Niño llega con la intensidad que pronostican los modelos climáticos.
Lo que está en juego: 3 billones de pesos al mes
Las plantas térmicas son, en este escenario, la última línea de defensa del sistema: se espera que generen más de 100 gigavatios-hora al día durante todo el verano para compensar la caída en la generación hidroeléctrica. Pero esas plantas, advierte el informe, necesitan contar con los recursos y el flujo de caja necesarios para operar sin restricciones justo en el momento en que más se necesitan, una condición que el Libro de la Verdad no da por garantizada.
El costo de que este riesgo se materialice no es abstracto: según las proyecciones citadas en el documento, un apagón de esta magnitud podría destruir cerca del 2% del PIB colombiano en un periodo de un año, es decir, aproximadamente 3 billones de pesos mensuales en pérdida de actividad económica, sin contar el impacto directo sobre la vida cotidiana de millones de hogares y empresas que dependen del suministro eléctrico para funcionar.
Una herencia que el nuevo gobierno no puede resolver de un día para otro
A diferencia de otros hallazgos del Libro de la Verdad relacionados con contratos puntuales que se pueden suspender o anular, el déficit energético que documenta este caso es un problema estructural, acumulado durante años de retrasos en proyectos de generación y transmisión, que no se resuelve con una resolución administrativa ni con una investigación disciplinaria. Construir una línea de transmisión o poner en marcha una nueva planta de generación toma años, no meses. Eso deja al gobierno de Abelardo de la Espriella ante un escenario de altísima exigencia: gestionar, con el margen de maniobra más estrecho posible, un sistema eléctrico que llega al verano de 2027 sin el colchón de seguridad que debería tener, justo cuando el clima amenaza con ser más severo que nunca.
