La candidata del Centro Democrático Paloma Valencia invitó al excandidato Sergio Fajardo a un café con una intención clara: sumar su 3.8% de intención de voto a una campaña que marca 13.9% en la más reciente encuesta de Atlas Intel para Semana.
Fajardo aceptó pero puso las condiciones: él eligió el sitio, la hora y exigió que la reunión fuera transmitida en vivo. Duró poco más de 30 minutos. El excandidato utilizó el espacio para hablar de su trayectoria, su legado en Medellín y Antioquia y su autoproclamada superioridad moral. Invitó a votar por él.
Valencia le pidió que reconsiderara su decisión de no apoyarla. Fajardo cerró las puertas.El resultado práctico es matemático. A nueve días de la primera vuelta, el 3.8% de Fajardo no se suma a la oposición. En segunda vuelta ese voto tiene un destino probable: Iván Cepeda, el candidato del Pacto Histórico que Fajardo ha señalado como el menos malo de los males que él percibe en esta elección.
Fajardo ha insultado públicamente a Abelardo De La Espriella — el candidato que según todas las encuestadoras pasará a segunda vuelta — a pesar de afirmar que nunca ha irrespetado a nadie.
Fajardo aprovechó además para atacar directamente a Valencia. Le enrostró sus alianzas con la clase política tradicional. La ironía es que Fajardo llegó a esa reunión a pedir que se respetara su independencia mientras utilizaba el espacio que Valencia le ofreció para golpearla. Ella lo invitó a sumar. Él llegó a restarle.
El episodio del café deja a Paloma Valencia en una posición más débil de la que ya tenía. Sus votos terminarán con Abelardo en segunda vuelta de forma casi automática, pero sin ninguna carta de negociación.
Ella, su fórmula vicepresidencial Juan Daniel Oviedo y varios de sus aliados de origen santista han atacado públicamente a De La Espriella en las últimas semanas. Ese historial cierra las puertas a cualquier participación en un eventual gobierno del candidato que puede derrotar a Cepeda.
