Por: El Expediente
Hay decisiones que, por su propia naturaleza, no deberían tomarse contra reloj, y la asignación de $900.000 millones en regalías destinadas a ciencia, tecnología e innovación es, sin discusión posible, una de ellas. Se trata de dinero que en teoría debe financiar investigación, formación de capital humano avanzado e infraestructura científica en todo el país, distribuido a través del Órgano Colegiado de Administración y Decisión (OCAD) de Ciencia, Tecnología e Innovación, el cuerpo colegiado que reúne a representantes del gobierno nacional, las regiones y la academia para decidir, con criterios técnicos, qué proyectos merecen financiación y cuáles no.
Lo que el Equipo Élite Anticorrupción encontró al revisar la agenda de ese órgano, durante el proceso de empalme documentado en el Libro de la Verdad, fue una sesión programada para definir el destino de esos $900.000 millones apenas un día antes de la posesión presidencial de Abelardo de la Espriella. No una semana antes, ni un mes antes: un día. El tipo de calendario que, en cualquier ejercicio de buen gobierno, debería levantar sospechas antes incluso de mirar el contenido de lo que se pretendía decidir.
La Procuraduría General de la Nación no esperó a que la sesión se celebrara para intervenir. Ante la señal de alerta, la sesión terminó realizándose sin el quórum necesario para adoptar decisiones válidas —un desenlace que, en la práctica, funcionó como un freno de emergencia impuesto desde fuera, no como un ejercicio de prudencia nacido dentro del propio órgano encargado de administrar ese dinero—. El episodio deja una pregunta incómoda flotando sobre casi mil millones de dólares en recursos científicos del país: si la sesión se hubiera celebrado con normalidad, sin la intervención oportuna de un ente de control externo, ¿bajo qué grado de escrutinio real se habrían repartido $900.000 millones destinados, en teoría, a construir el futuro científico de Colombia? La ciencia colombiana, que durante años ha reclamado más recursos y menos improvisación, terminó siendo, en este episodio puntual, protagonista involuntaria de exactamente el tipo de improvisación de última hora que menos necesita
